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La interferencia de Irán en el escenario político iraquí

Por Marc Rodríguez Donoso*

La caída del régimen de Sadam Hussein en 2003, tras la intervención americana en Irak, y la consecuente institucionalización de la política étnico sectaria en el país ha sido entendida por Teherán como una oportunidad dorada para proyectar sus intereses sobre el país vecino en su búsqueda de desafiar el Complejo de Seguridad Regional del Golfo Pérsico. En este sentido, tras la captura de Mosul en junio de 2014 por ISIS, Teherán ha dado un paso al frente en su obligación de defender los lugares sagrados del chiismo, tales como la ciudad de Karbala.

Bajo el reinado del Ba’ath, el régimen teocrático iraní estableció fuertes vínculos con grupos opositores iraquíes. Por un lado, desde la clandestinidad, el grupo de Mohammed Sadeq al Sadr consiguió establecer, gracias a la ayuda iraní, una red de asistencia caritativa entre los más desfavorecidos en la actual ciudad Sadr. Del mismo modo, en el exilio, el Gran Ayatolá Khomeini supervisó la fundación de SCIRI (Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak) el cual sería uno de los actores políticos más relevantes en la defensa del principio del wilayat-e faqih en el Irak post 2003.

Sin embargo, lejos de que Irán pudiera manejar a su antojo el espacio político iraquí, los movimientos de los actores políticos y la fuerza del nacionalismo de este país, muy activo en las comunidades suníes y chiíes de Irak, ha supuesto un freno a la expansión de los intereses de Irán.  En esta línea, Teherán fue incapaz de disuadir al ejecutivo de Al Maliki en sus planes de extender los acuerdos del Iraqi Status of Forces Agreement (SOFA), por los cuales se le otorgaba a los Estados Unidos el permiso para que las tropas americanas permaneciesen en suelo iraquí más allá del 31 de diciembre de 2008, fecha límite impuesta por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su resolución 1790.

Del mismo modo, pese a la presión que Irán ejerció en Irak en 2006, el régimen teocrático fue incapaz de prevenir la guerra civil entre los principales grupos chiíes del país, es decir, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak (SCIRI) capitaneado por Al Hakim, el bloque Saadrista leal a Muqtada al Sadr y los militantes chiíes afines al Gran Ayatolá Ali Sistani y Majid Al Khoei. En consecuencia, la victoria del Gran Ayatolá Sistani hizo triunfar en Irak el principio de no intromisión del estamento clerical en los asuntos públicos, suponiendo tanto un choque frontal al principio del Wilayat-e Faqih respetado en Irán, así como la propia ascendencia de Sistani suponía una competencia directa a las credenciales religiosas del líder iraní Ali Khamenei dentro del mundo islámico chií.

Fruto de la injerencia iraní y su voluntad de manipular la política iraquí a su antojo, las protestas del 30 de abril de 2016 contra el gobierno de Al Abadi en el Área Verde y las denuncias de los manifestantes contra la sombra de Teherán en los asuntos domésticos de su país ha provocado que importantes actores políticos iraquíes como Muqtada Al Sadr hayan de desvincularse (al menos en público) con el régimen de Teherán, dada la supuesta falta de legitimidad que esto supondría.

Pese a dichas limitaciones, Irán ha conseguido establecer una fuerte interdependencia económica con Irak. Gracias a los acuerdos de cooperación firmados entre ambos países, la presencia de productos bienes iraníes a bajo precio, tales como los productos agrícolas, deterioran el débil tejido industrial iraquí, a la vez que dan un respiro a Irán frente al aislacionismo global y las cargas impuestas por las sanciones internacionales.  

En este contexto, la captura de Mosul en 2014 tuvo una especial influencia en la política exterior iraní, parcialmente dirigida por Hassan Rouhaní. El carácter moderado del nuevo ejecutivo iraní centró inicialmente todos sus esfuerzos en convencer a los actores más conservadores de los beneficios que se obtendrían de confiar en Occidente y alcanzar un pacto en materia nuclear que permitiese eliminar las sanciones internacionales impuestas y desarrollar un programa de energía nuclear con fines no militares. Sin embargo, la presencia de ISIS en Irak es un asunto de estado que obliga al ejecutivo de Rouhani a defender los valores revolucionarios y fundacionales de Irán, dando una mayor relevancia en la toma de decisiones a sectores conservadores como el IRGC y el propio Gran Ayatolá Khamenei. En este sentido, pese a que la amenaza que ISIS proyecta sobre Irán es mínima dado el escaso apoyo del que el grupo terrorista goza en Irán y a la fortaleza del régimen teocrático, la élite iraní ha presionado al presidente Rouhani para que éste ataje la situación en Irak.

Sin embargo, lejos de anunciar la involucración de Irán en un conflicto con raíces sectarias que pudiese alterar completamente el Complejo de Seguridad Regional de Oriente Medio, el país de ascendencia persa ha participado en una campaña de asistencia militar por la cual se han suministrado drones de vigilancia y material militar a Irak. A su vez, el comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní Qassem Suleiman se ha desplazado personalmente hasta Irak para proveer de asistencia militar y apoyo moral a las tropas leales al gobierno de Bagdad, ya sea al propio ejército iraquí como a las Unidades de Movilización Popular (PMU).

Pese a todo, Irán ha declarado abiertamente que cualquier amenaza sobre los lugares sagrados de Karbala, Najaf, Kadhimiya o Samarra serían entendidos como un causus belli, implicando consecuentemente la abierta intervención militar en Irak en su lucha contra el ISIS.

Por otro lado, en referencia a las discusiones sobre la necesidad de dividir Irak en provincias étnicas y sectarias, Irán (al igual que Siria y Turquía) ha mantenido un firme rechazo a esta propuesta. Entre otros factores, esta decisión significaría tener que reconsiderar el rol de los kurdos iraníes y debilitaría la consolidación de Irak en base a los principios chiíes, al mismo tiempo que fortalecería los lazos que las monarquías suníes del Golfo y los todavía activos elementos ba’athistas pudiesen establecer en un futurible “Sunistán” Iraquí.

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*Marc Rodríguez es graduado en Historia por la Universidad de Barcelona, Clinton International Summer School en Peacebuilding en Ulster (Irlanda del Norte) y master en Relaciones Internacionales en IBEI.

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