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¿Es eficaz la guerra contra el Estado Islámico?

Por Marc García

“El poder aéreo por sí solo no va a ganar una campaña como ésta.”Son las palabras de Dave Richards, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa de Reino Unido. Ya son muchas las voces de expertos en la materia que auguran un nuevo fiasco en la región. Charles Lister, investigador en el Centro de Doha Brookings, señala por su parte: “Es poco probable que el poder aéreo consiga algo más que la contención. Los ataques aéreos representan una reacción a corto plazo necesaria pero no son la solución a largo plazo”.

En palabras de Jesús Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH) “para poder tener alguna posibilidad de éxito frente a la amenaza del terrorismo internacional yihadista es imprescindible asumir la tarea, por definición, como multidimensional y de largo plazo”. En otras palabras, los ataques militares tanto desde el aire como con fuerzas terrestres deberían ir acompañados por un esfuerzo en el plano político y socioeconómico, así como en el de las ideas.

Es necesario, por tanto, un esfuerzo sostenido en el tiempo, que permita reducir sustancialmente las crecientes brechas de desigualdad que en la mayoría de los casos conducen a la radicalización de individuos que se sienten discriminados, y alimentan la insana idea de que solo a través de la violencia es posible resolver agravios acumulados en el tiempo o satisfacer las necesidades básicas de quienes se sienten excluidos de sus comunidades de referencia.

El escollo básico es que el avance y la ocupación territorial del Estado Islámico se aborda desde tres perspectivas completamente diferentes, lo que exige tres tipos distintos de respuestas operativas. Por una parte, está la misión humanitaria para proteger a las poblaciones civiles en Irak y Siria de atroces crímenes en masa; existe, además, la necesidad de amparar a los ciudadanos de otros Estados del terrorismo del Estado Islámico; y todo ello, coordinado con el deseo de restaurar la integridad y la estabilidad de los Estados en la región.

¿Cómo una coalición que a día de hoy agrupa a 62 países es incapaz de evitar, por ahora, el avance implacable del Estado Islámico? El problema radica en que si 150.000 soldados estadounidenses no pudieron dotar de estabilidad a Irak en ausencia de un Gobierno integrador y competente, las escasas medidas que ahora se ofrecen ahora son insuficientes. Las cosas podrían (y hay que hacer hincapié en el ‘podrían’) ser diferentes si Estados Unidos y otros actores claves encauzasen una hoja de ruta única con el principal objetivo de la estabilización regional.

Ahora bien, sin ir más lejos la rivalidad entre suníes y chiíes hacen que Arabia Saudí y los países del Golfo no reconocerán el papel central de Irán en cualquier proceso multilateral. Y por otro lado, pocos están dispuestos a aceptar que el presidente de Siria, Bachar al Asad, debido a los excesos abominables por los que fue criticado y condenado hace poco, deba ser ahora parte de la solución. Por último y no menos importante, queda la herida abierta del conflicto palestino-israelí, que encona las rivalidades entre unos y otros. En cuanto a los principales actores de esta coalición, Bagdad y Erbil, las fuerzas terrestres que pueden aportar son limitadas. Aunque teóricamente cuentan con una ventaja numérica (las fuerzas armadas iraquíes disponen de unos 270.000 efectivos y los pershmergas kurdos no son menos de 200.000), su operatividad y su voluntad para entrar en combate están bajo mínimos.

Gareth Evans, ex ministro de Relaciones Exteriores de Australia, hace énfasis en la cobertura de la protección humanitaria como objetivo primordial: “Si Occidente se desvía de este objetivo principal, es posible que la misión termine muy mal, tal como ocurrió con tantas otras intervenciones en Oriente Próximo.

Ante este panorama, es inevitable sentir una especie de ‘dejà vu’. Poco se ha aprendido de errores anteriores y la repetición de formulas ya ensayadas no servirá más que, en el mejor de los casos, ganar algo de tiempo. No se palpa una voluntad tanto de los actores internos como externos de hacer de Siria e Irak Estados funcionales. Dando por sentado que no hay una voluntad política para ir más allá de este tipo de enfoques militaristas (y ahí están también Libia y Yemen para corroborarlo), lo máximo que cabe esperar es que Daesh no sea capaz de ampliar su radio de acción y que sufra las consecuencias de haber ido más allá de lo que le permiten sus fuerzas.

Mientras se desarrolla la misión, podemos tratar de adivinar qué nuevo nombre elegirán quienes mañana sucedan a Daesh.

*Artículo por Marc García, Politólogo y estudiante de ADE. Especializado en Relaciones Internacionales y Seguridad. Ha realizado un curso de Especialista en Inteligencia y Oriente Medio en Haifa (Israel), y ha sido ayudante de investigación en la UMH de Elche.

@marcgg88

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