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El nuevo rostro del Daesh y sus implicaciones

Por Marta García Outón

Más de 120 oficiales del Daesh han sido abatidos, entre los que se encontraban varios de los líderes de la cúpula interna del grupo terrorista; ahora mismo, el autoproclamado Estado Islámico ha perdido a prácticamente todos los miembros de la Shura, el cuerpo más importante del Califato y que se encarga de la toma de decisiones fundamentales junto con el califa. Además, ha perdido las figuras que llevaban una extensa trayectoria al mando de los principales ministerios del grupo: el ministerio financiero (que lo llevaba Abu Salaf), el ministerio de comunicación (cuyo líder era Abu Hajar al Assafi), el ministerio de la guerra (sin liderazgo tras la muerte de Abu Mohammed Al Adnani) … y a los gobernadores (emires) de las regiones de Siria e Irak. La muerte de Abu Ali al Anbari o también conocido como Abu ala al Afri (el antiguo emir de Siria, segundo en comandancia y el más cercano en sucesión a Abu Bakr Al Bagdadi) en marzo del 2016 fue el primer gran golpe al grupo. La posterior eliminación del ministro de guerra, comandante, carismático y estratega Abu Omar al Shishani, también en marzo del 2016, fue un revés enorme para el Daesh, ya que su figura aseguraba el control, coordinación y lealtad de muchos de los combatientes muyahidines. Pero la inesperada muerte de Abu Mohammed Al Adnani, a la cabeza del aparato de propaganda del Daesh (del que han sacado varios centros de comunicaciones y aparatos de información) y configurador de su identidad exterior, emir de Siria, líder del aparato de Inteligencia exterior, la Emni (que coordinó los ataques terroristas en Francia y Bruselas, así como el resto de movimientos yihadistas en el exterior), portavoz de la organización y posible sucesor de Al Bagdadi (el Daesh lo llamaba “al Quraishi”, denominación que declara la pertenencia a la tribu de Mahoma y que sólo se le da a los sucesores del Califa) a finales de agosto ha dejado al grupo sin una estructura firme y ante una posible reformación de su estrategia e identidad.  

Al Adnani fue el que convirtió el Daesh, el perseguido Estado Islámico, en un estado no sujeto a las limitaciones geográficas ni sujeto en el tiempo, sino en un estado global (vinculante con todos esos sitios donde estuviera presente su comunidad de fieles) con una fuerte voluntad de expansión hacia esos territorios. Esta idea impulsó el número de ataques en territorios ajenos a la guerra de Siria, Irak o de Libia (multiplicándose en el sudeste asiático, Estados Unidos, Europa e incipientes intentos en América del sur), muchos de los cuales fueron coordinados desde Siria y otros inspirados indirecta o directamente a lobos solitarios. No obstante, con la caída de la voz propagandística del Daesh y las alarmantes pérdidas territoriales del grupo (amenazando su centro político en Siria e Iraq, Raqqa y Mosul), el Daesh no tiene otra alternativa que buscar su propia supervivencia reestructurándose o buscando un nuevo camino de actuación, pero que se sigue refugiando en su narrativa, puesta de moda entre sus fieles, y expandida por los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.

Ante la proximidad de su final como el grupo que hemos conocido hasta ahora, el Daesh ha llamado a filas a su segunda generación de muyahidines (a la que ha cuidado y formado desde el comienzo de su existencia) y que ahora mismo ya es la protagonista y líder de sus actividades; los jóvenes y niños (que se encuentran menos vigilados o bajo sospecha de los cuerpos de Inteligencia y que son fácilmente manipulables) son utilizados para realizar los atentados terroristas (hace poco se detuvo a un niño que portaba un cinturón con explosivos y que pretendía atentar en Irak y, esta semana, en Francia, se detuvo a un adolescente que preparaba un atentado inminente en París y a las personas que habían intentado atentar igualmente en París, contra la catedral de Nôtre Dame, la mayoría mujeres y algunas de ellas también menores). El papel de la mujer es y va a ser determinante para la supervivencia y crecimiento del Daesh. Este grupo ha sido pionero en darle a la mujer un papel fundamental en la construcción de un Califato islámico más allá del rol maternal o de esposa de los muyahidines; ellas han pasado a ser parte importante del órgano reclutador, instructor y ejecutor del grupo terrorista (como hemos visto en las detenciones de esta semana en París y en la intervención de una mujer en los atentados de París de noviembre del 2015). Pero es que también los inmigrantes que huyen del conflicto de Siria e Irak y cruzan la frontera de Europa también son manipulados para conseguir la entrada de yihadistas a territorio occidental, camuflados e infiltrados entre ellos, y objetivo potencial para conseguir nuevos miembros ante la creciente islamofobia europea.

Europa se desestabiliza ante los golpes constantes e inesperados del yihadismo declarando una falta de conocimiento ante la amenaza del terrorismo actual y descontrolada por la crisis interna que la sacude (la explosión de extremismos radicales, divisiones de la Unión, falta de decisión y liderazgo político, inmigración irregular…). Pero, además, el grupo terrorista que la ha puesto en jaque se debilita en su centro político en Oriente Medio, pero se agranda y fortalece en su identidad y expansión global, mutándose en algo más intangible y difícil de controlar y con un nuevo rostro estratégico y estructural: ¿quiénes serán los nuevos líderes tras la eliminación de la cúpula del Daesh? ¿quién sucederá a Al Bagdadi en caso de que éste muera? ¿se está debilitando realmente el grupo o se está fortaleciendo en su diversificación y expansión global? Está claro que este grupo terrorista ha marcado un antes y un después y su campo dominante son las tecnologías y medios de comunicación (por donde expande su narrativa y capta y adoctrina a sus seguidores y miembros), pero también hay que declarar que la lucha se va a volver mucho más compleja al estar buscando un rostro mucho más opaco (a través de redes de comunicación encriptadas, reuniones privadas y una mayor sutileza en su actuar y su presencia en occidente) y más extenso en todas sus dimensiones (territorial, social, político…).

Está claro que la estrategia de guerra total contra el terrorismo en Oriente Medio no ha sido productiva ni positiva, sino que ha facilitado la expansión del mismo por toda la región, pero es que la estrategia de contención que se está llevando a cabo en Asia, el Cáucaso y África al haber un mayor protagonismo de Oriente Medio tampoco es eficiente, porque no mira el eliminar los futuros frentes a los que habrá que encararse cuando la situación se haga incontrolable (con centros militares y políticos terroristas). Es importante realizar esfuerzos profundos en esos territorios donde el Daesh y otros grupos terroristas globales pretenden afianzarse (especialmente en Asia y África y cada vez más en Europa).  

 

The new face of Daesh and its implications

More than 120 Daesh officers have been killed, among which were several of the leaders of the internal leadership of the terrorist group; now, the self-proclaimed Islamic State has lost almost all members of the Shura, the most important structure of the Caliphate body, responsible of the making key decisions along with the Caliph. It has also lost figures who had an extensive career in the leadership of the ministries: the finance ministry (leaded by Abu Salaf), the ministry of communication (whose leader was Abu Hajar al Assafi), the Ministry of War (leaderless after the death of Abu Mohammed Al Adnani) … and has lost its main rulers (emirs) of the regions of Syria and Iraq. The death of Abu Ali al Anbari, also known as Abu ala al Afri (the former emir of Syria, the second in command and the nearest in succession to Abu Bakr al-Baghdadi) in March 2016, was the first major blow to the group. The subsequent removal of the minister of war, commander, charismatic and strategist Abu Omar al Shishani, also in March 2016, was a huge setback for Daesh because his figure ensured control, coordination and loyalty of many of the mujahedeen fighters. But the unexpected death of Abu Mohammed Al Adnani, head of the propaganda apparatus of Daesh (which have created several centers of communications and information appliances) and configurator of the external identity of the group, emir of Syria, leader of the foreign apparatus of Intelligence, the Emni (who coordinated terrorist attacks in France and Brussels, as well as other jihadist movements abroad), the spokesman of the organization and possible successor to Al Baghdadi (the Daesh called it “the Quraishi”, a name which declares belonging to the tribe of Muhammad and that is only given to the successors of the Caliph) in late August, has left the group without a firm structure and a possible reformation of its strategy and identity.

Al Adnani was the one who turned the Daesh, the persecuted Islamic State, in a place not subject to geographical or subject limitations in time but in a state (binding with all these sites were is present the community of the faithful) with a global status and with a strong will of expansion into those territories. This idea prompted the number of attacks in areas outside the war in Syria, Iraq or Libya (multiplying in the Southeast Asia, US, Europe and emerging attempts in South America), many of which were coordinated from Syria and other indirectly or directly inspired to lone wolves. However, with the fall of the propaganda voice of Daesh and the alarming territorial losses of the group (threatening its political center in Syria and Iraq, Raqqa and Mosul), the Daesh has no alternative but to seek their own survival restructure or to look for a new road performance, but it is still taking refuge on its narrative, made fashionable among the faithful, and expanded by the media and the new technologies.

Given the proximity of its end as the group we have known so far, the Daesh has called up his second generation of mujahedeen (which has care and trained since the beginning of its existence) and now it is already the protagonist and leader of its activities; youth and children (who are less under suspicion of the intelligence and are easily manipulable) are used for terrorist attacks (recently a child wearing an explosive belt was stopped before his intention to attack in Iraq and, this week, in France, a teenager who was preparing an imminent attack in Paris and people who had tried to attack also in Paris, against the cathedral of Notre Dame, mostly women and some of them also minors). The role of women is and will be decisive for the survival and growth of Daesh. This group has been a pioneer in giving women a central role in the construction of an Islamic Caliphate beyond the maternal role of wife of the Mujahedeen; they have become an important part of the recruiter body, instructor and executor of the terrorist group (as we have seen in the arrests of this week in Paris and in the intervention of a woman in the attacks in Paris on November 2015). But also the immigrants, fleeing the conflict in Syria and Iraq who have crossed the border of Europe are also manipulated to gain entry to jihadists to western territory, camouflaged and infiltrated between them and they are also a potential target for the membership, helped by the growing European Islamophobia.  

Europe is destabilized due to the constant and unexpected jihadism blows, declaring a lack of awareness of the threat of the current and uncontrolled terrorism by the internal crisis that shakes it (the explosion of radical extremism, divisions on the Union, indecisiveness and lack of political leadership, irregular immigration…). But, the terrorist group that has threaten it and has suffered on his political center in the Middle East, widens and strengthens its identity and global expansion, mutating into something more intangible and difficult to control and is creating a new strategic face and structure: Who will be the new leaders after the removal of the dome of Daesh? Who will be the next Calipha if Al Bagdadi dies? Is it losing or is being strengthened thanks to its diversification and global expansion? It is clear that this terrorist group has marked a before and after and its dominant field are the technologies and the media (where it expands its narrative and captures and indoctrinates its followers and members), but also must be stated that the fight will become much more complex due to it is looking for a much more opaque face (through networks of encrypted communication, private meetings and greater subtlety in their actions and their presence in the West) and larger in all dimensions (territorial, social, political…).  

It is clear that the strategy of total war against terrorism in the Middle East has not been productive and positive, but it has facilitated its expansion throughout the region, but the strategy of containment that is taking place in Asia, the Caucasus and Africa due to the greater role in the Middle East is not efficient because it does not look at all the fronts to eliminate a future threat (with military and political terrorist centers) that must be addressed when the situation becomes uncontrollable. It is important to make profound efforts in those territories where the Daesh and other global terrorist groups aim to take hold (especially in Asia and Africa and increasingly in Europe).

 

 

   

 

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