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La estrategia (fallida) de la Seguridad turca

La estrategia (fallida) de la Seguridad turca

Por Beatriz Yubero / Ankara

Ankara fue golpeada de nuevo por el terror el pasado domingo con el tercer ataque terrorista en la capital turca, el sexto para el país en cinco meses. En esta ocasión 37 civiles resultaron fallecidos y 125 heridos. 

La explosión, que se produjo en Kizilay, el centro neurálgico y comercial de la ciudad, supuso un jaque mate para las fuerzas de seguridad del Estado turco que desde hace días, sospechaban que un ataque terrorista pudiera llegar a producirse. ¿Cómo ha podido ocurrir esto de nuevo? La seguridad de los ciudadanos es lo primero que debería de proveer y garantizar el Gobierno”,exclamaba Seyit, un ciudadano que se situaba a menos de un kilómetro de la zona cero.

Dos días antes de la masacre, la embajada americana basándose, según fuentes oficiales, “en una advertencia del gobierno turco que circulaba en las redes sociales”, alertó mediante su página web de que un atentado podría tener lugar en el área residencial de Bachelievler. Sin embargo, pese a reforzarse la seguridad del distrito central de Çankaya, el atentado, kamizace, no pudo evitarse. Aunque aún no hay reivindicación del ataque, fuentes del Gobierno apuntan a una milicia kurda como posible autor material de los hechos, en concreto a una mujer suicida.

Tan solo un mes antes, otro ataque terrorista del grupo Los Halcones del Kurdistán, (TAK) -calificado por algunos como una escisión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y por otros como una agrupación ligada a la guerrilla armada- arrebató la vida a 27 militares y un civil. La respuesta del Ejército turco ante ambas masacres ha sido contundente.

El pasado lunes se retomaron los bombardeos sobre las principales posiciones de los grupos kurdos en el norte de Irak y Siria. Hasta 11 aviones de combate atacaron 18 objetivos de los rebeldes kurdos, especialmente en el área montañosa de Kandil. Por su parte, la policía ha llevado a cabo redadas en la ciudad de Adana, al sur, donde han detenido hasta 36 sospechosos de pertenecer a la organización armada y se han extendido los toques de queda en el Este del país.

El presidente de la República, Reyep Tayyip Erdogan, declaró ante los medios, horas después del atentado que, “continuarán en la lucha hasta derrotar a cada uno de los militantes”, sin embargo, la estrategia del líder, respecto a la cuestión terrorista en Turquía pasa por redefinir el concepto: “No hay ninguna diferencia entre un terrorista con un arma y una bomba en la mano y aquellos que utilizan titulares y plumas. El hecho de que se trate de un diputado, un académico, un autor, un periodista o el director de una ONG no cambia el hecho de que esa persona sea un terrorista”, aseguró Erdogan. La convulsa situación que vive el país en materia de violencia es agravada por el malestar social ante una creciente falta de valores democráticos. Tal es así que el líder propuso tan sólo un día después del ataque: “redefinir el terrorismo e incluirlo en el Código Penal de Turquía. Este no es un problema de libertad de prensa o la libertad de asociación. Se trata de una forma más eficaz de hacer frente a los asaltantes que intentan dañar a nuestro pueblo”.

Tales afirmaciones, dirigidas directamente contra prensa, se suman a la censura que el Estado ejerce sobre las redes sociales y la clausura de numerosos medios de comunicación opositores al Gobierno y algunos, ligados a la estructura paralela del clérigo, autoexiliado, Fetullah Gülen, antaño aliado del AKP -hasta que denunciara un caso de corrupción que implicaba a la familia del mandatario- y hoy enemigo número uno del Estado.

Los ataques terroristas en el corazón político de Anatolia han supuesto un devastador golpe para una sociedad aturdida por el miedo. “No hay nada que desee más que la paz, pero, por desgracia, no creo que veamos una pacífica Turquía a corto plazo. Por supuesto, esto no quiere decir que debamos desistir del intento”, afirmaba Zeynep, estudiante de doctorado en la capital.

Desde la oposición, numerosas son las críticas a una estrategia de seguridad (fallida) que intenta desviar el foco de atención mediático del verdadero problema de violencia que padece el Estado. “Erdogan y el AKP han de salir del poder, ya que tras estos asesinatos políticos no se encuentran en condiciones de hacer nada por el pueblo”, afirmó Kemal Kılıçdaroğlu, líder del principal partido de la oposición, el kemalista, Cumhuriyet Halk Partisi, CHP.

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