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Evolución estratégica y operativa de Wilayat al-Sina, filial de Daesh en Egipto

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Por Luis Antonio González Francisco

La existencia de Ansar Beit Al Maqdis (Seguidores de Jerusalén) era prácticamente una incógnita hasta el día 23 de septiembre de 2012, fecha en la que se difundió un comunicado en el que el grupo reivindicaba la autoría de un ataque contra una patrulla fronteriza del Tshal, el ejército israelí, en una zona denominada Monte Jarif, en el desierto del Neguev. La motivación  esgrimida para justificar esta acción fue la difusión del vídeo “La inocencia de los musulmanes” que desató protestas en varios países. El atentado se cobró la vida de un soldado y de tres atacantes, además de causar heridas a otro militar.

En 2013, Ansar Beit al Maqdis experimentó una evolución tanto en el ámbito geográfico de actuación como en la designación y adquisición de objetivos de mayor nivel. Medinat Nasr, distrito residencial de la capital egipcia fue escenario el 5 de septiembre del intento de asesinato del Ministro del Interior Mohammed Ibrahim. El método empleado fue un coche bomba conducido por un suicida que, si bien no alcanzó su objetivo ya que Ibrahim salió ileso, sí que causó heridas a más de 20  personas. El 17 de noviembre, el mismo distrito cairota fue nuevamente escenario de un atentado, en esta ocasión contra Mohamed Mabruk, teniente coronel de la Seguridad Nacional de Egipto que falleció tras haber recibido varios impactos de bala. Dos días después, Ansar Beit al Maqdis difundió un comunicado afirmando que su Batallón Mu’tassim Billah había sido responsable del ataque.

En diciembre de ese año, a través de una grabación de vídeo, un individuo que decía ser miembro del Tribunal de la Sharia de Aleppo del entonces conocido como Estado Islámico de Irak y el Sham (ISIS) ofreció apoyo y asesoramiento, sin nombrar a ningún grupo en concreto, a los “hermanos muyahidines en el Sinaí“. Días antes, Ansar Beit Al Maqdis, también a través de un video, difundió mensajes de Abu Muhammad al ‘Adnani al Shami, portavoz de Daesh, en el que llamaba a los egipcios a tomar las armas contra el ejército de su país.

Poco después, el 25 de enero de 2014, cerca de la ciudad de Sheij Zuwayed, al norte del Sinaí, cayó un helicóptero militar egipcio causando la muerte sus cinco tripulantes. Desde fuentes del ejército se dijo que la caída fue debida a un accidente, mientras que Ansar Beit al Maqdis reivindicó la autoría afirmando haber empleado un misil tierra-aire. Sea como fuere, el hecho fue significativo ya que si el grupo había adquirido capacidades para derribar aeronaves estas hacían aumentar su peligrosidad ya que podría poner en peligro no sólo aparatos militares sino también civiles.

El 28 de enero, en la concurrida avenida de las Pirámides de la capital egipcia, dos hombres armados subidos en una motocicleta realizaron un par de disparos que acabaron con la vida del General Mohamed Said, pieza fundamental en el organigrama del Ministerio del Interior, encargado de transmitir las órdenes del ministro a los diferentes departamentos,  razón por la cual su identidad debería permanecer en secreto. Esta acción fue rápidamente reivindicada por Ansar Beit al Maqdis al igual que otros cuatro atentados perpetrados días antes en El Cairo que se cobraron la vida de seis personas, y dejaron más de un centenar de heridos. En esta ocasión lo destacable fue que el grupo difundió los nombres de los policías  fallecidos en los atentados. Esta sucesión de ataques contra objetivos de medio y alto nivel concentrados en la capital egipcia, un lugar alejado de sus bases en el Sinaí, así como el hecho de manejar información con un alto nivel de elaboración sobre identidades, horarios y trayectos de sus víctimas parecen ser sintomáticos de que el grupo cuenta, o contaba en el momento de los ataques, con una infraestructura estable en la capital que le facilitase los datos necesarios para la ejecución exitosa de los atentados así como, en los dos últimos, una vía de escape factible y segura.

A mediados de febrero, el grupo abrió un nuevo frente para golpear un sector estratégico clave para la economía egipcia: el turismo. El ataque se materializó contra los complejos hoteleros del Mar Rojo, la única zona del país que mantenía un nivel aceptable de turistas. En la ciudad de Taba un suicida hizo detonar un cinturón de explosivos tras subirse a un autobús de turistas surcoreanos matando a tres de ellos y al conductor del vehículo además de dejar una quincena de heridos, en lo que fue un duro golpe a un sector que, según datos oficiales, en ese momento representaba más de un 11% del PIB de Egipto, y empleaba a un 12,5% de la mano de obra del país.

El día 3 de noviembre el miembro de Daesh Abu Muhammad al-Maqdisi pidió a los grupos yihadistas que convirtiesen El Cairo en un caos, señalando como objetivos, entre otros, los poderes político y judicial además de la economía. Al día siguiente se produjo un hecho un tanto rocambolesco: se publicó la adhesión a Daesh de Ansar Beit al Maqdis información que el grupo desmintió horas después.

Finalmente, el día 10 de ese mismo mes, Ansar Beit al Maqdis anunció públicamente y de manera “oficial” que se comprometía a “escuchar y obedecer” al líder de Daesh Abu Bkr Al Bagdhadi, de esta manera el grupo proclamaba el bayat (juramento de lealtad) al autodenominado Califa Ibrahim. A partir de ese momento pasaba a actuar bajo el nombre de Wilayat al-Sina (Provincia del Sinaí) convirtiéndose en la filial egipcia del “Estado Islámico”. Pocos días después en una grabación de audio de 17 minutos atribuida al propio Al Baghadi, este hacía referencia a la adhesión al “Califato” de Ansar Beit Al Maqdis.

Por esas fechas, el politólogo Zack Gold afirmaba que algunos miembros de Ansar Beit Al Maqdis habían combatido junto a miembros de Daesh en Siria, lo que les supuso la adquisición de capacidades y competencias en el manejo de armas y explosivos, conocimientos que posteriormente pondrían en práctica en Egipto. La unión a Daesh se habría materializado en reuniones con emisarios del grupo egipcio en la ciudad siria de Raqqa. En el encuentro de octubre de 2014 que pondría fin a las negociaciones habrían participado dos representantes de Ansar Beit Al Maqdis para cerrar una adhesión que supondría para su organización un mayor flujo monetario, de armamento y de efectivos.

Algunos días más tarde del bayat y ya como Wilayat al-Sina, el grupo reivindicó un atentado que se cometió en el mes de octubre de ese mismo año contra un puesto de control en las cercanías de la ciudad de Al Arish, al norte del Sinaí, que fue efectuado mediante una “operación de martirio” consistente en la detonación de un vehículo cargado con explosivos y que derivó posteriormente en combates los cuales se saldaron con la muerte de al menos 31 soldados egipcios.

Al inicio del presente año, la estrategia de Wilayat al-Sina volvió a experimentar un salto cualitativo en cuanto a capacidades y objetivos. El 29 enero atacó la mayor y más segura instalación que el ejército egipcio posee en el Norte del Sinaí: el conocido como Batallón 101 ubicado en la ciudad de Al Arish. Dos vehículos bomba conducidos por suicidas detonaron su carga en las inmediaciones del lugar en una maniobra de distracción que permitió que otro suicida a bordo un camión cisterna armado con diez toneladas de explosivos pudiese penetrar a través de una de las puertas del batallón causando gran cantidad de daños. Paralelamente, la sede de la Dirección de Seguridad en la misma ciudad recibió el impacto de diez morteros y un coche bomba que produjeron más de un centenar de heridos. Casi de manera simultánea tuvieron lugar distintos ataques contra puestos de control en Rafah y en Sheikh Zuwaid. Los atentados, reivindicados al día siguiente, habían causado la muerte de al menos 30 soldados. Una acción de estas características puso de manifiesto la existencia de una inteligencia previa sobre los objetivos, una notable disposición de medios materiales y humanos así como una coordinación entre estos últimos para aprovechar el factor sorpresa derivado de la sincronización de los ataques en diferentes instalaciones y ciudades.

Estos hechos volvieron a cobrar relevancia en la localidad de Sheikh Zuwaid, concretamente en la mañana del día 1 de julio, cuando fueron objeto de otro ataque coordinado contra varios puestos de control en el que se emplearon coches bomba, lanzagranadas RPG, morteros, minas y armas antiaéreas. Los combates se prolongaron durante 10 horas, siendo decisivo el empleo de aviones F-16 Falcon de la fuerza aérea de Egipto para repeler a los yihadistas.Tres días después, dos cohetes Grad fueron lanzados contra territorio israelí, impactando en áreas abiertas en la región de Negev. Wilayat al-Sina se atribuyó la autoría en represalia por los que considera un apoyo de Israel a Egipto.

La estrategia de Wilayat al-Sina parece haber ido evolucionando desde el terrorismo “convencional”, es decir atentados mediante tiroteos o bombas, empleando a veces para estas últimas suicidas; hasta operaciones mucho más elaboradas en las que también ha habido “operaciones de martirio”, como complemento a acciones más propias de una insurgencia. Israel parece haberse transformado en un objetivo secundario pasando Egipto a convertirse en el principal. Este podría dividirse en dos frentes diferenciados: El Cairo y el norte del Sinaí. En la capital los atentados irían dirigidos a fomentar la desestabilización y estarían combinados con acciones de mayor calado en el Sinaí, sobre todo en el eje Rafah- Sheikh Zuwaid- Al Arish que podrían buscar, al igual que Daesh en Irak y Siria, el establecimiento de una zona de control efectivo para posteriormente ir ampliándolo. Un eventual avance o retroceso de Wilayat al-Sina de cara a la implementación de su estrategia influirá, no sólo en la ya de por sí extraordinariamente volátil situación por la que atraviesa Egipto, sino que seguramente tendrá consecuencias en el conjunto de Oriente Medio.

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