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El regreso de los Hermanos Musulmanes a Jordania

Fotografía: Beatriz Yubero / Jordania. @b_yubero

Por Beatriz Yubero / Amman

Por primera vez en casi una década el Frente de Acción Islámica (FAI) se ha presentado en Jordania a unas elecciones parlamentarias, las del pasado 20 de septiembre. El resultado para la facción jordana de los Hermanos Musulmanes ha sido un rotundo éxito al conseguir el apoyo popular.  La facción espera obtener hasta 20 escaños en la Cámara de los Diputados tras el recuento final. El brazo de los islamistas, que compitió con los clanes tribales, abandonó su eslogan en las listas -“el islam es la solución”- para favorecer una alianza con los cristianos y obtener así, a través de una gran coalición, una quinta parte de los asientos de la Cámara.

La hermandad es una de las fuerzas políticas más antiguas y de mayor influencia en Oriente Medio. Los islamistas cuentan con seguidores en los partidos políticos afiliados en toda la región, especialmente en Egipto, donde ha permanecido bajo sitio desde el golpe militar de 2013 contra el gobierno del presidente Mohamed Morsi.

Sin embargo, el FAI, que ya había boicoteado las legislativas de 2010 y 2013 denunciando múltiples fraudes electorales y considerando que el sistema de voto les perjudicaba, ha echado un pulso al reino Hachemita. Tras la reforma electoral del pasado 13 de marzo y en medio de la crisis interna que existe entre los reformistas y los viejos halcones, la hermandad decidió apostar por el discurso religioso. Es precisamente de esta narrativa de la que ha intentado desprenderse a golpe de reforma el rey Abdullah II, quien además  señala la necesidad de combatir el terrorismo y el extremismo que amenaza la región: “Quieren acabar con nuestros logros y los de nuestros antepasados para borrar la civilización humana y arrastrarnos hacia atrás a la Edad Media”.

Sin duda, la grave crisis económica que asfixia al país, el alto porcentaje de corrupción política y los conflictos de Siria, Irak y palestino-israelí han sido aprovechados por los islamistas para jugar su mejor baza política, la de la desafección. Tan sólo un 38% de los jordanos acudieron a las urnas, según ha confirmado la Comisión Electoral Independiente (IEC).  Asef, profesor de economía de la Universidad de Jordania describe por qué se produce esta alta abstención: “La gente vota a un candidato por dos razones, la primera tiene que ver con la importancia de los vínculos de sangre, los lazos familiares siguen teniendo un gran peso para la sociedad jordana. La segunda es que esperan que su candidato les pueda solucionar sus problemas en dos llamadas. No van a votar a alguien que se encuentre más lejos de ellos de lo que les supone descolgar el teléfono y pedir un favor. Esta es la mentalidad jordana. Votar a quien puede ayudarte”.

Ha sido precisamente un sondeo realizado por el University of Jordan’s Centre for Strategic Studies que ha revelado que menos del 50% de los jordanos creen que el Gobierno pueda asumir sus responsabilidades, siendo el desempleo -del 32% de la población- el principal de los retos a los que se enfrenta. En un país cuyo sueldo base no llega a los 200 euros, la falta de confianza en el proceso democrático,  la pobreza y la inestabilidad social son peligrosos factores de desestabilización  para el último oasis de paz de Oriente Medio.

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