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Erdogan se agarra a la geopolítica

Por Miguel Ángel Pérez

El pasado verano acontecieron dos hechos cruciales para entender el cambio de situación geopolítica que ha vivido Turquía. Por una parte, la ruptura del proceso de paz entre el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y el gobierno turco; por otra, la pérdida en el parlamento de la mayoría absoluta del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), la formación política liderada por Tayyip Erdogan, tras las elecciones legislativas.

Esto último ha supuesto un gran revés para los planes del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que pretendía modificar el régimen parlamentarista para convertirlo en uno de corte presidencialista, lo cual unido a otros factores internos como la crisis de la Lira turca y la aparición de un movimiento de izquierdas kurdo (el HDP) que ha atraído el voto descontento de los kurdos, parece que impedirá revalidar la mayoría absoluta del AKP en las elecciones de Noviembre.

La nación turca mantiene varios frentes abiertos en su política exterior. En primer lugar el contencioso de Chipre, que se encuentra en proceso de negociación de reunificación de la isla. Por otro lado, las tensiones con Armenia, país con el que mantiene un contencioso sobre el genocidio de armenios durante la I Guerra Mundial, que Yerevan considera genocidio y Ankara no. A ello se une el conflicto del Nagorno-Karabaj, actualmente estancado, donde Turquía apoya a los turcomanos azeríes frente a Armenia. Y finalmente hay que mencionar la lucha, tanto dentro de suelo propio como en los vecinos Iraq y Siria, entre separatistas kurdos y el Estado turco, en estos momentos en guerra abierta.

Todos estos conflictos son herencia del pasado, pero a ellos se ha sumado de forma entusiasta el AKP, presentándose como un partido comprometido con el Estado. Y a estos frentes abiertos se podría sumar la península de Crimea, recientemente ocupada por Rusia y donde habita una minoría de turcomanos. Ankara ve con malos ojos el cambio de manos de esa península y la discriminación que esta minoría está soportando. No obstante, Turquía no está presente directamente en este conflicto que enfrenta a Ucrania con Rusia.

Por otro lado, las simpatías internacionales hacia los kurdos, que son los únicos que combaten eficazmente al autoproclamado Estado Islámico en Siria y hasta hace relativamente poco también en Irak, no han sentado bien en Ankara. También la reciente intervención rusa apoyando al régimen sirio, al que Turquía se opone, complican el tablero geopolítico.

Erdogan debe buscar soluciones urgentes y lo prioritario es hacer contención de daños, especialmente en lo relativo a la política interna, tras el lamentable atentado sufrido en Ankara hace una semana. En el plano político, tras las elecciones legislativas, Erdogan se encontró con que ni siquiera el Partido Nacionalista MHP (Partido de Acción Nacionalista) le quería apoyar y un pacto con la formación kurda HDP (Partido Democrático del Pueblo) era tan complicada como casi imposible.

Erdogan se ha agarrado a la geopolítica para obtener de nuevo una mayoría absoluta en las elecciones legislativas de Noviembre; de no lograrlo, intentará garantizarse el apoyo del MHP. En cuanto a la política exterior en Siria y ante la imposibilidad de derrocar al régimen de Al-Assad, que cuenta ahora con apoyo directo ruso, debilitará a los kurdos evitando que estos obtengan, como en Irak, una base fuerte y segura

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