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La estrategia saudí de bajar el precio del crudo

Por Miguel Ángel Pérez

El reino arábigo cuenta con unas reservas enormes de hidrocarburos y una gran capacidad de extracción de crudo, lo cual le da una posición central dentro de ese mercado, además de liderar la OPEP (Organización de Países Productores de Petróleo). Desde hace bastantes meses, Arabia Saudí ha emprendido un proceso de encarecimiento del petróleo por diferentes motivaciones.

El mercado del petróleo es muy competitivo. De hecho, todos los países tratan de situarse bien en él para asegurar contratos beneficiosos, sea de exportación o de importación según el caso, y ganar mayor cuota sobre el resto de naciones. Arabia Saudí es un productor de oro negro que puede permitirse reducir o aumentar su producción, así como la bajada del precio durante un periodo prolongado de tiempo, a diferencia de la gran mayoría de productores.

En los últimos tiempos se ha producido un cambio enorme en este mercado y es que Estados Unidos, con el desarrollo del fracking se ha hecho autosuficiente, perdiendo no sólo los países productores esa gran cuota de mercado sino también influencia en el gobierno estadounidense. Esa tecnología también está siendo explotada por otros países como Polonia y Australia. Lo que supone una seria amenaza a los productores de crudo.

En las cuestiones geopolíticas, aparte de desligar EEUU de las monarquías del Golfo Pérsico se le suma la disputa que mantienen éstas con Irán. En el marco de guerras localizadas entre chiíes y suníes y la disputa entre Irán y el Consejo de Cooperación del Golfo por la influencia en la zona, hay que destacar el programa nuclear de Irán que los países suníes ven como una seria amenaza.

En esa tesitura, Arabia Saudí con el apoyo de sus aliados, que también son importantes productores, ha decidido bajar el precio del petróleo no solo para afectar a su adversario directo, Irán, sino también para perjudicar a los dos aliados del este; Rusia y Venezuela.

No es casualidad que estos dos últimos no se lleven bien actualmente con EEUU, y que le venga bien a la Casa Blanca tanto para añadir más daño a la economía rusa como para provocar el derribo o debilitamiento acentuado del “chavismo”. Esto puede hacer que Barack Obama no vea con tan malos ojos la estrategia de Riad, permitiendo un debilitamiento temporal de su industria nacional del fracking.

No solamente las autoridades saudíes han sabido aprovechar el momento para que occidente no vea con malos ojos su actuación, sino que también ha escogido el punto justo para frenar las alternativas energéticas que están surgiendo al petróleo.

A los magnates del oro negro no les conviene que el coche se recargue en una especie de gasolinera como si fuera un móvil o que el petróleo al uso sea sustituido por la extracción de esquisto. El camino más práctico y sencillo, que es por el que han optado, ha consistido en no hacer beneficioso el negocio de sus adversarios.

Ahora con el petróleo rondando los 50 $ no sale rentable el negocio de fracking y este empieza a decaer. Ahora bien, la industria estadounidense de este producto es fuerte y ésta promete ser una batalla intensa entre la misma y las monarquías del Golfo Pérsico.

Un efecto añadido de la estrategia saudí ha sido el de afectar a otros productores de petróleo que están viendo peligrar sus ingresos. El caso de Rusia y Venezuela son los más palpables, algo que, como se ha comentado, viene muy bien a Riad, pero hay otros casos como Canadá o la región del Mar del Norte.

La jugada maestra de Riad, de lograrla, será conquistar esa cuota de mercado que han abandonado los anteriores productores, con lo cual no sólo podrá conseguir ingresos extra para poder mantener esta estrategia más tiempo sino que al subir los precios tendrá mayores ganancias que incluso antaño.

Hay varias amenazas a esta táctica del mayor país de la península arábiga. La más grande es la subida del consumo del petróleo o una importante bajada del mismo: la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calculado que se ha reducido la demanda concretamente en 300.000 barriles diarios quedándose la cifra diaria total en 93,300 barriles. Aun así, esto le supone a Riad un mínimo inconveniente, pues su estrategia consiste en aumentar la producción de petróleo para inundar el mercado.

Otra posible amenaza sería la acción coordinada del resto de productores de petróleo no miembros de la OPEP, que representan más del 50% de la cuota de producción para reducir de golpe de forma drástica su producción, pero esto tiene dos inconvenientes que lo hacen inviable. Son naciones que no pueden permitirse dejar de recibir ingresos por la venta de oro negro y muchas se llevan mal entre sí, como el Reino Unido con Rusia.

En este punto, es interesante mirar al pasado y ver la crisis del petróleo de 1973. En aquel caso Arabia Saudí y otros países musulmanes, al ganar Israel la guerra del Yom Kippur, decidieron debilitar a Occidente por el apoyo que daban a Israel. Entonces se recurrió a subir los precios mediante un embargo de petróleo y aunque tuvo un gran impacto inicial, a la larga afectó a quienes encabezaron el embargo, pues los importadores pasaron a ahorrar con medidas como el horario de verano. Esta vez, aprendiendo de esa lección el gobierno saudí ha hecho completamente a la inversa, aumentando la producción y bajando el precio.

Es complicado que los precios vuelvan a superar la barrera de los 100 dólares – salvo grave crisis-, pero períodos de subida a 60 ó 65 $ no serían descartables para que Arabia Saudí, y especialmente sus aliados, puedan continuar esta estrategia durante años, más no, ya que la barrera del fracking para resultar rentable está entre los 70 y 80 $.

El debilitamiento de la economía de Irán es un paso importante para que Teherán ceda en gran parte de sus pretensiones a la hora de alcanzar un acuerdo con el 5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad se la ONU más Alemania), en transparencia y control de su refino de uranio así como de sus reservas de combustible nuclear evitando que Irán pueda construir armas nucleares. En aras de la buena voluntad de llegar a un acuerdo Occidente ha aflojado sus sanciones económicas al régimen iraní perjudicando la estrategia saudí.

Se hace complicado vislumbrar un escenario en el que Irán ceda lo suficiente como para dejar con su programa nuclear tranquilos a los países suníes del Golfo Pérsico, que ni siquiera ven con buenos ojos el desarrollo de un programa nuclear civil iraní. Por tanto esta estrategia saudí de precios bajos del crudo puede prolongarse bastante o incluso agravarse puntualmente si Riad  ve una oportunidad de ganar el pulso con ello.

En caso de producirse la caída del chavismo y la claudicación rusa en los asuntos ucranianos (retirada de Crimea y cese de apoyo a los rebeldes del Donbas) se puede alterar la táctica saudí. Pues a Washington aparte de proteger su fracking, le convendría que el hipotético nuevo régimen venezolano se consolidase, para lo cual se requeriría subir considerablemente el precio del oro negro. De darse esa tesitura y sin la necesidad de seguir castigando a Moscú se produciría un gran pulso Arabia Saudí – EEUU.

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