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La Mutilación Genital Femenina. El castigo por ser mujer

Por Inés Romero Parra

El verano pasado los medios se hacían eco de una muy positiva noticia venida desde Nigeria: este país penalizaba legalmente, entre otras prácticas extendidas en su territorio, la ablación de niñas y mujeres. Más tarde, en el pasado mes de noviembre, el presidente de Gambia, Yahya Jammeh, hacía esa misma prohibición en su país. A pesar de que Nigeria y Gambia no han sido pioneros en su entorno a la hora de poner trabas a esta situación, el que este hecho se produzca allí posee una gran relevancia, especialmente en el caso de Nigeria, dado el enorme tamaño poblacional de su territorio – es el país más poblado de África, y en él las mujeres suponen un monto poblacional aproximado de 85 millones de personas-; por esta razón, muchos confían en que su ejemplo se extienda por el resto del continente.

Si bien es cierto que África es el continente donde esta práctica es más frecuente, también se da en otros lugares de Asia, como Indonesia o Malasia, en la India, y en algunas zonas como Emiratos Árabes o Yemen

Esto es así porque el horror que supone la ablación genital aún parece tener una gran aceptación y es de hecho una práctica frecuente, especialmente en zonas rurales y pequeñas aldeas del continente africano. De hecho, la ablación es legal aún en 28 países, y en otros en los que es ilegal continúa siendo ampliamente practicada, como es el caso de Egipto. Este país, junto a Guinea, Kenia, Somalia y Djibouti, cuentan con el dudoso honor de ser las localizaciones con más mujeres con ablaciones practicadas a nivel mundial.

Y, si bien es cierto que África es el continente donde esta práctica es más frecuente, también se da en otros lugares de Asia, como Indonesia o Malasia, en la India, y en algunas zonas como Emiratos Árabes o Yemen, pertenecientes a Oriente Medio. La Organización Mundial de la Salud afirma que 140 millones de niñas en todo el mundo son víctimas de la mutilación genital femenina, y dentro de las fronteras de la Unión Europea la cifra se sitúa en torno a las 500.000 víctimas.

La Mutilación Genital Femenina (MGF) o ablación

La Organización Mundial de la Salud define la ablación o mutilación genital femenina como “todos los procedimientos consistentes en la resección parcial o total de los genitales externos femeninos y otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”. Existen cuatro tipos diferentes de mutilación genital femenina en función de su gravedad y alcance, pero todos ellos suponen una violación de la salud e integridad de las niñas y mujeres que las padecen.

El denominado Tipo I es la clitoridectomía, que consiste en la extirpación total o parcial del clítoris de la niña o la mujer, y/o la resección del prepucio del clítoris. El Tipo II, la escisión, es la resección del clítoris, añadiendo también la de los labios menores del órgano reproductivo, y añadiendo o no la escisión también de los labios mayores. El Tipo III incluye la infibulación y reinfibulación, consistentes en estrechar o cerrar el orificio de la vagina mediante sutura removiendo o recolocando los labios menores y/o mayores, dejando espacio únicamente para que se pueda orinar y evacuar la menstruación, y normalmente incluye también la escisión del clítoris. La infibulación es la forma más extendida de practicar lo que especialmente en África se conoce como mutilación femenina. Finalmente, el Tipo IV incluye el resto de procedimientos sin justificación médica y nocivos para los órganos genitales de las mujeres y niñas como la cauterización, perforación, introducción vaginal de sustancias nocivas, etc. 

Tanto en el momento de realizarse la mutilación como a posteriori existen numerosos riesgos para la salud derivados de esos elementos, siendo frecuente que se den infecciones de diversa gravedad e incluso el fallecimiento

Lo terrible de esta práctica no se reduce a lo que es en sí misma, sino que su realización incluye otros elementos igualmente duros, como las condiciones en que se lleva a cabo. De esta forma, todos los casos se realizan sin anestesia, normalmente en condiciones insalubres y por personas no cualificadas médicamente como curanderas o parteras. Así, tanto en el momento de realizarse la mutilación como a posteriori existen numerosos riesgos para la salud derivados de esos elementos, siendo frecuente que se den infecciones de diversa gravedad e incluso el fallecimiento de la persona que sufre esta práctica, que muchas veces se desangra durante el procedimiento o aunque no muera tiene un colapso neurogénico debido a la enorme intensidad del dolor.

A estas graves consecuencias para la salud física hay que sumar otras secuelas de carácter psicológico, pues las mujeres quedan marcadas de por vida. Este tipo de prácticas se comenzaron a englobar en la violencia de género especialmente a partir de la aprobación de la Declaración de Naciones Unidas sobre eliminación de la Violencia contra la Mujer, que además en su artículo 4 prohíbe a los Estados que la suscriben “invocar ninguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir su obligación de procurar la eliminación de esa práctica”. De esta forma se reconoce que supone una vejación y una forma de atentar contra los derechos fundamentales de las mujeres como el derecho a la vida, a la integridad física, de reproducción y el derecho a la libertad sexual. Al darle este contenido de género se le dota también del reconocimiento como un elemento perpetuador de sistemas de opresión de las mujeres en aquellos lugares en que se lleva a cabo.

La pregunta que surge entonces es “por qué”, cuáles son las motivaciones que hacen posible que actualmente aún existan 28 países en los que la ablación se practica con frecuencia y amparo de la ley, y otros tantos en los que de facto no se persigue ni condena pese a su ilegalidad.


Qué motiva la MGF

Al contrario de lo que en ocasiones se cree popularmente, la ablación no es una práctica de carácter religioso, y de hecho se realiza, aunque en proporción distinta, tanto por judíos, musulmanes, cristianos o animistas, si bien es destacable que ninguna religión la prescribe. Es cierto, no obstante, que en aquellos países con una mayoría musulmana en los que la ablación era una tradición anterior a la llegada de esa religión, algunas voces intentaron darle encaje en los preceptos del Islam, e incluso recientemente el Estado Islámico promovió esta práctica en Irak, pero ningún versículo del Corán hace referencia a ello, tal y como se especifica en la Declaración de Rabat, y muchos representantes religiosos de esa confesión y otras han defendido la lucha contra esta práctica.

Conviene por tanto eliminar ese prejuicio y encuadrarla dentro de lo estrictamente tradicional y cultural, y así lo entiende la ONU, que en el Parágrafo 65 del Plan de acción para la eliminación de las prácticas tradicionales perjudiciales para la salud de la mujer y el niño considera la ablación como “práctica tradicional nociva”.

Pero si no responde a una motivación religiosa, ¿cuál es entonces el interés que subyace en esta práctica? Unicef señala cuatro razones principales que explican que se siga llevando a cabo: por salud, por motivos higiénicos, por un componente de carácter sociológico, y finalmente por motivos sexuales.

La ablación es un medio de control de la sexualidad femenina, ya que mediante su práctica se elimina la posibilidad de la mujer de sentir cualquier tipo de placer al tener relaciones sexuales, creyendo así que se impide la infidelidad de la mujer al marido.

Los motivos que respectan a la higiene y los de salud se encuentran estrechamente relacionados: ambos se basan en ideas culturales y profundamente arraigadas en las sociedades que las llevan a cabo, y que consideran, respectivamente, que los órganos genitales femeninos son algo sucio e impuro, y que su eliminación o limitación favorece la fertilidad y las labores del parto.  El elemento de carácter social hace referencia a que en ocasiones la mutilación se considera un rito de iniciación o de paso a la edad adulta; de hecho, en varios casos en que algunas mujeres se han opuesto a ser mutiladas, estas han sufrido el rechazo y la marginación en la sociedad en que se insertan, pues esta no las considera mujeres adultas, y por tanto no pueden asumir ninguno de los roles sociales que se reservan a las mujeres una vez que dejan de ser niñas.

Pero sin duda los de más calado son los motivos de naturaleza sexual. La ablación es un medio de control de la sexualidad femenina, ya que mediante su práctica se elimina la posibilidad de la mujer de sentir cualquier tipo de placer al tener relaciones sexuales, creyendo así que se impide la infidelidad de la mujer al marido. Al mismo tiempo, y especialmente cuando se da el Tipo III de mutilación, es el hombre el que tiene todo el poder sobre la mujer a la hora de que esta tenga su primera relación sexual (cuando se produce el matrimonio) ya que se dota de un contenido ritual el hecho de que el hombre rompa la cicatriz que queda como consecuencia de la infibulación – en ocasiones se hace esta abertura mediante un cuchillo-  para poder realizar la penetración. Por supuesto esto supone un dolor extremo tanto físico como psicológico y crea lesiones de por vida en la mujer. De esta forma, sólo el hombre puede obtener placer de la relación sexual, y además se garantiza la virginidad de la mujer hasta llegado el momento del matrimonio

La labor de España, la Unión Europea y otros actores

En el caso de España se han dado casos en los que a las mujeres víctimas de ablación se las ha acogido por “razones humanitarias”, pero no siempre se hace, existiendo situaciones en las que se le concede a la víctima la residencia pero se le deniega el asilo.

En Europa el número de ablaciones que se realizan es aún escaso si se compara con otras partes del mundo, puesto que lo más frecuente es que las familias que desean la ablación para las niñas envíen a estas a su país de origen para realizarla. En el caso de España se han dado casos en los que a las mujeres víctimas de ablación se las ha acogido por “razones humanitarias”, pero no siempre se hace, existiendo situaciones en las que se le concede a la víctima la residencia pero se le deniega el asilo. La principal dificultad con la que se venía encontrando el ordenamiento jurídico español a la hora de enfrentar casos así, era que aunque la ablación se considera un delito de lesiones desde el año 2003, la persecución de estos delitos cuando se practican por extranjeros en el extranjero no podía darse, pues la ley lo impedía. Sin embargo ésta fue modificada posibilitando la persecución extraterritorial de este hecho tal y como se demandaba desde las instituciones de la Unión Europea y la ONU, y siendo así posible castigar penalmente a los padres que trasladen a sus hijas a otro país con el objetivo de que sean allí circuncidadas, así como establecer medidas cautelares como la retirada del pasaporte cuando existan indicios de peligro de este tipo. También hay que mencionar los esfuerzos por detectar y prevenir la ablación que se reflejaron en la aprobación este mismo año del Protocolo común de actuación sanitaria, mutilación femenina 2015.

De hecho tanto la Unión Europea como la ONU han mostrado gran preocupación respecto de esta práctica y han legislado acordemente. Cabe mencionar la aprobación en noviembre de 2014 por la Organización de las Naciones Unidas de la primera Observación General del Comité de los Derechos del Niño junto con el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, sobre prácticas nocivas/dañinas, entre las que se incluye la mutilación genital femenina.

Junto a esta labor hay que destacar aquella llevada a cabo sobre el terreno por diversas asociaciones, fundaciones y activistas que buscan educar y concienciar a las mujeres sobre los peligros y la nocividad de esta práctica. A pesar de las duras presiones a nivel social que experimentan los padres y el resto de familiares para que realicen la mutilación a las niñas, cada vez son más las mujeres que dan la espalda a la ablación. Aunque el camino por recorrer hasta su total erradicación es aún largo, parece que las sucesivas prohibiciones y persecución de esta práctica llevada a cabo por distintos países, sumada a los esfuerzos de todos los actores ya mencionados y a una mayor concienciación social dan motivos para la esperanza.

2 comentarios
  1. Sr F
    Sr F Dice:

    Interesante artículo. Se sabe muy poco sobre este tema. Se trata, sin duda de un gran drama. Un saludo.

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