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Juego de Drones

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Por Cristina Casabón

Este vídeo de Amnistía Internacional cuenta el caso de Mamana Bibi, Una abuela de 68 años que fue asesinada por un drone en octubre de 2012 frente a sus nietos mientras recogían verduras en los campos de la familia, en Waziristán del Norte (Pakistán). La familia no ha recibido ninguna justificación por estos hechos.

Según The Bureau of Investigative Journalism, Se estima que desde 2009 más de 2.400 personas murieron por los ataques con aviones no tripulados en distintos conflictos. EEUU se ampara en su “estrategia antiterrorista” para tratar de justificar una continua política de focalización de objetivos civiles en la región, y la información relativa a los ataques con drones permanece clasificada, lo cual es una señal preocupante de irresponsabilidad.

El programa estadounidense de vehículos aéreos no tripulados, más conocidos popularmente como ‘drones’, tiene su origen en los años noventa, en operaciones de espionaje a Al Qaeda en Afganistán. Después de los ataques terroristas del 11-S en 2001, el entonces presidente Bush ordenó que drones armados aniquilaran a miembros de Al Qaeda, primero en Afganistán y luego en Somalia, Yemen y Pakistán. A día de hoy estas operaciones militares se mantienen sobre el terreno.

La Directora de Relaciones Internacionales del Instituto de Seguridad Global, Yana Korovko, explica que todas las operaciones que utilizan aviones no tripulados por parte de la CIA y el Pentágono se basan en el principio de que “mientras haya que eliminar una amenaza inminente, el uso de aviones no tripulados está legalmente justificado.” En otras palabras, las normas y la naturaleza de las operaciones dependen en gran medida de esta supuesta amenaza (un concepto bastante subjetivo).

Por lo tanto, desde un punto de vista legal, el uso de aviones no tripulados se haya en una posición muy ambigua, incluso a nivel de la legislación nacional estadounidense. No obstante, el Director de la Central Intelligence Agency (CIA), John Brennan y el Fiscal General de Estados Unidos, Eric Holder, han afirmado en varias ocasiones que este tipo de ataques no sólo son plenamente compatibles con el derecho internacional, sino también la ética y la viabilidad.

El caso de Pakistán es paradigmático: un país con el que formalmente Estados Unidos no ha entrado en guerra y cuya población sin embargo sufre una amenaza intermitente, pero constante, desde 2004. A partir de 2008 la frecuencia de estos ataques aumentó, alcanzando su máximo en 2010, en lo que podrían constituir crímenes de guerra, tal y como recoge Amnistía Internacional en su informe “Will I be next?’ US drone strikes in Pakistan”.

A día de hoy no existe un registro público de cuándo y dónde estos ataques han tenido lugar, este secreto ha permitido a Estados Unidos actuar impunemente e impedir que las víctimas reciban justicia o indemnización. Ninguna autoridad ni agente estadounidense ha rendido cuentas por los homicidios ilegítimos perpetrados con “drones” en Pakistán. En este contexto, un nuevo proyecto de investigación realizado por The Bureau of Investigative Journalism ha estudiado recientemente los tipos de blancos atacados en cada ataque de drone – ya sean casas, vehículos o madrasas (escuelas religiosas) – y la hora del día a la que se produjo el ataque. Incluye un mapa interactivo donde se registran los puntos de los ataques según su tipología, y recoge la evolución de los ataques perpetrados desde junio de 2004 hasta diciembre de 2013.

Según estos datos, 704 de los 2.379 muertos por ataques con drones entre estas fechas han sido identificados, y sólo 295 de ellos fueron identificados como miembros de algún tipo de grupo armado, de los cuales sólo 84 se identifican como miembros de Al Qaeda – menos del 4% del número total de muertos.

Pero hay más. La investigación revela que los edificios domésticos siguen siendo el blanco más frecuente de los ataques con aviones no tripulados. Tanto en Afganistán como en las áreas tribales de Pakistán, las personas tienden a vivir en edificios que se describen en el estudio como “compounds”, edificios utilizados por muchas familias, en los que conviven hermanos y primos hermanos, aunque cada familia tiene su propia parte o espacio. Normalmente viven entre 20-25 personas en un compuesto, pero en algunos casos, más de 50.

A diferencia de otras campañas, en Afganistán solo dos naciones operan con aviones no tripulados armados: el Reino Unido y Estados Unidos, y es por ello que estas bajas no son registradas ni contabilizadas propiamente. En el primer semestre de 2014, el último informe de la UNAMA (Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán) documenta que se habían identificado ocho muertes de civiles en ataques con drones – pero al mismo tiempo advierte que estas cifras pueden estar subestimadas.

El Reino Unido, que ha llevado a cabo más de 300 ataques con drones en el país, ha declarado constantemente que sólo tiene conocimiento de un incidente en el que murieron civiles: una huelga de marzo de 2011 que mató a cuatro agricultores. En diciembre de 2013, tres meses después del ataque en el distrito de Watapur, entonces secretario de Defensa, Philip Hammond, reiteró esta afirmación en un artículo de opinión Guardian. En contraste, EEUU no ha reconocido públicamente ninguna responsabilidad en los ataques de Watapur de 2013, pese a que los hechos han sido denunciados por la prensa internacional.

EEUU ha estado llevando a cabo extensas operaciones militares encubiertas en Somalia desde los ataques del 11 de Septiembre de 2001. Joint Special Operations Command (JSOP) es la agencia del Pentágono para llevar a cabo sus operaciones de lucha contra el terrorismo en Somalia, aunque la CIA también tiene una fuerte presencia.

El objetivo principal de Estados Unidos en Somalia es Al-Shabaab, el grupo militante que controla gran parte del sur del país. El 9 de febrero de 2012, el líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, anunció que Al-Shabaab se había convertido formalmente una franquicia de Al Qaeda. Durante dos décadas de conflicto en Somalia, su frágil gobierno invitó a fuerzas externas para ayudar a combatir esta amenaza. EEUU actualmente lleva a cabo operaciones intensivas contra los militantes de este grupo, y el último ataque con drones se ha registrado en septiembre de 2014.

Los Estados Unidos tiene alrededor de 2.500 efectivos militares en la región del Cuerno de África. Ha prestado apoyo a los organismos y misiones de paz internacionales, como la Misión de la Unión Africana en Somalia – AMISOM. En junio de 2011, EEUU comenzó a llevar a cabo ataques con aviones no tripulados en el Estado fallido, y se han registrado al menos 10 operaciones de combate estadounidenses en Somalia en los últimos cinco años. The Bureau of Investigative Journalism ha recopilado en un estudio las muertes causadas por ataques de drones en Somalia desde 2001 hasta 2014.

Tanto el Pentágono como la CIA han estado operando con aviones no tripulados en Yemen. El Comando Conjunto de Operaciones Especiales – o JSOC – es la fuerza de élite acreditada para lanzar ataques en Yemen destinadas a derrotar a Al-Qaeda y, más recientemente, Ansar al-Sharia. Acciones contra los presuntos militantes se llevan a cabo en operaciones combinadas que implican tanto la CIA como el JSOC, por ejemplo el asesinato de Anwar al Awlaki en septiembre de 2011.

La actividad de Estados Unidos consiste en lanzar ataques con misiles de crucero, bombardeos navales, ataques aéreos y más recientemente, ataques con aviones no tripulados lanzados desde el campamento Lemonnier en Djibouti y en otros lugares. Los ataques son a veces en combinación, o con apoyo de los militares de Yemen.

Como Yemen estuvo bajo presión severa durante los levantamientos árabes, y grupos islamistas  tomaron el control de las ciudades y pueblos en el sur, EE.UU. ha aumentado significativamente sus ataques, sobre todo con aviones no tripulados, desde 2011. El Bureau también ha realizado un registro de las operaciones encubiertas de Estados Unidos en Yemén desde 2001 a 2011 pues estos datos no están recogidos en ningún organismo oficial.

La promesa estadounidense de aumentar la transparencia en torno a los ataques con aviones no tripulados, subrayada por un gran discurso sobre política en materia de drones pronunciado por el presidente Barack Obama en mayo de 2013, aún no se ha hecho realidad, y Estados Unidos sigue negándose a divulgar incluso la información más básica sobre los hechos acontecidos en estos países.

En su discurso, Obama recalcó que estos ataques eran legales, y lo justificó como sigue: “Fuimos atacados en 9/11. Al cabo de una semana, el Congreso autorizó el uso de la fuerza. En virtud del derecho interno y el derecho internacional, Estados Unidos está en guerra con Al Qaeda, los talibanes y sus fuerzas asociadas. Esto es una guerra justa – una guerra librada proporcionalmente, en última instancia, y en defensa propia.”

El día anterior a este discurso, el Gobierno de Barack Obama había reconoció por primera vez la muerte, en los últimos años, de cuatro ciudadanos norteamericanos, uno de ellos de forma deliberada, en ataques de drones en Yemen y Pakistán. Pero al margen de estas declaraciones, hasta ahora ninguna autoridad ni agente estadounidense ha rendido cuentas por los homicidios perpetrados por drones a civiles de otras nacionalidades. EEUU se ampara en su “estrategia antiterrorista” para tratar de justificar una continua política de focalización de objetivos civiles en la región, y la información relativa a estas muertes permanece clasificada.

 

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  1. […] Barack Obama ya definió en el pasado  estos ataques como “legales” además de útiles para salvar vidas (http://www.abc.es/internacional/20130523/rc-obama-defiende-drones-pero-201305230151.html). En esa misma intervención empleo como argumento para su uso el hecho de que su país está en guerra con Al Qaeda, los talibanes y sus fuerzas asociadas.  Siendo una “guerra justa, una guerra librada proporcionalmente, en última instancia, y en defensa propia.” (http://91.134.140.252/?p=3430) […]

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