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El modelo de ayuda a los refugiados está en crisis

Rescate de migrantes por la fragata española 'Navarra'. Foto: Armada Española www.armada.mde.es

Por Cristina Casabón*

Una gran parte de los refugiados que cruzan el Mediterráneo lo hace después de pasar meses o incluso años deambulando por los países vecinos. Y lo hacen porque siguen siendo meros receptores de ayuda, sin posibilidad de generar ingresos, malviviendo a base de empleos precarios en la economía sumergida. Los desafíos en seguridad, salud, educación y necesidades básicas son alarmantes.

En países como Jordania, Líbano y Turquía, los refugiados han experimentado un deterioro de sus condiciones de vida, así como un aumento de las actitudes negativas de los nacionales.

La afluencia de refugiados y desplazados internos continuará durante algunos años, tal vez más de una década, pero por ahora, quienes no quieren permanecer permanentemente en un campo de refugiados se enfrentan a la pobreza y a la falta de derechos fundamentales.

El dinero de los organismos donantes y los países no puede empoderar a los refugiados y proporcionarles una vida digna, pues el sistema de ayuda humanitaria está diseñado para atender una situación de emergencia, no para proporcionar ayuda indefinidamente.

El modelo de condición jurídica de los refugiados está en crisis. Es un sistema imposible de sostener, a largo plazo, para más de cuatro millones de refugiados solamente procedentes de Siria. Y los signos de cansancio, hostilidad y resentimiento asoman entre la población de los mismos países de acogida, así como entre quienes sobrellevan esta condición de refugiados.

Los problemas visibles son falta de recursos, el hacinamiento en barrios marginales o campamentos de refugiados, las condiciones de miseria… Pero el gran problema de fondo es el propio modelo de asistencia a los refugiados.

En primer lugar, las políticas de refugiados están demasiado centradas en los objetivos de gestión de la migración a corto plazo en estos países, pero la cuestión es cómo manejar las complejidades regionales de los movimientos humanos y la migración a largo plazo, en clave regional.

En segundo lugar, la respuesta de ayuda a los refugiados todavía se concibe en términos de caridad y no como un medio para permitir a los refugiados disfrutar de sus derechos en los países de acogida. Ello está generando un “círculo de dependencia de ayuda” que les obliga a vivir fuera del sistema legal. Debido a esta situación, la mayoría de ellos vive en extrema pobreza y depende de la ayuda externa, con toda la hostilidad y el resentimiento que esto acompaña.

Es necesario sancionar prácticas ilegales, como la detención y deportación de refugiados y solicitantes de asilo; las normas internacionales deberían ser el primer paso hacia una gestión a largo plazo que garantice el derecho a una vida digna para estos refugiados.

El modelo de ayuda se concibe en términos de caridad y no como un medio para que los refugiados puedan valerse por sí mismos, ser autosuficientes y rehacer su vida en los países de acogida dentro de la legalidad

Además, regularizar la actividad económica de los refugiados es la solución para romper el círculo de ayuda-dependencia. Los países de la región, la Unión Europea y organismos como la ONU han respondido a la llegada de refugiados con un modelo de gestión diseñado para hacer frente a una situación de emergencia, una crisis. Pero la verdadera crisis se genera cuando este modelo no puede costear a la masiva llegada de refugiados a largo plazo.

La realidad ha confirmado que esta situación se prolongará por algunos años, quizás más de una década, y el dinero de los donantes privados y de los países de acogida no puede proporcionar seguridad y necesidades básicas permanentemente.

Por ello, una respuesta regional debe abarcar modelos de complejidad que vean más allá de los estereotipos de etnicidad, religión, cultura, nacionalidad e intereses nacionales, y se centren en una nueva percepción de la gestión de la crisis. Esto requiere un cambio de paradigma desde el enfoque humanitario actual hacia un enfoque de desarrollo.

Además, se deberían implementar políticas de inserción laboral de mujeres y jóvenes refugiados en diferentes sectores. Incluir a los refugiados en los programas nacionales de empleo y alivio de la pobreza es otra solución.

Sólo un nuevo sistema de protección puede aliviar una crisis a largo plazo que afecta a millones de personas. Por lo tanto, los responsables políticos y los expertos deberían comenzar a reconocer que el sistema de dependencia de la ayuda no está funcionando y proponer un nuevo sistema de integración a nivel regional, nacional y local.

 

* Artículo publicado originalmente en el Foro Económico Mundial.

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