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La cuestión kurda en Siria: un frente abierto en la frontera

Fuente: Institute for the Study of War – Syria Updates. (http://iswsyria.blogspot.com.es/2015/06/isis-counterattacks-in-northern-syria.html)

Fuente: Institute for the Study of War – Syria Updates. (http://iswsyria.blogspot.com.es/2015/06/isis-counterattacks-in-northern-syria.html)

Por Alberto Ginel Saúl

El final de junio nos dejó un acontecimiento relevante dentro del caótico escenario sirio y en el marco de la lucha contra el Daesh (el autodenominado Estado Islámico). Nos referimos a la toma de la ciudad siria de Tal Abyad por parte de las Unidades de Protección Popular kurdas (en adelante YPG/PYD) tras una ofensiva que duró varias semanas y que contó con el apoyo aéreo de la coalición anti-ISIS liderada por Estados Unidos y la concurrencia de diversos grupos opositores al presidente sirio Al Assad.

Si la conquista de Kobane en enero de este año sirvió para visibilizar la lucha de los kurdos frente al Daesh -simbolizada en aquellas mujeres con trenza y fusil kalashnikov– la victoria de Tal Abyad tiene un significado estratégico mayor, incluso como “punto de inflexión”.

Y esto podría ser así por varios motivos:

Tal Abyad se perfila sobre la misma frontera turco-siria, en su parte central. Una frontera que se ha demostrado altamente “porosa” para el suministro de bienes y para la entrada de combatientes procedentes de otros países que tras recalar en Turquía se unían a las filas del Daesh. La referida permeabilidad de la frontera turco-siria ha sido desde que comenzó la ofensiva contra-terrorista una de las cuestiones más mencionadas y más polémicas. Tanto, que el jefe de la Inteligencia Nacional norteamericana llegó a hablar de la existencia de un “entorno permisivo” al paso de combatientes desde Turquía y a argumentar que “la lucha contra IS no es una prioridad” para el gobierno de Ankara, provocando la fricción entre ambos países socios de la OTAN.

Esas otras prioridades pasarían por la política interna, por la gestión de la cuestión kurda en su propio país y, en lo regional, por situar en primer plano el derrocamiento del presidente sirio apoyado por Irán –rival geopolítico de Turquía-. En suma: no esforzarse demasiado en cualquier cosa que pudiera confirmar a Assad en el poder como por ejemplo: combatir de una forma mucho más decidida al IS (empezando por una política de fronteras mucho más activa). La oposición turca por boca de Selahattin Demirtaş (candidato del HDP a las elecciones de Junio) ha ido un paso más allá al no hablar de mera pasividad.

Con la conquista de Tal Abyad prácticamente se pone una “cremallera” de este a oeste a lo largo de la frontera turco-siria, mermando considerablemente estos flujos que alimentaban a los terroristas y anunciando un periodo complicado para el Daesh. Ese “cinturón” fronterizo se sitúa fundamentalmente bajo la autoridad kurda del YPG/PYD (compartido en parte con los rebeldes árabes anti-Al Assad).

Esto inaugura una situación política insólita. La existencia de una continuidad territorial kurda y la potencial consolidación de ese poder tienen y tendrán en el medio plazo repercusiones de primer orden. Repercusiones, porque se resucita el hurtado sueño nacional de los militantes kurdos, y también para los diversos actores regionales a los que inquieta el auge kurdo (empezando por Turquía, como veremos).

La autodeterminación sigue siendo el Dorado de los militantes kurdos: todos sus pasos se orientan a ese objetivo en una inteligente combinación de disciplina estratégica y flexibilidad táctica¹. Al estallar la guerra civil siria los kurdos establecieron una suerte de “pacto de no agresión” con el régimen de Assad pasando a ocupar poblaciones norteñas de mayoría kurda arrebatados a ISIS y realizando en ellas labores de policía anti-oposición, hecho que no ha impedido la colaboración posterior con esos mismos elementos árabes anti-Assad cuando ha sido precisa (como en la propia toma de Tal Abyad) e incluso el enfrentamiento con fuerzas del gobierno.

Considerando el objetivo último de los luchadores del YPG/PYD se hace difícil imaginar una retirada sin más de los territorios ganados por las disciplinadas armas kurdas una vez se asiente el polvo… ¿Retirarse en beneficio de quién? ¿del inmortal Assad? ¿de los rebeldes árabes que tratarán de imperar sobre lo que quede de Siria? ¿existirá de hecho algo parecido a lo que hasta ahora hemos conocido como Siria?

La ciudad se encuentra a tan sólo 60 kilómetros al norte de Raqqah. Ciudad que es considerada “la capital” del “Estado Islámico” y hacia la que se replegaron multitud de combatientes. Si bien no parece probable en el corto plazo el asalto a “la capital”, la victoria en Tal Abyad se suma a otras conquistas –cada vez más frecuentes- que han venido a detener la hasta no hace mucho imparable marcha del EI, privandoles en cada vez más lugares de algo fundamental y distintivo en su estrategia: la territorialidad y la posibilidad de ejercer su particular “imperio de la ley” sobre grandes grupos de personas con miras a construir el declarado Califato.

La exitosa ofensiva (y la resistencia al inmediato contragolpe yihadista) vuelve a demostrar que allí donde las fuerzas (y los intereses) de la coalición liderada desde el aire por EEUU y las milicias kurdas se encuentran, el Daesh retrocede.

Es difícil valorar si ‘La Coalición’ explorará más profundas y más estables formas de colaboración con las fuerzas del YPG/PYD y hasta qué punto se contará con las autoridades kurdas en lo que resta de combate contra el enemigo común y, sobre todo, en el diseño del escenario posconflicto –aún lejano- que habrá de tener una innegable dimensión política

La reivindicación de parte del pueblo kurdo en pro de una comunidad política propia que reúna a esta comunidad étnica hoy dispersa bajo las fronteras de las actuales Turquía, Iraq, Siria e Irán nos retrotrae necesariamente a las dos primeras décadas del siglo XX.  Y a tres momentos clave para explicar el diseño ad hoc de las actuales entidades estatales de Oriente Medio: el Acuerdo secreto de Sykes-Picot (1916) -donde Francia y Reino Unido proyectaban establecer sus respectivas áreas de influencia sobre los restos del Imperio Otomano-, el inaplicado Tratado de Sèvres (1920) –que concebía una entidad política propia para el Kurdistán- y el de Lausana (1923) –que vino a derogar de facto el no nato Tratado de 1920-.

Sèvres, firmado por el Imperio Otomano en sus estertores no fue aceptado por los nacionalistas turcos que fundaron la moderna República en 1923 bajo la égida de Mustafá Kemal Ataturk tras la conocida como “Guerra de Independencia”. De hecho, las “cláusulas odiosas” de ese tratado que, recordemos, contemplaba un Kurdistán en el sureste turco (y una república de Armenia) sirvió para espolear a los Jóvenes Turcos y para configurar una identidad nacional turca que debía tomar cuerpo político y asentarse sobre todo el territorio peninsular de Anatolia y Tracia, en necesario perjuicio de cualquier reconocimiento político-institucional de las comunidades kurdas situadas en el sureste.

En Lausana los nacionalistas turcos que representaban a la Gran Asamblea Nacional de Kemal Ataturk lograron hacer prevalecer su postura (con alguna renuncia territorial menor) alumbrando así las fronteras turcas prácticamente contemporáneas. En este Tratado también se terminaron de definir las fronteras de Siria e Iraq. Y entre tanto, ni rastro del Kurdistán, comunidad política que llegó incluso a estar representada en la crucial conferencia de Paz de París de 1919 inspirada por los idealistas “catorce puntos” del presidente Wilson en reconocimiento del derecho a la libre determinación de los pueblos. Principios que, como vemos, no se aplicaron en todos los casos.

Todo este excurso para ayudar a comprender varias cosas:

– Una: cómo se constituyeron las costuras nacionales en Oriente Medio. Unas costuras que, desde entonces no han dejado de saltar violentamente dando origen a buena parte de los conflictos étnicos, sectarios y nacionales que han asolado la región. Una marcha destructiva que se ha visto acelerada en los últimos tiempos bajo lo que se ha venido a llamar el proceso de “descomposición levantina” de la que ISIS no sería más que un síntoma agudo.

– Y dos: el carácter casi fundacional que tiene la cuestión kurda para la República de Turquía hasta nuestros días.  Sobre todo tras décadas de lucha contra el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), considerado terrorista y con relaciones operativas y alianzas con el YPG/PYD sirio.

Y sobre todo, en nuestro tema concreto de hoy, para poner en contexto las siguientes declaraciones del Recep Tayyip Erdogan: “nunca permitiremos la existencia de un Estado que se establezca al norte de Siria y al sur de nuestro país. No importa el coste, continuaremos nuestros esfuerzos a este respecto”. El presidente turco enfatiza la amenaza que supone para la integridad del país la presencia de los sirios kurdos en la frontera vinculándola a la problemática interna con el PKK para plantear incluso una posible intervención militar en el norte de Siria que destruya el cinturón kurdo.

Como argumentos: seguridad nacional, crear un refugio seguro en la franja fronteriza para los miles de refugiados de la guerra e impedir la “limpieza étnica” que según algunas fuentes estarían cometiendo elementos kurdos en el norte de Siria contra población árabe y turkmena.

En la práctica, la involucración de Turquía en una operación militar a gran escala en el norte de Siria tendría consecuencias insospechadas al agregar más caos a una situación ya de por sí rota por los cuatro costados. Un caos que ha demostrado ser el mejor caldo de cultivo para la estrategia yihadista. Se materialice o no este plan de Erdogan (que al parecer ha encontrado resistencias en el ejército), su sola enunciación acrecienta la desconfianza y la distancia entre EEUU y Turquía, lo que se suma a la ya referida irritación estadounidense por la ambigüedad turca ante el Daesh en un momento en el que buscan actores eficaces a los que respaldar en la lucha contra el enemigo público número uno.

El Secretario de Defensa de Estados Unidos Ashton Carter ha felicitado a las milicias kurdas, refiriéndose a ellas como “capaces y efectivas”, lo que augura más cooperación en la consecución del objetivo común. Y más inquietud turca.

Los nacionalistas kurdos no tienen ningún motivo para esperar un apoyo entusiasta y global a su causa por parte de Occidente. De momento les vale con tener mucho más de lo que tenían al comienzo del conflicto y consolidarlo. Por su parte, quienes combaten a ISIS con ellos (aun desde la distancia o desde las alturas) tampoco parecen prever mucho más allá de lo inmediato. No parecen constatar que posiblemente acaba de abrirse un nuevo capítulo en el extenso libro de Oriente Medio, un capítulo más en esa historia escrita a base de hechos consumados y costuras rotas.

¹The Kurds changing alliances, Allan Kaval, Le Monde Diplomatique, Nov. 2014.

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