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El hervidero paquistaní

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Por Verónica Sánchez Moreno

A las revueltas de las últimas semanas en Pakistán, se unen ahora las inundaciones provocadas por las fuertes lluvias, que han provocado el desbordamiento de los ríos Chenab y Jhelum, causando al menos 200 muertos en la provincia de Punjab. Para los paquistaníes las inundaciones no son desconocidas, ya que constituyen la tónica habitual en esta época del año y, en 2010, provocaron 2000 muertos y más de 20 millones de damnificados.

Pero no sólo las inundaciones golpean la República Islámica de Pakistán. Este país, vecino de Afganistán, Irán, India y China sufre las revueltas provocadas por una situación política convulsa. Los seguidores del exjugador de criquet Imran Khan, del PTI (Movimiento para la Justicia), y del líder religioso musulmán Tahirul Qadri están al frente de estas manifestaciones en contra del primer ministro Nawaz Sharif, líder de la PML-N (Liga Musulmana de Pakistán) al que acusan de fraude electoral y corrupción y reclaman la convocatoria de nuevas elecciones. E incluso el pasado 1 de septiembre, estos manifestantes tomaron la televisión estatal de Pakistán (PTV), aunque el Ejército retomó el control de la emisora poco después.

Las elecciones de mayo de 2013, para renovar la Asamblea Nacional y las Asambleas Regionales de Punjab, Sindh, Baluchistán y Khyber-Pakhtunkwa, fueron acogidas con agrado por la comunidad internacional, con una participación del 60% (muy alta frente al 43% de las anteriores elecciones celebradas en 2008). Como señala Pilar Requena “los paquistaníes dieron toda una lección de coraje al no dejarse amedrentar por las amenazas de los talibanes que calificaron los comicios de antiislámicos y exigieron su boicot”. Esta vuelta a las urnas de los ciudadanos de Pakistán fue un hito histórico en el país, ya que eran las primeras elecciones que se producían después de que un gobierno democráticamente elegido cumpliera íntegramente su mandato de 5 años. El anterior gobierno, que permaneció de 2008 a 2013, fue ejercido por una coalición liderada por el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), la formación a la que pertenecía la fallecida Benazir Bhutto.

En las últimas elecciones parlamentarias, el PML-N conseguía 184 escaños en la Asamblea Nacional y en las de Punjab y Sindh, el PTI lograba 30 escaños de la Asamblea Nacional y 35 en la de Khyber-Pakhtunkwa y el PPP sufría un gran descalabro, con 42 escaños en la Asamblea Nacional y 6 en la de Punjab.

Así pues, teniendo en cuenta que el presidente del país se escoge por votación del parlamento y las cuatro asambleas provinciales, el 30 de julio de 2013 era elegido nuevo presidente de la República Islámica de Pakistán el empresario del textil Mamnoon Hussain, que tomó el testigo de Asif Ali Zardari, el viudo de Benazir Bhutto que, siguiendo la estela de ésta, se había alzado como presidente del país en 2008, poco después del asesinato de su mujer durante un mitin preelectoral del PPP en diciembre de 2007.

Pero no solo la situación política y estas protestas son una fuente de conflicto en el país árabe. El TTP (Tehrik-e-Taliban o Movimiento Talibán) de Pakistán, vinculado a Al Qaida, opera en la cuna de la organización radical desde el año 2002.

“Los talibanes habían advertido de que no se acudiera a los mítines de los seculares Partido Nacional Awami (ANP), Partido Popular de Pakistán y MQM (Movimiento de Unidad Nacional)”, señala la periodista Pilar Requena, “en abril, los insurgentes intensificaron los ataques contra estos partidos liberales y también fueron su objetivo numerosos candidatos independientes en Khyber, Baluchistán y FATA” (Áreas Tribales de Administración Federal, en sus siglas en inglés).

En junio de este año, el TTP se ha responsabilizado del asalto contra el aeropuerto internacional de Karachi, que se saldó con 28 muertos (10 de ellos terroristas) y más de 30 heridos. El ataque, sofocado por las fuerzas de seguridad paquistaníes, se produce en un contexto en el que el gobierno paquistaní está intentando entablar conversaciones con los talibanes. Algunos meses antes, en noviembre de 2013, el líder de Tehrik-e-Taliban, Hakeemullah Mehsud, moría en un ataque estadounidense con drones (aeronaves no tripuladas).

“Los ataques con aviones no tripulados contra objetivos talibanes y de Al Qaeda se vienen produciendo en Pakistán desde 2004”, afirma el doctor en Seguridad Internacional y analista del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (IUGM) Carlos Setas. Desde entonces, según el profesor de la Universidad de Granada Javier Jordán, en un artículo publicado en noviembre de 2013, “Estados Unidos ha llevado a cabo más de 335 ataques con drones contra los talibanes afganos y paquistaníes”. Para Jordán, la combinación de estos ataques y la “mejora de los sistemas de inteligencia internos y de las fuerzas policiales en Europa y Estados Unidos […] han conseguido relegar a un segundo plano la amenaza que hasta hace no mucho representaba la organización fundada por Bin Laden”.

No obstante, Amnistía Internacional denuncia que estos ataques están produciendo “homicidios ilegítimos” en Pakistán, “algunos de los cuales podrían constituir crímenes de guerra” o “ejecuciones extrajudiciales”, así como la falta de transparencia en el programa de aviones no tripulados de EE.UU. Asimismo, la organización señala que “los grupos vinculados a Al Qaeda han matado a decenas de residentes locales a los que acusaban de ser espías a causa de los ataques con “drones” estadounidenses”.

El actual primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, de 63 años, es un viejo conocido de la política del país, ya que fue también primer ministro hasta el golpe de estado del general Musharraf en 1999 y, anteriormente, de 1990 a 1993. En las manos de este veterano está la estabilización del país, para lograr el acercamiento de todas las fuerzas políticas, sin olvidar mantener a raya a los talibanes, dentro de una región tan castigada por el terrorismo, la violencia y la corrupción.

 

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