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El juramento de fidelidad o cómo el Daesh se apropia de los atentados

Por Carlos Igualada Tolosa*

El tiroteo del domingo en un club gay en la ciudad de Orlando dejó como resultado 50 fallecidos y 53 heridos. Su autor, Omar Mateen, ciudadano estadounidense de origen afgano, había estado vigilado por el FBI por vínculos yihadistas, sin que se vinculase su participación en ninguna organización terrorista.

Poco tiempo antes de llevar a cabo el ataque a la zona de fiesta, Omar Mateen llamó al 911 para jurar su fidelidad al Daesh (el autoproclamado Estado Islámico). Horas después dicha organización terrorista se adjudicaba la autoría, hecho que convierte el tiroteo en un atentado terrorista.

Es preciso definir de forma clara la relación existente entre el autor de los hechos y el Daesh, ya que dependiendo de ello el ataque puede ser analizado desde diferentes ópticas, que pasan de un simple ataque homófobo a un ataque yihadista perpetrado por la mayor organización terrorista de la actualidad.

Si se analizan los hechos partiendo del móvil de un simple tiroteo producido por un individuo con tintes homófobos, se debe decir que este no es un hecho aislado, ya que Estados Unidos es un país donde las armas están legalizadas y en medio año se han cometido 173 tiroteos.

Esta cifra mantiene la línea de los datos del año pasado, donde la suma de todos ellos ascendió a 372, entre las que se incluyen algunos en centros educativos. Cabe cuestionarse el por qué este individuo pudo acceder de forma legal a la compra de armas pese a sus antecedentes con el FBI, comprando concretamente un AR-15, un fusil de alta velocidad con el que ejecutó la matanza. Por lo tanto, volviendo al móvil de la homofobia, el ataque al club de Orlando resultaría significativo por el elevado número de víctimas y la retrógrada ideología de su autor.

Sin embargo, las portadas hacen referencia al mayor ataque terrorista producido desde el 11-S en Estados Unidos debido a la llamada al 911 de Omar Mateen y la reivindicación posterior del ISIS. La repercusión a nivel mundial de lo que supondría un nuevo atentado yihadista en el corazón de la principal potencia mundial por parte del Daesh supondría un nuevo impulso propagandístico para sus intereses, más si cabe, en el mes del Ramadán, que comenzó la semana pasada.

No obstante, no existe vínculo alguno entre la organización terrorista y el autor de la matanza, salvo la llamada donde juraba fidelidad. Es por ello, que en caso de aceptar la hipótesis del atentado yihadista, se debe hablar de ataque de un lobo solitario y no de un atentado del Daesh.

El término de lobo solitario se acuña a todos aquellos individuos que deciden actuar por cuenta propia a la hora de cometer un atentado, sin tener relación directa con ninguna organización terrorista. La mayoría de estas personas se radicalizan a través de vídeos en internet o círculos de amistades y, con el paso del tiempo, acaban aceptando y compartiendo la ideología de organizaciones terroristas como puede ser el Daesh y el yihadismo, pero sin que exista nunca una vinculación entre ambas partes, ni en la planificación ni en la ejecución del atentado. Son meros simpatizantes de la ideología que promueve la organización terrorista. El atentado en la maratón de Boston de 2013 sería un ejemplo de este tipo de autoría.

Si se analiza el atentado de Orlando desde esta perspectiva, el perfil de lobo solitario parece coincidir con el autor de los hechos, ya que como el propio Presidente Barack Obama ha afirmado, su radicalización ha sido consecuencia del material encontrado por la red. Además no parece que haya existido ningún tipo de entrenamiento ni ayuda logística por parte de ninguna organización terrorista mayor. Debido a ello se debería afirmar que se trata de un ataque producido por un lobo solitario, si no fuese por la estrategia que desde hace unos años lleva siguiendo el Daesh.

El punto de inflexión se produjo el día en el que el portavoz de la organización terrorista, Abu Muhammad al Adnani, emitió un comunicado en el que afirmaba que jurar fidelidad al Daesh era el único requisito para poder actuar en su nombre. Es por ello que atentados como la matanza de San Bernardino en 2015 o el ataque del domingo pasado en Orlando le dan derecho al grupo terrorista a adjudicarse la reivindicación del atentado en el momento en el que existe públicamente un juramento de fidelidad.

Precisamente anoche en París se produjo otro nuevo atentado, como así han señalado las autoridades francesas, que corrobora esta estrategia. Un gendarme francés y su mujer fueron asesinados con varias apuñaladas por un individuo a 60 km de la capital. El ataque fue reivindicado por Larossi Abballa, un chico francés, también con antecedentes, que semanas atrás había jurado lealtad a Abu Bakr al Baghdadi, líder del autoproclamado Estado Islámico.

Horas después, el Daesh, mediante un comunicado en uno de sus amplios medios de comunicación se adjudicó la autoría del atentado. De momento no se han encontrado evidencias que establezcan una relación de colaboración directa entre el autor y el grupo terrorista.

Es evidente que gracias al juramento de lealtad las dos partes salen beneficiadas. Por un lado, aquellos que juran fidelidad reciben todo el protagonismo que buscan una vez que han cometido el atentado. Además, los autores de los ataques no caen en el olvido con el paso del tiempo y son recordados como modelos a seguir por parte de los futuros terroristas, los cuales intentaran emular sus acciones. En lo que respecta al Daesh, esta estrategia supone un gran éxito, ya que sin destinar recursos ni participar en el ataque, recibe todo el protagonismo tanto de los gobiernos como de los medios de comunicación.

Este “prestigio” y “reconocimiento” resulta ser muy necesario para seguir resultando atractivo y conseguir nuevos seguidores que tengan como objetivo expandir los tentáculos del terrorismo yihadista a través de nuevos atentados en países occidentales.

La conclusión es que, al fin y al cabo, mientras los servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad investigan la relación entre los autores de los atentados y el Daesh, para éste último ese hecho no supone ningún problema, siendo indiferente e irrelevante su participación o no. Sea como fuere, la matanza de Orlando y la amenaza de un aumento de atentados debido a este juramento de fidelidad que lleve a individuos radicalizados a atentar en nombre del Daesh, tendrán consecuencias y habrá que ver si afecta de alguna forma a la frágil situación de Oriente Medio.

* Carlos es licenciado en Historia, Máster en Relaciones Internacionales. Actualmente cursa el título de Especialista en Análisis de terrorismo yihadista de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla.

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