La insoportable brecha entre ricos y pobres

Por Verónica Sánchez Moreno

Cuando una se encuentra con el informe “IGUALES: Acabemos con la desigualdad extrema. Es hora de cambiar las reglas” de Oxfam sabe que la lectura de sus 155 páginas va a merecer la pena. En un mundo donde la desigualdad es cada vez mayor, no sólo en los países del tercer mundo, sino también en los del primero, repasar este documento es un choque de bruces con la realidad mundial. Durante este análisis vamos a intentar desglosar el informe de Oxfam para lograr, de este modo, tener una conciencia global de hasta qué punto los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos.

“De Ghana a Alemania, de Sudáfrica a España, las diferencias entre ricos y pobres están aumentando rápidamente, y la desigualdad económica ha alcanzado niveles extremos”, señala el informe en su página 7. La primera en la frente: las 20 personas más ricas de España poseen tanto como el 30% más pobre.

Gran aumento en los últimos años

Afirma Oxfam que la distancia entre ricos y pobres, tanto entre países como dentro del mismo país “es más amplia que nunca y sigue aumentando, mientras que el poder está, cada vez más, en manos de las élites”. En 2014, las 85 mayores fortunas del planeta poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial y entre marzo de 2013 y marzo del año siguiente, estas 85 personas incrementaron su riqueza en 668 millones de dólares diarios. Tanto es así, que desde el comienzo de la crisis financiera, el número de milmillonarios se ha duplicado, alcanzando las 1.645 personas, que en total poseen 5,4 billones de dólares. 16 de estos milmillonarios son del África subsahariana, donde conviven con 358 millones de personas en situación de pobreza extrema. Las causas de este aumento de la desigualdad  son “el fundamentalismo de mercado y el secuestro democrático por parte de las élites”.

Según el informe, 7 de cada 10 personas en el mundo viven en un país donde la desigualdad económica es mayor ahora que hace 30 años. Y esta desigualdad extrema socava el crecimiento económico, siendo un obstáculo para la reducción de la pobreza, favorece el cambio climático, repercute negativamente en el bienestar y la cohesión social e impide la igualdad entre los sexos, ya que, entre otras cosas, la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en las sociedades con más desigualdad económica. “El FMI ha documentado que una mayor equidad puede hacer que los períodos de crecimiento a nivel nacional sean más largos y que la desigualdad fue un factor que contribuyó a la crisis financiera de 2008”, señala Oxfam.  Asimismo, las personas pobres viven menos, subraya este informe, porque la pobreza está asociada a vidas más cortas, menos sanas y más infelices así como a mayores tasas de obesidad, embarazo adolescente, delincuencia, enfermedades mentales, penas de cárcel y adicciones. En Reino Unido, por ejemplo, los hombres nacidos en las zonas más ricas del país pueden disfrutar de una vida nueve años más larga que los de las zonas más deprimidas.

En todos los países del mundo la elevada desigualdad ha reducido la movilidad social, dando lugar a un ciclo de pobreza que se repite generación tras generación. La forma de conseguir contrarrestar esta tendencia es la educación: “los países que dedican más dinero a ofrecer una educación pública de calidad proporcionan a los estudiantes pobres los medios para competir de forma más justa en el mercado de trabajo, y a la vez reducen los incentivos de los padres más ricos para educar a sus hijos en escuelas privadas.”

Asimismo, el informe señala que existe una clara relación entre desigualdad y violencia. De este modo, los países con una desigualdad económica extrema sufren casi cuatro veces más homicidios que los países más igualitarios. Oxfam afirma también que la desigualdad forma parte de los factores que aumentan las probabilidades de que se desencadene un conflicto. Podemos leer en él: “además de por un cúmulo de factores políticos, la fragilidad oculta de Siria antes de 2011 estaba producida, en parte, por el aumento de la desigualdad, ya que la disminución de las subvenciones gubernamentales y la caída del empleo en el sector público afectó a unos colectivos más que a otros”.

Las causas

Dos son los factores que señala el informe de Oxfam como causantes de este aumento de la desigualdad. El primero de ellos, el fundamentalismo de mercado, “que cambia los mercados existentes para que estén sujetos a una menor regulación, fomentando la concentración de la riqueza, y extiende los mecanismos de mercado a cada vez más ámbitos de la actividad humana, de modo que las disparidades de riqueza se reflejan en cada vez más aspectos de la vida humana”. La excesiva influencia de las élites en la política, las ideas, las instituciones y el debate público, es el segundo de estos factores. Esta influencia la utilizan “para garantizar que se protejan sus propios intereses en lugar de defender los de la sociedad en su conjunto”. Y aquí se señala también el caso de la corrupción de políticos o altos funcionarios, que aprovechan su influencia y poder para enriquecerse y proteger sus intereses. Aunque no hay que irse tan lejos, este informe pone como ejemplo de ello Pakistán, donde “el patrimonio neto promedio de los parlamentarios es de 900.000 dólares, y sin embargo muy pocos de ellos tributan”.

¿Cómo hacer frente a la desigualdad?

Para frenar esta creciente desigualdad, Oxfam afirma que debería haber una acción política decidida en cuatro ámbitos: empleo y salarios, fiscalidad, servicios públicos y políticas económicas que aborden la desigualdad de género.

Respecto al primero de esos ámbitos, se debe revertir la tendencia de reducción de salarios, trabajo digno y derechos laborales, así como acabar con las remuneraciones excesivas de los más ricos y fomentar la participación de los trabajadores. Por otro lado, según el informe, el sistema fiscal es una de las herramientas más importantes con que cuentan los gobiernos para hacer frente a la desigualdad, señalando lo negativo de las deducciones, la elusión y los paraísos fiscales y mostrando la necesidad de una verdadera reforma del sistema fiscal internacional.

Respecto a los servicios públicos, el informe pone de relieve la importancia de una sanidad y educación gratuitos para reducir la desigualdad. Y es que, “cada año, cien millones de personas de todo el mundo caen en la pobreza por tener que pagar la atención sanitaria de su bolsillo”. Asimismo, se ha demostrado que las tasas educativas suelen disuadir de la matriculación escolar porque los más pobres no pueden permitirse enviar a sus hijos a colegios que cobren tasas, aunque éstas sean bajas. Así pues, una mayor participación del sector privado en la prestación de servicios genera más desigualdad económica. El camino: que los gobiernos recuperen el control de las políticas públicas y establezcan sistemas permanentes de protección social universal.

En relación a la desigualdad entre géneros, este informe señala la necesidad de lograr la igualdad económica de las mujeres, estableciendo políticas adecuadas para ello, como subvenciones por menores a cargo; normativas sobre el salario mínimo, la seguridad laboral, vacaciones pagadas y baja por enfermedad y maternidad; o una fiscalidad progresiva. Y, por supuesto, acabar con la violencia contra la mujer, tanto en el lugar de trabajo como en el hogar.

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