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¿Islam vs occidente? / ¿Estado Islámico vs Islam?

Por Javier Blanco

Samuel Huntington (profesor de ciencias políticas en la universidad de Harvard, EEUU) afirmó en los 90 que los conflictos internacionales estarían marcados por un choque o guerra de civilizaciones, entendiendo a Occidente como una civilización y al islam como otra (entre otras). Lo cierto es que este choque ya figuraba en el imaginario colectivo antes de Huntington, observable en el título del libro de Robert Fisk, la gran guerra por la civilización (el cual trata conflictos de Oriente Medio siglo XX y XXI), haciendo referencia al grabado que aparece en una medalla al mérito de la I Guerra Mundial, otorgada al padre del autor.

Asumir la dialéctica de Huntington (tildado de racista en ocasiones), es aceptar que dos civilizaciones están hoy enfrentadas (Islam versus Occidente), y por consecuencia entender y simplificar el actual conflicto mundial a un drama de opuestos entre lo bueno y lo malo. La guerra de civilizaciones, puede llegar a convertirse en una peligrosa “realidad performativa”, mediante la simulación del choque por parte de los mass media y las instituciones, ya sea por intereses de quien los controla o por torpeza e ignorancia. La dialéctica del choque solo consigue enfrentar a los pueblos, a las “civilizaciones”, mediante una somatización hipocondríaca del conflicto por parte de los pueblos en conflicto.

Osama Bin Laden (conocido líder de Al-Qaeda) estaba más que encantado con el supuesto enfrentamiento entre civilizaciones, dado que mientras más intervenciones occidentales haya en tierras islámicas, más crece el odio de la población musulmana hacia occidente, y más fácil es el crecimiento de las filas terroristas. Al igual que mientras más ataques terroristas en suelo occidental, mayor islamofóbia y permisividad de la población occidental hacia pérdidas de derechos y libertades internas en pro de la seguridad nacional; a la par que mayor apoyo hacia intervenciones militares en

Oriente Medio, aunque estas causen las tristemente llamadas víctimas colaterales, que no son más que asesinatos de población civil inocente. Como también eran civiles inocentes las víctimas de los fatídicos 11-S de Nueva York, 11-M de Madrid, 7-J de Londres o el más reciente 13-N de París.

Aunque más allá del factor religioso, actúan con mayor peso factores geopolíticos y geoestratégicos en la génesis y crecimiento de radicalismos, es necesario hacer hincapié en el factor religioso para así denunciar el falso islam anti-musulmán que profesan los terroristas mal llamados yihadistas – en el pensamiento mayoritario islámico la yihad (“esfuerzo” o “lucha” en castellano) es el esfuerzo o lucha interno del creyente para persistir el resto de su vida en la fe musulmana tanto como sea le posible-.  que distorsionan y apropiarse del concepto de yihad.

El error en que se suele caer desde occidente es pensar que el islam es monolítico, cuando este está dividido en muy variadas ramas, fundamentalmente sunnitas y chiitas, siendo los sunnitas los mayoritarios con alrededor del 80% de la población musulmana mundial. Existen diversas interpretaciones del Corán en materia jurídica, habiendo cuatro escuelas (fiqth) derivadas de la interpretación sunní del islam: Hanafí, Malikí, Shafí´i y Hanbalí. La última, la escuela Hanbalí, (surge de la mano de Ibn Hanbal en el siglo IX), siendo la minoritaria en el mundo musulmán sunní (más tarde llamada “Salafismo”) se trata de una interpretación literalista y radicalizada del Corán, mientras que las demás interpretaciones del islam dejan, en mayor o menor medida, un lugar a la racionalidad y apertura a la hora de interpretar.

El salafismo resurge en el siglo XVIII con el clérigo arábe Ibn Abdu al-Wahhab, que radicaliza su postura tras estudiar al salafista Ibn Taymiyyah, y da lugar al hoy llamado wahabismo, el cual lleva la aplicación de la sharia (ley islámica) en su versión más rigorista e inhumana, (penas capitales como decapitaciones, crucifixión… para adulterios, homosexualidad, etc.). En el mismo siglo (XVIII) se convierte en la corriente religiosa oficial de la actual monarquía feudal y absolutista de Arabia Saudí.

El wahabismo experimenta una escalada en su difusión en 1938, cuando se encuentran los yacimientos de petróleo en Arabia Saudí, y este país puede extender su visión distorsionada del islam al resto de países musulmanes. Aun así, el wahabismo sigue siendo minoritario y visto como anti-islámico por el resto de la comunidad musulmana, pero a partir de aquí se comenzarán a sentar las bases de radicalización contemporánea. Surgiendo en Egipto (a principios del siglo pasado) pensadores radicales wahabíes como Sayyid Qutb (llegando el hermano de Qutb a ser profesor de Osama Bin Laden). Sayyid, más tarde inspira a Sukri Mustafá, el cual llega a radicalizarse más aún que Sayyid Qutb, y en 1969 creará la secta Takfir Wal Hijra; la cual gana más adeptos tras la ejecución en 1978 de Sukri Mustafá (por asesinar al ministro de asuntos religiosos egipcio). Secta de la que se nutre ideológicamente el yihadismo radical y a la que pertenecen los terroristas de Al-Qaeda o DAESH.

El takfirismo, etimológicamente tiene origen en la palabra “kafir”, que significa infiel, así mismo esta ideología considera infieles, apóstatas y traidores al islam a todos los musulmanes que no sigan los preceptos takfiríes, llegando así a justificar los asesinatos de otros/as musulmanes/as.

Considerando incluso necesario el exterminio de los musulmanes que no comulguen con el takfirismo, por ser malos musulmanes y dificultar el avance del “verdadero islam”. Teniendo también como objetivo a otras minorías religiosas, étnicas y al mundo occidental. Por tanto, al takfirismo también le beneficia la narrativa de guerra de civilizaciones, posicionándose en ella.

Usando un símil cristiano, el takfirismo sería como la excomunión, y el Islam mayoritario excluye que los musulmanes puedan excomulgarse entre sí. El Corán dice que quien mata a un hombre está atentando contra toda la humanidad, y también llama a la tolerancia y la convivencia con los no musulmanes, indicando que la humanidad está hermanada y se creó sobre una sola alma. Por lo tanto, los integrantes de DAESH no serían, en sentido estricto musulmanes, visto que están violando directamente los libros sagrados del islam. Y esto lo dice desde hace tiempo la misma comunidad musulmana; En 1966, el Gran Sheik de Al-Alzahar, primera autoridad religiosa de Egipto planteó: “¿Cómo puede ocurrir que una persona que mata mujeres, niños, ancianos y personas inocentes en general, pueda ser llamado mártir?”.

La misma comunidad musulmana contemporánea (tanto chií como sunní) rechaza que los wahabíes y takfíries (ISIS o Al-Qaeda) estén dentro del islam. Incluso mucho antes, ya surgió una gran oposición desde dentro del islam hacia el wahabismo, plasmada en el libro del siglo XIX, “Wahabismo no es islam” de Ayub Sabri Pasha, (contralmirante del 34º sultán Otomano) en el que se pretende recoger en esencia que: “los Wahabies son uno de los grupos que se llaman a sí mismos musulmanes mientras, de hecho, se esfuerzan en demoler el Islam.”

Sabiendo que el terrorismo yihadista no es islam, surge el paradigma sobre el crecimiento de estas organizaciones. Una de las claves es la geopolítica del caos, la cual está basada en intervenciones internacionales que crean inestabilidad en oriente medio y el Magreb, ya sea armando a grupos locales de los cuales luego surgen radicalismos, o por intervención directa. Injerencia internacional que persigue favorecer intereses financieros y geoestratégicos de occidente y de sus aliados.

Generando situaciones de extrema vulnerabilidad social, (miedo, muerte, miseria, etc.) que dan vía libre a la difusión de estos principios teóricos (takfir-wahabismo) entre capas de población cuyo único acceso cultural son este tipo de doctrinas Sin un conocimiento claro y previo sobre el islam, no resulta demasiado extraño que la radicalización y adhesión a filas terroristas sea un hecho. Y a esto va unida la creciente islamofobia alimentada por los mismos grupos terroristas wahabíes, que con cada atentado en occidente ponen más al filo de la navaja a los musulmanes (o de ascendencia islámica) residentes en occidente, lo cual también es un objetivo de cara a la radicalización. Se genera una percepción de rechazo y desafección con el país occidental al que pertenecen, por dificultades de integración y aceptación del resto de población, y puesto que esta población musulmana o de ascendencia islámica suele tener escaso conocimiento del islam, la realidad de los países musulmanes les salpica en forma de facilidades de radicalización.

El presidente francés Hollande (y parte de la comunidad internacional), tras los atentados de París del 13-N adoptó un discurso belicista calificando estos de actos de guerra, e intensificando los bombardeos sobre la ciudad siria de Raqqa (la capital del DAESH), en la cual viven en torno a los 150.000-200.000 mil habitantes de población civil que han sido tomados como rehenes de los terroristas, y las filas del DAESH no suman más de 35.000-50.000 entre todo su territorio. Todo apunta a que ha hubo víctimas civiles, aunque no es totalmente verificable. Esta no es la solución para acabar con el terrorismo, las intervenciones y bombardeos dan la razón a los yihadistas. Y como dice el Coronel del ejército de tierra español, Pedro Baños, experto en geoestratégia, terrorismo y en Oriente Medio:”Lo que busca el ISIS es establecerse en una región concreta; sus objetivos son exclusivamente regionales, aparte no tienen la capacidad ni de lejos para expandirse a otras zonas del mundo. No tienen una sola defensa aérea y hablamos de tropas malamente instruidas”.

Desmontando así la (supuesta) gran amenaza que sufrimos los occidentales, cuando más del 90% de víctimas del Estado Islámico son los propios musulmanes, siendo así la población islámica el principal objetivo del ISIS. Según Olga Rodríguez, periodista especializada en Oriente Medio,  “con cada bomba sobre determinadas zonas de Siria, con cada discurso desafiante o racista, el ISIS ganará nuevos adeptos no solo en Oriente Próximo, sino también en barrios deprimidos de Europa como en el que vivía uno de los terroristas de París”.

La asunción de la dialéctica del choque deviene del desconocimiento de lo diferente, y la ignorancia puede generar miedo, y el miedo genera odio. Miedo al Islam desde occidente, odio y miedo a occidente desde el islam. Por lo que debemos marcarnos la urgente tarea de eliminar de la sociedad la peligrosísima y falsa conexión ideológica entre islam y terrorismo, evitando entrar en un bucle de radicalización yihadista wahabita y radicalización islamófoba occidental. Siendo el mayor enemigo del islam, el wahabismo takfirí terrorista, hoy encarnado en el DAESH, (entre otros) y los países que lo financian directa o indirectamente, como Arabia Saudí o Qatar (aliados de occidente).

Compartiendo responsabilidad las instituciones de Turquía o Israel (entre otros países), que hacen la “vista gorda”, porque con ISIS activo siempre pueden justificar sus barbaridades con un “la alternativa a mí sería el ISIS, que son peores que yo”. Barbaridades como la de Turquía, que bombardea a su enemigo histórico, los kurdos, que son la principal resistencia armada terrestre que frena el avance territorial de DAESH.

Para más información acerca del texto original: La variedad

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