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Jordania y Daesh: ¿una amenaza creciente?

La reina Rania de Jordania camina durante una marcha contra el terrorismo en Amman, Jordania

Por Victoria Silva

En medio del caos que suponen el conflicto en Siria e Irak y la ocupación en Palestina, Jordania lucha por mantener la estabilidad política y social en una de las regiones más convulsas del planeta. La explosión de un coche bomba en la frontera de Siria con Jordania que mató ayer a seis soldados jordanos e hirió a otras 14 personas está aumentando los temores de que la violencia en Siria se está extendiendo al Reino Hachemita.

Así mismo, el pasado 6 de junio el campo de refugiados palestinos de Baqaa, al norte de Amán, amanecía con un ataque en el que cinco oficiales pertenecientes al Departamento de Inteligencia General (DIG) perdieron la vida. En apenas 24 horas el sospechoso fue arrestado y, aunque no ha habido información oficial sobre la autoría del ataque, todo apunta a que se trata de un lobo solitario vinculado a Daesh.

Además, el pasado mes de marzo, las fuerzas de seguridad desarticularon una célula local de Daesh en Irbid, al norte del país, tras un tiroteo en el que siete de los sospechosos resultaron fallecidos.

Una amenaza interna

Jordania tiene el triste logro de ser célebre por ser la cuna de uno de los yihadistas más sanguinarios de todos los tiempos: Abu Musab al Zarqaui. Siguiendo sus pasos, cientos de jóvenes jordanos han engrosado las filas tanto de Al Qaeda y sus grupos afines como de Daesh. De hecho, y pese a haber recibido escasa repercusión mediática, Jordania se encuentraba en 2015 en el top ten de los países con más militantes luchando en Siria e Irak. No existen cifras oficiales al respecto, aunque se habla de en torno a unos 1.500-2.000 jóvenes jordanos en las filas de los distintos grupos yihadistas. Sin embargo, Jordania es el país líder en porcentaje per cápita con respecto a su población con 315 milicianos por millón de habitantes.

Aunque, con excepción de los atentados en Amán en 2005, el fenómeno yihadista no han representado, por el momento, una grave amenaza interna para el país, la dimensión del número de combatientes jordanos en Siria e Irak ha disparado todas las alarmas.

Aunque el apoyo a Daesh ha crecido en el país durante los últimos años, el movimiento salafista-yihadista en Jordania no es homogéneo al respecto. Su líder espiritual (y lider inicial de Al Qaeda en Irak) Abu Mohammed al-Maqdisi, criticó a Daesh por asesinar a musulmanes y no reconoce su califato. Sin embargo, otros líderes salafistas como Abu Mohammad al-Tahawi, de Irbid, y Mohammed al-Shalabi, de Ma’an, más conocido como Abu Sayyaf, criticaron a al-Maqdisi por posicionarse a favor del régimen y su brazo armado, si bien niegan una presencia organizada de Daesh en Jordania.

De hecho, Ma’an, al sur del país, es uno de los principales focos de reclutamiento, junto con Zarqa, al norte de Amán, y Salt, al este de la capital.

La siempre postergada descentralización del poder político, concentrado en Amán, tiene como consecuencia una escasa presencia del Estado fuera de la capital. Esta concentración de la vida política nacional junto con la opresión policial han resultado factores determinantes en el reclutamiento por parte de los grupos yihadistas. De hecho, la pobreza, el desempleo, un bajo nivel económico o educativo no explican por qué los jóvenes jordanos marchan a la yihad. Un estudio de Mercy Corps expone que en la mayoría de los casos estudiados, aquellos que marcharon a Siria e Irak, tenían trabajo y familia e incluso estudios superiores, siendo las universidades uno de los principales focos de reclutamiento.

El parlamento jordano aprobó una nueva ley antiterrorista, que expande enormemente la definición de “terrorismo”, incluyendo cualquier acto que fomente la sedición, cause daños a la propiedad y ponga en peligro las relaciones internacionales. Cualquier jordano que sea un cambiente retornado de Siria es inmediatamente arrestado y se enfrenta a penas que van desde los 10 años de prisión a la pena de muerte.

Telón de acero en la frontera siria

Pese a que el mayor peligro que sufre el país es de carácter interno, no se descuida la seguridad en las fronteras con Siria e Irak. Aunque en ocasiones Daesh ha apelado a la retórica de conquistar el reino hachemita, la realidad es muy diferente. De hecho, un ataque a Jordania podría verse como una línea roja. El reino es uno de los mayores aliados de Estados Unidos en la región.

Desde 2008 Estados Unidos está construyendo una valla electrificada para controlar los movimientos en la frontera, lo que se ha visto incrementado con el conflicto sirio y la expansión de Daesh. Además, aunque oficialmente la presencia de personal militar estadounidense en suelo jordano apenas supera la cincuentena, en realidad se estima que existen en torno a 12.000 militares sobre el terreno.

Además, se han vivido algunos episodios violentos, como el asesinato de tres personas que intentaban cruzar ilegalmente la frontera desde Siria el pasado 11 de junio por parte del ejército jordano. Existen algunos choques en la provincia de Daraa, al sur de Siria y pegada a la frontera jordana, entre yihadistas y otros grupos rebeldes que, supuestamente, son apoyados e incluso infiltrados por el ejército jordano.

Pero la principal amenaza que Daesh supone para Jordania no es militar, es económica. Tanto el flujo de refugiados sirios e iraquíes (en torno a un millón de personas), como el cierre de la frontera siria e iraquí suponen graves pérdidas económicas para el país, que sigue dependiendo en gran medida de la ayuda internacional. Los últimos reveses sufridos por los yihadistas en Irak podrían facilitar la reapertura de la frontera iraquí y la reactivación de los intercambios económicos entre los dos países.

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