El Movimiento Islámico del Turkestán Oriental, los primos lejanos de la Yihad

Por Guadi Calvo.

Tras el atentado en Bangkok, la capital de Tailandia, el 17 de agosto pasado, que dejó al menos 21 muertos y 120 heridos, en la cercanías del santuario Erawan, y el posterior secuestro de cuatro personas, el lunes 21 de septiembre, en un hotel cercano a la ciudad filipina de Mindanao, las autoridades, los servicios de inteligencia, los departamentos de seguridad y a los especialistas en terrorismo del sudeste asiático están en máxima alerta.

Las dos situaciones remitieron inmediatamente a acciones de las muchas organizaciones  insurgentes: marxistas, nacionalistas, etno-religiosas que actúan en la región, con intermitencias, nunca del todo derrotadas. Estos grupos que en algunos casos han llegado a contar con más de 15000 miembros, debido a la represión, muchas veces fuera de toda legalidad, se han reducido a apenas bandas, que semejan ser solo delincuentes comunes, pero que nunca perdieron la capacidad de dar un golpe tan sorpresivo, como certero.

Si bien ambos hechos sucedieron con más de un mes de diferencia y a más de 2200 km, uno del otro, la indefinida situación de grupos insurgentes de izquierda y organizaciones vinculadas al fundamentalismo musulmán, que operan intermitentemente en la región desde hace décadas, hacen temer el inicio de un nuevo ciclo de violencia.   

Respecto al atentado de Bangkok, más allá de muertos y heridos, tuvo más intensiones de repercusión mediática, que la de instalar un estado de zozobra en la población. El primer ministro tailandés, Prayuth Chan-ocha, describió el ataque: “como el peor atentado jamás sufrido por la nación”.

A pesar de que las investigaciones no son todavía concluyentes, las autoridades relacionan el hecho con miembros de la comunidad uigur, islamitas sunníes chinos, exiliados en Tailandia, procedentes de la provincia nororiental de Xinjiang, donde tras la irrupción del movimiento talibán, se exacerbó el fundamentalismo religioso.

Fundado en 1993 el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental (MITO), figura en distintas listas de grupos terroristas desde 2002. Su objetivo es independizarse de China y establecer un Estados Islámico. Se ha detectado a muchos militantes de MITO, que años atrás juro lealtad a al-Qaeda, combatiendo en Siria entre 2012 y 2013. Este grupo ha protagonizado sangrientos atentados no solo en la capital de Xinjiang, Urumqi, sino en la mismísima la plaza de Tian’anmen, en el centro de Beijing.

Semanas antes del atentado en Bangkok varios miembros de esta comunidad uigur habían sido deportados por las autoridades tailandesas, por lo que se presume que el atentado al templo Erawan fue en represaría de esas deportaciones.

Lejos de Bangkok, cerca de la ciudad filipina de Mindanao, en el sudeste del país, exactamente en el Hotel Holiday Ocean View, en la Isla de Samal, 3 turistas, dos canadienses, un noruego, junto a una mujer filipina, fueron secuestrados por un grupo de hombres armados que se desplazaban en una lancha, una modalidad característica del grupo salafistas Abu Sayyaf (Padre de la espada) vinculado a al-Qaeda.

Esta organización fue creada en 1991 por excombatientes de origen filipino en la guerra afgana, contra la Unión Soviética, desde entonces ha sido responsable de los atentados más sangrientos de los últimos años en Filipinas y de numerosos secuestros extorsivos, contra turistas occidentales, por lo que las autoridades locales, sospechan que el secuestro del 21 de septiembre hayan sido cometido por un comando de Abu Sayyaf .

Una de las acciones más recordadas de este grupo, fue el secuestro de 20 turistas en mayo de 2001, en el hotel Dos Palmas de la isla de Palawan, a 600 km. al sudeste de Manila. Las víctimas fueron retenidas por más de un año. La situación se resolvió con un ataque de la fuerzas gubernamentales al sitio del cautiverio y dejó 5 rehenes muertos, entre ellos dos estadounidenses y 22 soldados.

La presencia del Islam en toda la región ha sido muy fuerte desde que el Corán llegó al Sudeste Asiático entre el Siglo VI y VII. Pausadamente, en manos de los mercaderes musulmanes que desde la península arábiga con sus dhows cargados de mercancías: cereales, alfombras, especias y esclavos, comerciar con las diferentes naciones de la cuenca del Indico y el Pacifico. El Islam se difundió en el sudeste asiático en sus tres lengua principales, los primeros comerciantes que llegaron fueron los persas que hablaban farsi, más tarde llegó el árabe y por último el turco.

Esta amplia difusión fue la que convirtió al Islam en una de las religiones más practicadas en esa región. Los países que se ubican en la rivera Indico-Pacifico, cuentan con importantes comunidades musulmanas: India con 174 millones, Bangladesh con 125 millones, Birmania 2 millones, Tailandia con 3.5 millones, Camboya con 500 mil y Vietnam 700 mil; las naciones insulares como Indonesia con 213 millones, es la  mayor población musulmana del mundo; Malasia con 15 millones y Filipinas con cerca de 5 millones.

El Frente Moro

La comunidad musulmana de Filipinas que representa un total del 5% de su población ha sido históricamente segregada por todos los gobiernos que se sucedieron desde la independencia. Las políticas de discriminación económica y colonización demográfica digitadas desde Manila han sido particularmente virulentas en el sur del país, la región más pobre y donde se asienta el 70% de esta comunidad islámica.

La insurgencia armada del Islam ha sido históricamente protagonizada por el Frente Moro para una patria musulmana (Bangsamoro pueblo moro en lengua malaya, término peyorativo usado por los conquistadores en referencia musulmanes de la península ibérica), que reclamaba la independencia del sur de Mindanao, el archipiélago de Sulu y Palawa.

Como antecedentes precursores del FMLN, es importante señalar la llamada Masacre de Jabidah (1968), donde una treintena de jóvenes musulmanes murieron enfrentando a las fuerzas de seguridad del gobierno central, cuando se negaron a formar parte de operación militar destinada a recuperar la provincia malasia de Sabah, reivindicada históricamente por Filipinas. Esta matanza produjo fuertes manifestaciones en el sur del país, que fueron violentamente reprimidas. Entre 1970 y 1971 fueron asesinados más de 1500 musulmanes. En 1972 el dictador Ferdinand Marcos se impuso la ley marcial en todo la nación y se exige a todos los ciudadanos la entrega de sus armas.

A consecuencia de estos hechos en 1971, un profesor universitario, Nur Misuari, fundó el grupo insurgente Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN), con el fin de establecer un Mindanao independiente. En 1978, Hashim Salamat, el lugarteniente de Misuari, se escinde de la organización y crea el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI) más cercano al islamismo radical, que procura la creación de un estado islámico en la región reclamada.

La situación desembocó en una guerra civil que duró cuatro años, en la que murieron 120.000 personas provocó más de un millón de desplazados internos, y miles de refugiados en Malasia. Los Acuerdos de Trípoli de 1976 pusieron fin esta guerra, aunque Marcos finalmente no cumplió muchos de los puntos del tratado.

En 2012 firmaron acuerdos de paz definitivo con el gobierno, en 1996 se había concretado un acuerdo que se preveía cierta autonomía para las áreas musulmanas de Mindanao, pero se quebró rápidamente. Estas organizaciones separatistas surgieron entre los años 1960 y 1980 aunque sus causas se retrotraen a comienzo del siglo XX, con la resistencia del pueblo Bangsamoro contra la anexión estadounidense de las Filipinas en 1899.

En el 2000, el presidente Joseph Estrada inició una guerra de exterminio contra FMLI, tras intensos combates y largas batidas en la jungla el ejército filipino exterminó casi 60 campamentos insurgentes, incluso el cuartel general del FMLI, y el más importante de sus campamentos el de Abubakar, ubicado en la isla de Mindanao, con una extensión de 40 kilómetros, de largo donde funcionaban siete pueblos, una base militar, mercados, varias madrassas (escuelas coránicas), mezquitas y granjas, donde convivían civiles y guerrilleros. Nunca se conoció la cantidad de muertos y desaparecidos provocada por los ataques gubernamentales. Su legendario líder y fundador Hashim Salamat, muerto de causas naturales en 2003, había logrado refugiarse en Malasia en julio del 2000, mientras el presidente Estrada, anunciaba la toma de todas las bases extremistas en Mindanao.

En los años 90 se quiebra el FMLI y es fundado por veteranos de la guerra en Afganistán el Grupo Abu Sayyaf  (ASG) liderado por Abdurajak Abubakar Janjalani, asesinado por las fuerzas de seguridad en diciembre de 1998, sustituido por su hermano Khadaffy Janjalani.

El  grupo compuesto por varias facciones semi-autónomas, ha operado con intermitencias a lo largo de sus 25 años, nunca ha sido del todo desactivado, pero tampoco ha logrado convertirse en vanguardia de la lucha del pueblo Bangsamoro. Se cree que en la actualidad cuenta con cerca de 500 miembros, aunque tampoco nunca han superaron el millar de combatientes.

El ASG, al que podría hoy denominarse apenas como una mera banda delincuencial se financia con el producto de secuestros, narcotráfico y contrabando, aunque atendiendo al desproporcionado crecimiento del islamismo radical desde el 2011, no sería extraño, que hayan comenzado a recibir asistencia económica, de armas y combatientes por parte tanto de al-Qaeda, ha quien habían adscrito hace años, o el propio Daesh o Estado Islámico.

Sus relaciones con otros grupos hermanos como el indonesio Jemaah Islamiyah (JI) brazo de al-Qaeda en el sudeste atlántico y con el Movimiento Rajah Solaiman (RSM) compuestos por cristianos filipinos convertidos al Islam, pueden conformar una importante alianza en esa geografía particularmente sensible desde su valor geoestratégico, como el Estrecho de Malaca un canal natural por donde pasan buena parte de las líneas marítimas que atienden los riquísimos mercados asiáticos y sus más de 350 millones de musulmanes, en su gran mayoría sunitas, que lo circundan.

En 2008  el ex comandante del FMLI Ameril Umbra kato, secundado por otro veterano del FMIL Abdurahman Macapar, alias Comandante Bravo, fundan el Movimiento Bangsamoro de Liberación Islámica (MBLI), sus acciones en Mindanao han causado cerca de 400 muertos y unos 360 mil desplazados. El último 15 de abril se anunció la muerte de Umbra Kato, de 70 años, a raíz de un ACV en su refugio del cordón montañoso de Maguindanao, en la isla de Mindanao.

Otro de los grupos de inspiración salafistas que ha tenido actividad en Filipinas es  el Movimiento Rajah Solaiman, fundado en 2001 por Ahmed Santos, católico del norte de la isla de Luzón, que se han  convertido al Islam, propugnando volver a los tiempos previos a la conquista española que introdujo el cristianismo. Su nombre es tomado del último monarca musulmán antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI.

Los líderes principales están en prisión Santos desde octubre de 2005, Sheikh Omar Lavilla, detenido en 2008 y Khalil Pareja, en agosto de 2009. Se desconoce en la actualidad la identidad de su líder actual, ni siquiera si hay alguien que ostente tal liderazgo.

El número de miembros que tiene este Movimiento se calcula que ronda los 30. Según las autoridades filipinas estos miembros, cristianos convertidos al salafismo, han sido entrenados por Abu Sayyaf y por Jemaah Islamiya. Aunque el Movimiento Rajah Solaiman es el grupo terrorista más pequeño de los que operan en Filipinas, supone una serie amenaza a la seguridad pues algunos de sus miembros han sido entrenados como suicidas. Con cultura católica, habla sin acento del sur, ni características étnicas musulmanas les sería muy sencillo sortear la seguridad de cualquier sitio para inmolarse en algún atentado. Este grupo, junto con Abu Sayyaf, es responsable del ataque a un ferry en 2004 que le costó la vida a 116 personas y también de los ataques del Día de San Valentín de 2005 que terminaron con la vida otras 16 personas.

El espíritu separatista musulmán, que dio cabida a la creación del Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN), y el resto de las organizaciones que de él se escindieron estribó fundamentalmente en la marginalización de la población islámica, siempre relegada por las autoridades centrales. Mientras eso sectores no sean incorporados plenamente, a la sociedad la sombra del salafismo seguirá siempre latente.

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