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El Estado Islámico y el nuevo terrorismo

Por Beatriz Yubero Parro

Muchas son las definiciones que se han realizado del concepto de terrorismo, razón por la que es difícil encontrar el consenso entre los académicos y expertos. Rafael Calduch, define, según criterios politológicos terrorismo, “como una estrategia de relación política basada en el uso de la violencia y de las amenazas de violencia por un grupo organizado, con objeto de inducir un sentimiento de terror o inseguridad extrema en una colectividad humana no beligerante y facilitar así el logro de sus demandas”.

El objetivo del terrorismo es el impacto psicológico. Los actos terroristas constituyen una forma de propagar una ideología y un proyecto político a través del empleo de la violencia, pues, según estas organizaciones, se refuerza el impacto emocional, incrementando así la sensación de miedo y confusión entre la población.

Terrorismo ha de diferenciarse de otro tipo de acciones como las guerras civiles o internacionales, genocidios o guerras de guerrillas con la que en ocasiones suele confundirse de las convenciones ético-jurídicas establecidas para poner límites a la violencia militar y operaciones bélicas tal y como aclara De la Corte Ibañez en su libro “La Logica del Terroriso”. A estos dos criterios conforme al análisis que realizamos del concepto terrorismo, sumamos un tercero:

1. Principio de inmunidad de las personas no combatientes.
2. Minimización de los daños incidentales o colaterales ocasionados sobre esos mismos individuos.
3. Los daños siempre son intencionados cuando hay acciones terroristas por medio.

El terrorismo, mantiene una relación “específicamente política” que combina, como hemos mencionado, la violencia y amenazas de violencia. Para que las organizaciones terroristas por lo tanto puedan adquirir peso en una determinada sociedad ha de crearse un clima que favorezca esa sensación de malestar latente. En el caso de las sociedades islámicas, este malestar viene precedido por varias causas: en primer lugar, nos encontramos ante sociedades donde la modernización no se ha efectuado en su plenitud, siendo un ejemplo de ello el retraso que experimentan en la mayoría de países islámicos las políticas favorables al desarrollo de la mujer como ciudadana.

Por otro lado, la mayor parte de estos países no se encuentran en la vanguardia del desarrollo tecnológico o deportivo. Las tasas de crecimiento económico son modestas frente al crecimiento que, por ejemplo experimenta Asia Oriental, salvo en aquellos países en los que el petróleo es el principal sustento económico y el sentimiento de fracaso que embarga a la umma en los países árabes se ha acrecentado debido a las políticas expansionistas de Israel y el apoyo que encuentra en Occidente como indica Juan Avilés en su documento, “Occidente ante el desafío del islamismo radical: un ensayo de interpretación” publicado en el Real Instituto Elcano (2007).

La mayoría de países musulmanes han sido dominados durante décadas por potencias autoritarias a las que hacen responsables de la falta de progreso social y económico que impedían la creación de empleo en sociedades sobrediemensionadas. Con la llegada de internet esta situación ha cambiado. Los jóvenes han tomado conciencia de la falta de modernización y han comenzado una rebelión para el cambio a favor de una modernización. No obstante, ante este hecho cabe destacar que nos encontramos ante sociedades desestructuradas, divididas y azotadas por las precariedad social, elementos, sin duda, que son el mejor caldo de cultivo para fomentar los radicalismos. Un ejemplo de ello lo encontramos en Siria, donde grupos islamistas como Estado Islámico (Daesh’s por sus siglas en árabe o IS en inglés) y Jabhat al Nusra, brazo armado de Al Qaida en Siria, se han apoderado de las regiones norteñas de al Raqqa y al Babb, las más azotadas económicamente por la retiradas de las ayudas a la agricultura, base de la economía de la región, agravada además por la crisis económica general siria.

La modernización además, pone en duda muchas de las tradiciones que acompañan a la umma desde hace siglos, por ejemplo la emancipación femenina. Este factor se une indiscutiblemente a que Occidente es visto por muchos musulmanes como un foco de corrupción económica y moral.

Los países islámicos, a excepción de como decimos aquellos que comercian con gas y petróleo, no se han integrado en la economía global. Este tipo de acciones que favorecen el aislacionismo y que a su vez dan lugar a un estancamiento económico, impiden el desarrollo y se convierte irremediablemente en un factor de radicalización.

Además, no podemos obviar señalar la vinculación del terrorismo con el elemento religioso. Son muchos los factores internos y externos que influyen en la creación de organizaciones terroristas que mediante actos violentos pretenden alcanzar un objetivo político. El componente religioso resulta sin duda un elemento atractivo que es manipulado por estas organizaciones para justificar la consecución de dichos actos.

En las religiones monoteístas, las que con mayor facilidad resultan manipuladas pues esa división entre fieles e infieles es un atractivo para el ideario propagandístico de estos grupos, la mal intencionada interpretación de los textos religiosos favorece la justificación de actos de terror.

La religión, por tanto, es un elemento discursivo ambiguo que permite penetrar en la mente y la conciencia de los creyentes y que puede ser empleado tanto para renovar y preservar la esperanza como para sembrar el odio y dar legitimidad a la violencia. En las últimas décadas el terrorismo religioso ha adquirido un auge espectacular que se relaciona con el auge de los fundamentalismos, en especial el fundamentalismo islámico que ha adquirido una mayor expansión en las últimas décadas gracias al empleo de las nuevas tecnologías.

El Estado Islámico y las nuevas tecnologías

Ejemplo de ello es la organización terrorista Estado Islámico (IS), quien parece haber superado con creces a su precursora Al Qaida en materia de propaganda. Sin duda para el EI las nuevas tecnologías resultan una herramienta esencial en su programa para la consecución de un Califato Islámico.

Gracias al aporte tecnológico esta organización ha podido realizar grandes adaptaciones cinematográficas en las que han volcado su mensaje. El cine fue durante muchos años, y aún hoy en día es, uno de los principales campos en los que la propaganda cumple una de sus funciones principales, convencer.

El IS ha seleccionado cuidadosamente los sectores de la sociedad más vulnerables a través de los cuales transmitir su mensaje y de facto, los que mayor repercusión mediática les han proporcionado: Lapidaciones de mujeres, practica poco habitual en las sociedades donde el IS se ha asentado como la siria o la iraquí, de hecho las lapidaciones a mujeres son características de comunidades tribales lo que demuestra la relevancia de las katibas locales en esta organización;asesinatos en masa, decapitaciones de ciudadanos occidentales y adiestramiento de la infancia en materia de terrorismo, foco de atención de las ONG’S de todo el mundo.

Podemos afirmar por lo tanto que, alejándose de lo que hasta ahora conocíamos en materia de comunicación terrorista, y teniendo como ejemplo de ello a Al Qaida, el Estado Islámico ha conseguido centrar la atención mediática de la Sociedad Internacional en su propria organización sin exponer a la luz pública a sus líderes ni a sus militantes, tan solo a través de la selección cuidadosa del mensaje y la víctima. Ha demostrado ser de aterrorizar a una sociedad que expectante, teme la próxima acción terrorista de un grupo considerado el más sanguinario en la actualidad aunque lejos de la realidad el Estado Islámico no es ni mucho menos la organización terrorista más sanguinaria de la historia sin embargo, son sus acciones, de alto componente violento, y el manejo de la propaganda lo que han garantizado el éxito rotundo de la organización en materia de terrorismo mediático.

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