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Francia contra el Estado Islámico

Verónica Sánchez Moreno

Irak. 9:40h del viernes 19 de septiembre. Cazas Rafale procedentes de la base militar francesa en Abu Dhabi bombardean posiciones del Estado Islámico (EI o IS en sus siglas en inglés). “El objetivo fue alcanzado y completamente destruido”, reza un comunicado del presidente de la República, François Hollande, que confirma haber acabado con un centro logístico del ‘califato’, con vehículos, armas y carburante, en la región de Mosul. Comienza la ofensiva de Francia contra el Estado Islámico.

Desde entonces, cadenas de radio, televisión, periódicos y diarios digitales del país galo centran sus informaciones en los ataques al IS. “El combate contra los terroristas es también el nuestro”, afirma Hollande, cuyo gobierno no dudó un instante a la hora de formar parte de la alianza y participar activamente en los ataques para combatir, con Estados Unidos al frente, al que parece la mayor amenaza para la estabilidad internacional, el Estado Islámico, en Irak y Siria.

“Francia no tiene miedo”, afirmaba el pasado día 22 de septiembre el ministro del interior galo, Bernard Cazaneuve, tras la publicación de un vídeo de Abou Mohammed al-Adnani, portavoz del EI, en el que realizaba un llamamiento a los simpatizantes del grupo terrorista a matar a ciudadanos, civiles o militares, de los países de esta coalición.

Pero la conmoción sacudía el país europeo dos días después, ante el asesinato de Hervé Gourdel en Argelia, decapitado por el grupo Jund al-Khilafa (Soldados del Califato), leales a Abu Bakr al Baghdadi y que antes formaba parte de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). El asesinato de este guía de alta montaña de 55 años, natural de Niza y padre de dos hijos, se producía cuatro días después de que fuese secuestrado al norte del país argelino. Durante su cautiverio, el cabecilla de la milicia yihadista, Abdelmalek Gouri, alias Khaled Abou Souleimane, había amenazado directamente con acabar con su vida si Francia participaba en los ataques al Estado Islámico, dando un ultimátum de 24 horas para que se diese fin a los mismos.

Todos los periódicos franceses salían el 25 de septiembre con la noticia del asesinato de Gourdel en portada; tan parecido al de James Foley y Steven Sotloff, grabado en vídeo y publicado en internet, como los de los periodistas. “De la amenaza a la ejecución” titulaba el diario Libération. “Hervé Gourdel ha sido asesinado porque era francés, porque su país combate el terrorismo”, declaraba el mismo día en que se conocía el asesinato el presidente François Hollande, desde Nueva York donde asistía a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). “Esta agresión contribuye a reforzar mi determinación”, afirmaba categórico Hollande, “Francia no cederá jamás al terrorismo porque es su deber y, además, porque es su honor”.

Horas antes de conocerse el asesinato de Gourdel, la clase política francesa cerraba filas en apoyo a la operación contra el Estado Islámico en Irak, tras el debate encabezado por el primer ministro francés, Manuel Valls, en la Asamblea Nacional. “Francia asume sus responsabilidades porque es miembro permanente del Consejo de Seguridad, porque la seguridad de Europa está amenazada, porque nuestra seguridad está en juego como nunca lo ha estado a lo largo de los últimos años”, declaraba Valls, que defendió la legitimidad de la operación.

El 26 de septiembre, frente a la Gran Mezquita de París, los musulmanes franceses se manifestaban por primera vez contra el ‘Califato’ del Estado Islámico y mostraban su repulsa al asesinato del guía de montaña francés. “Homenaje a Hervé Gourdel”, “No en mi nombre” o “Mis sinceras condolencias a la familia de Hervé Gourdel”, rezaban las pancartas portadas por algunos de los alrededor de 2000 manifestantes que se concentraron, con el presidente del Consejo francés de cultura musulmanes, con el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, al frente. “Nosotros, musulmanes de Francia, decimos alto a la barbarie. Esta manifestación es la expresión fuerte y viva de nuestra voluntad de unidad nacional y de nuestra voluntad inquebrantable de vivir juntos”, proclamaba Boubakeur durante la concentración, a la que asistieron políticos como la alcaldesa de París, Anne Hidalgo o la jefa de la oposición en el Consejo de París, Nathalie Kosciusko-Morizet, según el diario Le Figaro.

Mientras, la alerta ante un atentado yihadista en el país sigue creciendo. El Arco del Triunfo de París era desalojado la mañana del día 24 por amenaza terrorista (esta periodista se encontraba dentro del monumento en el momento de la evacuación). Y el primer ministro iraquí, el chií Haidar al Abadi, declaraba a la prensa el pasado jueves en Nueva York, durante la reunión de la ONU, que su país había recibido información de Inteligencia “creíble” de que el Estado Islámico planea “llevar a cabo ataques en los metros de París y Estados Unidos”. “Hoy, mientras estoy aquí, estoy recibiendo informes precisos de Bagdad, donde ha habido el arresto de varios elementos, y hay redes planeando desde dentro de Irak perpetrar ataques”, señalaba al Abadi al tiempo que afirmaba que estos planes no han sido abortados pero que desconoce si son inminentes.

En el principio de la ofensiva de la coalición contra el Estado Islámico la alerta en los países occidentales ante un posible ataque se eleva. Occidente y, por supuesto, Francia, se blinda ante posibles ataques a sus ciudadanos en el extranjero o en su territorio nacional, mientras, los Rafale siguen despegando de Abu Dhabi.

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