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La labor humanitaria de los cascos blancos en Siria

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Por Luís Antonio González 

La realidad que viven los enormes contingentes humanos catalogados bajo el epígrafe de refugiados parece dejar en un segundo plano a ese mayoritario grupo de población civil que se encuentra atrapada en la gran poliarquía armada que es el día a día de la cruenta realidad siria.

Estos ciudadanos han hecho parte su vocabulario cotidiano conceptos hasta ahora poco o nada conocidos como “bombas de barril” en cuyo empleo se prodiga el régimen de Bachar Al Asad, y que empezaron a usarse en el año 2012. El único sistema efectivo que posee la población civil para paliar, en la medida de lo posible, los letales efectos de estos artefactos explosivos es también de naturaleza civil: la SCD (Syrian Civil Defence, Defensa Civil Siria) también conocidos como cascos blancos.

La organización no tiene afiliación política o confesional alguna, está formada exclusivamente por voluntarios y opera bajo el lema: “salvar una vida es salvar a toda la humanidad”. Vio la luz en marzo de 2013 y sus más de 2.600 miembros se hayan distribuidos en 105 equipos. Se reparten en grupos de 25 miembros en turnos de 24 horas, de manera que siempre hay una sección de servicio, otra de guardia y una tercera descansando. Aunque su labor más conocida es la de realizar tareas de rescate, también realizan funciones de evacuación de población civil, conexiones de agua y electricidad y provisiones de alojamiento o entierros. A lo largo de ese periodo, según sus propios datos, han salvado más de 18.000 vidas, cifra a todas luces importante pero que cobra especial relevancia en un conflicto en el que más de la mitad de los muertos y heridos son niñas y niños.

En la realización de estas actividades, la SCD ha pagado un considerable coste en  vidas humanas propias. A fecha de junio de 2015 el número de voluntarios fallecidos ascendía a 92. A los barriles bomba anteriormente citados hay que añadirle la acción sobre el terreno de los francotiradores y una mortífera práctica denominada o “lanzamiento doble” consistente en volver a bombardear una zona previamente atacada cuando ya están en el lugar los equipos de rescate. Estos factores convierten a la tarea desarrollada por los cascos blancos como uno de los trabajos más peligrosos del mundo.

Sus inicios se remontan al verano de 2013, cuando el Consejo de la ciudad de Idlib dirigió sus esfuerzos, en unión con la ONG ARK, para el establecimiento de equipos de protección civil. En territorio turco se impartieron las primeras acciones formativas consistentes en nociones básicas de búsqueda y rescate. Posteriormente se fue ampliando el espectro de las materias a impartir, incluyendo formación médica más avanzada, así como cursos de administración y liderazgo. En esta labor formativa que se desarrolla paralelamente en terreno sirio participa también la ONG turca AKUT.

La neutralidad que preconizan se ha visto empañada con acusaciones de connivencia con organizaciones implicadas en la guerra civil siria. Los hechos se produjeron a principios de mayo de este año con la difusión de un vídeo en la  que miembros de Jabhat Al Nusra ejecutaban mediante disparos a un individuo. El cadáver fue retirado por dos voluntarios de la SCD, lo que hizo que se les achacase el hecho de colaborar con la filial de Al Qaeda en la región. El grupo de Alepo de la SDC difundió rápidamente un comunicado condenando de manera inequívoca el asesinato de civiles y afirmando que fueron los padres de la persona ejecutada los que se pusieron en contacto con ellos para al menos dar a su hijo un funeral respetuoso.

Los voluntarios que engrosan las filas de la SCD tienen orígenes diversos pero parecen mostrar un patrón común como ejemplifica el caso de Hosam, responsable de los casos blancos en Idlib, al norte de Siria. Antes del estallido del conflicto era un estudiante de Filología inglesa que participó activamente en las revueltas de 2011 ayudando incluso a la organización de las mismas. Cuando recibió la invitación para unirse a organizaciones armadas la rechazó al considerar que debía ayudar pero que esta ayuda debía tener un origen pacífico. 

Aunque la organización está compuesta mayoritariamente por hombres, es muy importante el papel que juegan las mujeres, no solo por su labor sobre el terreno sino también por el carácter rupturista de estereotipos que su participación activa lleva aparejada. Las mujeres, como recuerda Ola Soliman, responsable de la ONG Mayday Rescue, implicada en el entrenamiento de los cascos blancos, ostentaron una actividad destacada en las protestas aunque posteriormente tuvieron que enfrentarse al posicionamiento contrario a su intervención en operativos de búsqueda y rescate, no sólo por parte de sus familias, sino también por algunos de los hombres que constituían los equipos encargados de esas tareas.

Esta percepción se basaba en la errónea creencia de la falta de aptitudes de las mujeres para el desempeño de ese trabajo, llegándose al punto de que en algunas partes de Idlib a las mujeres se le prohibió la incorporación al grupo. En un principio, el porcentaje femenino era del 25 % del total aunque fue disminuyendo paulatinamente. Esta tendencia se invirtió cuando se sucedieron hechos tales como que, tras el bombardeo de una vivienda, un padre mostraba su oposición frontal a que su hija fuese rescatada por hombres, volviendo a destacar la necesidad de la presencia femenina en las filas de los cascos blancos. 

Además, el hecho de que la SCD no haya tomado parte activa en ningún enfrentamiento bélico puede dotarla de ese papel de factor de cohesión ya que, como ellos mismos se definen, son neutrales imparciales y humanitarios y no sirven a ningún partido político o grupo, “servimos a todo el pueblo de Siria. Somos del pueblo y para el pueblo”.

La SDC puede ser un importante vehículo de cara a que los diferentes actores violentos inmersos en la guerra civil, una vez alcanzada y superada la fase inicial de desarme, implementen las dos siguientes fases necesarias para la resolución satisfactoria y duradera de un conflicto: la desmovilización de los elementos implicados y su posterior reintegración en la sociedad.

Habida cuenta la situación de devastación que vive en la actualidad el país, parece necesario que no se repitan antiguos errores de primar las fuerzas militares y policiales en detrimento de potenciar la labor de organizaciones como la SCD. Según la mitología griega, cuando Pandora abrió la caja que liberó todos los males del mundo, en el fondo de la misma se quedó Elpis, el espíritu de la esperanza, a la que se suele asociar con el color verde. En el caos que asola Siria en la actualidad, ese color parece haberse transformado en el blanco de los cascos que portan las mujeres y hombres que componen la Defensa Civil Siria.

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