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EL ESTADO ISLAMICO ES “BULLSHIT”

Por Cristina Casabón

El Estado Islámico (EI) reúne todos los prejuicios negativos del Islam radical que pudiesen existir en el imaginario colectivo occidental. Ha anunciado la creación de un Califato opresor, anti-moderno y ultra-conservador que llama al resurgimiento de un nacionalismo islámico, a la reconquista de un imperio, y que surge como respuesta a los dos últimos siglos de subyugación y humillación a manos de las potencias occidentales. Sigue operando y cada vez controla más territorio en Iraq y Siria. Las amenazas ahora son de un orden distinto y ello ha llevado a una coalición de países liderada por EEUU a ejecutar una estrategia de contención del grupo terrorista.

El 10 de septiembre de 2014, Barack Obama pronunciaba su esperado discurso sobre la estrategia contra este Califato.  Obama subrayó que el Estado Islámico “ni es un Estado ni es Islámico”, sino un grupo terrorista que constituye “un cáncer” para la estabilidad regional y los intereses de EEUU. Al respecto, Obama dejó claro que no estamos frente a un nuevo Harún al-Rashid, quinto Califa de la Dinastía Abbasí que hizo prosperar el multiculturalismo, la ciencia, la innovación, el aprendizaje y la cultura.

Al-Bagdadi, en cambio, es un terrorista feroz que ha desplegado una persecución contra minorías religiosas, que ha instaurado ejecuciones públicas como espectáculo de los viernes en la Plaza al-Na’im de Raqqa y ha destruido santuarios y símbolos del Islam. Khaled Diab ya desmentía este mito en el New York Times hace poco y se preguntaba “como esta falacia ideológica del califato islamista había podido llevarse a cabo”. Por desgracia para los iraquíes y sirios bajo su gobierno, cada vez más islamistas creen en ese mito, asumiendo erróneamente que los califatos debían haber sido teocracias ultraconservadoras.

El Califato del Estado Islámico, sin reconocimiento internacional y con capital en Mosul, no promueve más que la ignorancia. Como comentaba José Ignacio Torreblanca en El País, “este grupo terrorista ha prohibido las asignaturas de arte, música, historia, geografía y literatura” en las escuelas de sus ciudades todo ello con el fin de “poner fin a la ignorancia, promover las ciencias de la religión y rechazar los programas de educación corruptos”.

Lo cierto es que ningún grupo terrorista ha tenido la cantidad de reclutas que ahora se están viendo en el EI. Mayor perplejidad nos encontramos cuando este movimiento islamista retrógrado e instigador de las mujeres y las minorías atrae a precisamente a estos individuos a sus filas. France 2 informó que actualmente unas 150 mujeres francesas viven en Siria junto a los militantes yihadistas, y hace poco una mujer francesa gravó con una cámara oculta mujeres en Raqqa (Siria), la sede del Estado Islámico, portando rifles Kalashnikov (AK-47) mientras llevan a sus hijos a un parque de la ciudad.

La idea de Califato consigue que los radicales sientan que están haciendo algo verdaderamente significativo con su vida, y es precisamente la “reconquista” de esos territorios lo que les otorga “legitimidad” a los ojos de muchos radicales, y lo que les diferencia de Al Qaeda. Conviene recordar que Al Zawahiri, líder de Al Qaeda, afirmaba en su libro ‘Caballeros bajo el estandarte del Profeta’, escrito antes del 11-S, que debía conquistarse un territorio en Oriente Próximo para, desde allí, expandirse. El Estado Islámico se vanagloria de haber realizado este objetivo y tras sus conquistas el numero de militantes en sus filas ha aumentado considerablemente (el último informe de la CIA de marzo – agosto intuye que el EI cuenta con entre 20.000 y 31.500 combatientes).

Parece que la estrategia de contención de Obama, a la que se ha unido una coalición de países entre los que se encuentra España, va a frenar este expansionismo radical por el Norte de África y por lo tanto a alejar el fantasma de la amenaza del yihadismo extremista en nuestro país, que ya comentaba la analista Verónica Sánchez Moreno en Baab Al Shams y que ha sido recogida en un estudio reciente por el experto José María Gil Garre.

Pero no hay que perder de vista la creación de una estrategia antiterrorista que frene la influencia de este grupo a largo plazo y extirpe la idea de un “Califato”. Entre otras cosas, una estrategia que responde solo con más violencia no tiene justificación fuera de la contención de este avance. Para asegurar la erradicación de estos movimientos extremistas, Occidente necesita una estrategia de contrapropaganda clara,  limitada y bien definida que desmonte su falacia o “bullshit”. 

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