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España en Irak diez años después

Por Verónica Sánchez Moreno

El 19 de abril de 2004 el entonces presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunciaba lo que había sido una de sus promesas electorales: la retirada de las tropas españolas de Irak. 1.300 militares, la mayoría destinados en Base España, en Diwaniya, donde se encontraba el grueso del contingente español, volvían a casa en mayo de 2004, después de pasar un año en una guerra que no fue respaldada por Naciones Unidas, que se cobró 11 muertos entre los efectivos españoles, y en la que se buscaban las armas de destrucción masiva con las que supuestamente contaba el país de Sadam Hussein y que nunca aparecieron.

Diez años después parece que España volverá a Irak pero esta vez en una situación muy diferente, colaborando en la coalición (que se formó durante la pasada Cumbre de Gales de la OTAN, celebrada a principios de septiembre) para combatir al Estado Islámico (EI), liderada por Estados Unidos y en la que participan países occidentales como Francia (el primero en sumarse), Reino Unido, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda o Canadá y árabes, como Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Bahrein o Qatar; así como otros, en palabras de la periodista Rosa Meneses, “extraños aliados”: Irán, Hizbulá y Rusia.

Ahora, el gobierno de al-Maliki ha sido el que ha pedido ayuda a la comunidad internacional para parar el avance del autoproclamado “Califato” de al-Baghdadi o califa Ibrahim. Como señala el analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos y profesor de Relaciones Internacionales de la UNED, Carlos Echeverría Jesús, “el principal problema está en la envergadura que ha adquirido la amenaza yihadista en la región, y en particular la del EI, su motivación y su aprovechamiento de los obstáculos políticos y de seguridad”.

“Desde que el 31 de diciembre de 2011 el grueso de las fuerzas estadounidenses abandonaran Irak, este país árabe no ha conocido la paz”, afirma Echeverría, “el momento en el que la guerra se intensifica en Siria y actores como el EIIL comienzan a mostrar sus ambiciones, ampliándolas a suelo sirio desde su Irak natal, implica rápidamente un agravamiento de la situación en el vecino iraquí, constatable a lo largo de 2013.” La intervención internacional para contener a los radicales yihadistas era inevitable.

El pasado día 10 de octubre, en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, la vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate, anunciaban que se iba a solicitar la autorización del Congreso de los Diputados “para la participación de unidades militares españolas en el marco de la coalición para la lucha contra el Estado Islámico de Irak y de Levante, concretamente para que colaboren en las áreas de formación y entrenamiento del personal militar iraquí”, señalaba la vicepresidenta. Una labor ésta, la de formación de tropas y operaciones especiales que ya realizan las Fuerzas Armadas españolas en Mali y República Centroafricana, respectivamente.

Desde mediados del mes de septiembre, en el marco de la coalición contra el Estado Islámico, un general y siete oficiales españoles, junto a representantes de otros 48 países se encuentran en el Mando Central de Estados Unidos, en la ciudad de Tampa (Florida), participando en el proceso de planteamiento de operaciones. “Allí hemos estado viendo cuáles de nuestras capacidades serían útiles en la coalición”, declaraba el ministro de Defensa, que subrayaba que España había sido elegida por su experiencia teórica en el desactivado de Artefactos Explosivos Improvisados (IEDs en sus siglas en inglés) y desminado y por su experiencia en las operaciones especiales. “No se trata solo de contener el avance del Estado Islámico”, afirmaba Morenés, “sino de dar a Irak unas estructuras de Estado lo suficientemente fuertes como para poder mantener la unidad de la nación iraquí y garantizar así la seguridad y el futuro de sus ciudadanos”.

Por lo tanto, la contribución española, (que está sujeta a variaciones y algún posible incremento, ya que esta semana el ministro de Defensa español viaja a Tampa donde se reunirá con el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel), constará de entre 12 y 20 vehículos y unos 300 militares distribuidos de la siguiente forma: 10 en el mando y control; 3 equipos de adiestramiento, con 20 militares cada uno; 3 equipos de adiestramiento de apoyo a la seguridad, con 60 efectivos en total; un equipo de servicios de apoyo con 10 militares y una plana mayor de 69 militares. Estos efectivos se encargarán de proporcionar un entrenamiento de 7 u 8 semanas en desminado, desactivación de IEDs y operaciones especiales a una brigada iraquí, desde el nivel individual hasta el de compañía y batallón. Un entrenamiento que se realizará de forma conjunta con las Fuerzas Armadas italianas. Asimismo, se amplían las capacidades de las bases aéreas de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) para apoyar las posibles necesidades de esta coalición internacional.

De este modo España, que ha sido amenazada por la organización de al-Baghdadi en numerosas ocasiones, se implica y pone sus esfuerzos materiales, humanos y económicos en un problema creciente que le afecta directamente: el yihadismo. “España está especialmente amenazada porque durante siete siglos ha sido musulmana y el objetivo del Estado Islámico es recuperar lo que han sido tierras musulmanas en algún momento”, declaraba en una reciente entrevista el general Miguel Ángel Ballesteros Martín, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). “Hay que actuar ahora, antes de que el problema crezca más, si lo dejamos crecer debemos tener claro que nosotros estamos entre sus objetivos”, señalaba el general. Las tropas españolas entrarán así en una intervención que según algunos especialistas puede llevar años. Parece que la lucha contra el Estado Islámico no ha hecho más que empezar.

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