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Rusia, Irán y Europa intervienen en Siria

Por Cristina Casabón

“La paz se hace siempre negociando con el enemigo”. No es una frase de El arte de la guerra, sino palabras del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García Margallo, en la conferencia de prensa celebrada tras reunirse con el presidente iraní, Hassan Rohani y haciendo referencia a la guerra en Siria.

El tratado militar más antiguo del mundo, que inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y otros grandes, intenta buscar la solución a un conflicto bélico. Según Sun Tzu, “si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”. Parece que Occidente ha estimado que ésta es la estrategia más efectiva para Siria, y que las condiciones de Asad son más favorables o convenientes que las de Daesh. Hemos vuelto al discurso de que Asad es “el mal menor”, “la mejor opción” es inevitable la negociación

Pero como han indicado en redes sociales algunos de los mejores analistas de relaciones internacionales y política exterior de nuestro país, esta opción es arriesgada porque, para empezar, hay un fallo de cálculo acerca de quién es el mal menor en Siria: de acuerdo con datos proporcionados por Syrian Network for Human Rights y Syrian Observatory for Human Rights, las bombas de cañón utilizadas por las fuerzas del régimen han matado a más civiles sirios que los ataques de ISIS y Al Qaeda combinados. 

Dentro de una UE inmersa en la creciente crisis de refugiados en su mayoría procedentes del conflicto sirio, tanto Francia como Reino Unido y España parecen haber dado un paso al frente esta semana en la lucha contra el Daesh y, paralelamente, en las negociaciones con Assad. El lunes, el presidente francés, François Hollande, manifestaba su intención de que la aviación gala no sólo siga participando en los bombardeos de las bases del grupo terrorista en Irak, sino que extienda también sus operaciones a la vecina Siria. Le secundaba nuestro ministro, diciendo que España estaría dispuesta a apoyar una misión militar en Siria contra el Daesh bajo tres condiciones: un paraguas internacional (preferiblemente ONU), la autorización del Gobierno y la aprobación del Parlamento.

La solución militar contra el Daesh que propone Francia y defiende García-Margallo en realidad beneficia a al-Assad y suscita grandes reticencias dentro de España y de los socios de la UE. Más polémica si cabe es la propuesta de Philip Hammond, el Secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido, quien ha afirmado que Assad podría permanecer hasta seis meses como parte de un gobierno de transición “para traer la paz a Siria”.

Por otro lado, esta decisión se produce en un contexto de abierto reconocimiento por parte de Rusia de su implicación militar en Siria, y de plena intervención de la Guardia Revolucionaria de Irán , que ha sido desplegada con el fin de facilitar el avance de Hezbolá en su lucha en la región Zabadani en el suroeste de Siria, cerca de la frontera con el Líbano y no lejos de Damasco.

El despliegue de la Guardia Revolucionaria iraní se hizo en plena coordinación entre Irán y Rusia, y puede incluso haber sido decidida en una reunión entre el comandante de la Guardia Revolucionaria, Qassem Soleimani y el presidente ruso, Vladimir Putin, el mes pasado en Moscú, según indica Haaretz.

El reciente viaje de la delegación española a Irán – en el cual el ministro de exteriores de España se ofrece como su ‘mejor embajador en Bruselas y Nueva York’ -, asī como el polémico ataque con drones dirigido por el gobierno británico en territorio sirio el pasado lunes o el anuncio de Hollande no son hechos aislados, sino que se producen con conocimiento de estas operaciones militares llevadas a cabo por parte de Irán y Rusia.

Otros de nuestros analistas comentaban que se necesita una solución política que implique a todos los actores involucrados, empezando por el régimen de Bashar al-Assad. Es cierto que como comenta el Ministro Margallo, “Asad, nos guste o no nos guste es el Gobierno que se sienta en la Asamblea General de Naciones Unidas” pero la realidad del gobierno sirio sobre el terreno es otra. Assad controla actualmente sólo una cuarta parte del territorio, la mayoría en la región costera conocida como la “Pequeña Siria”, y zonas clave, como la capital Damasco, se encuentran actualmente bajo la presión de los rebeldes, que están expandiendo su control en la región.

¿Hasta qué punto la soberanía de Asad es fruto de las victorias militares sobre el terreno, o es el resultado de la legitimidad otorgada por el gobierno de Rusia, Irán, y, paradójicamente, también de Occidente? ¿No estaremos reconstruyendo la legitimidad a un gobierno que la perdió ya entre sus propios ciudadanos, en 2011? ¿No ha quedado demostrado el error de la lógica del mal menor en Siria, considerando el número de muertes a manos de este gobierno? 

Mientras Margallo está convencido de que “con el terrorismo islámico, un movimiento que pretende destruir fronteras, no cabe negociación ni diálogo”, no es posible comprender la lógica que empuja a negociar o dialogar con Assad, y no conseguiremos recrear la paz apoyando a los señores de la guerra. Parece como si Occidente hubiese cedido al gran “chantaje” del terrorismo yihadista.

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