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La enmarañada estrategia multilateral de Obama

Por Cristina Casabón

Ya en la Estrategia Nacional de Seguridad (ENS) de Obama, promulgada en mayo de 2010 se presentaba el inicio de una tímida apertura a la acción multilateral en el plano exterior. El terrorismo, visto como la principal amenaza desde la ENS de 2006, fue redefinido como “una de las muchas amenazas que son importantes en la era global”. Aunque en dicha Estrategia EEUU todavía se reserva su prerrogativa de acción militar unilateral, el documento hace un gran esfuerzo por resaltar un nuevo compromiso con otras naciones y en el marco de organizaciones internacionales. Esta fue la génesis de lo que hoy se ha materializado en una estrategia multilateral frente al Estado Islámico.

Si Afganistán fue una prioridad para Estados Unidos durante los primeros años de la candidatura, en el discurso de 22 de junio de 2011 Obama recordó que ya se habían retirado 100.000 soldados de Irak (siguiendo así la línea establecida en su discurso en Foreign Affairs “Renewing American leadership” de julio-agosto de 2007) y reiteró su deseo de retirar tropas en Afganistán, donde a día de hoy aún queda una fuerza de 32.000 tropas americanas en el terreno, si bien se pretende poner fin a la casi totalidad de participación militar en 2016.

Los anuncios de retirada de soldados en tierra obedecen al desfase entre objetivos y recursos de la Administración Obama. Los dos Secretarios de Defensa del presidente han recibido como “misión” la disminución del desorbitado presupuesto de Defensa. Esta estrategia de seguridad obedece a un ajuste del presupuesto mediante una retirada de soldados sobre el terreno e inaugura con ello un nuevo concepto de agresión multilateral, que hemos visto ya en práctica.

En 2011, los bombardeos de EEUU sobre Trípoli y otras ciudades importantes, denominados “campañas de ataques aéreos” serían amparados por la ONU, y la Resolución 19/73 de 18 de marzo establecía una zona de exclusión aérea, inaugurando con ello este nuevo tipo de guerra aérea multilateral liderada por Estados Unidos. En cuanto al conflicto sirio, cabe decir que desde EEUU se hicieron no pocos esfuerzos para imponerse, pero el veto de Rusia y China ha impedido la creación de una zona de exclusión aérea.

Tampoco ha podido llevarse a cabo un acuerdo sobre las medidas ya no solo para frenar el derramamiento de sangre, sino también para establecer algún tipo de rendición de cuentas a los continuados crímenes perpetrados por los distintos bandos del conflicto sirio. Entre tanto, Estados Unidos ha estado armando y entrenando a los rebeldes contra Al Assad, los cuales proceden de diferentes países, fundamentalmente del Norte de África, Turquía, Libia y Arabia Saudí. Estos rebeldes han sido reclutados en campos de internamiento de la frontera turca para luchar al frente del Ejército Libre Sirio.

Pero ha llegado un momento en que a los “rebeldes sirios moderados” y a Estados Unidos se les ha ido el conflicto de las manos. Con la entrada en el ya de por sí devastado escenario sirio del Daesh, Obama ha decidido implicarse de una forma más activa en Oriente Medio. 

En su discurso en vísperas del 13º aniversario de los ataques del 11 de septiembre, Obama declaró la guerra al grupo terrorista. La agenda de política exterior de Obama se hizo aún más confusa en su discurso desde la Casa Blanca: prometió “cazar” a los combatientes del Daesh “dondequiera se encuentren.” Además del ataque aéreo sobre zonas estratégicas, Obama anunció el envío de 475 militares más para entrenar, asesorar y equipar a los rebeldes: “No nos dejaremos arrastrar a otra guerra por tierra en Irak, pero nuestros militares son necesarios para apoyar a las fuerzas iraquíes y kurdas”, especificó.

Cinco días después, en un discurso en Florida, el presidente Barack Obama anunció que Arabia Saudita había “aceptado acoger nuestros esfuerzos para entrenar y equipar a las fuerzas de la oposición siria”, y funcionarios estadounidenses dijeron que Arabia Saudita se había ofrecido a entrenar en su suelo a los rebeldes sirios. La Cámara de Representantes de los Estados Unidos votó el día 18 de septiembre a favor de un plan de ayuda para los rebeldes “moderados” (fueron 273 votos a favor y 156 en contra, lo cual demuestra una profunda división).

Esta nueva coalición internacional liderada por Estados Unidos se ha lanzado de cabeza hacia una estrategia multilateral contra las posiciones del Daesh en Iraq y Siria. No obstante, vencer a esta organización terrorista no es una tarea fácil como muchos se imaginan; el contraalmirante John Kirby, secretario de prensa del Pentágono declaró que “se trata de una cuestión de años”. Ahora, como dice Lluís Bassets, “el mayor dolor de cabeza es para Obama, que quería terminar su presidencia con todos los chicos en casa y se ve presionado de nuevo a poner pie en tierra iraquí por tercera vez en un cuarto de siglo. Y sin garantías de que esta vez vaya un poco mejor que las anteriores.”

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