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El EIIL altera la geopolítica de Oriente Medio

andalus

Por Miguel Ángel Pérez Cano

La toma de casi todo el norte y oeste de Irak por parte del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), con la resistencia del Kurdistán, ha consolidado a un actor armado no estatal de índole yihadista en pleno Oriente Medio. Con sus feudos construidos a raíz de la cruenta guerra civil siria en el este y norte de ese país y sus actuales conquistas en Irak, el peso de este grupo terrorista se ha hecho realmente enorme y recaudan al día más de tres millones de euros en ventas de petróleo, ya que tanto Mosul como las provincias sirias que domina son zonas bastante ricas en oro negro.

Es muy relevante el cambio que ha dado el EIIL tras obtener esa gran presencia en Irak. Antes era una fuerza englobada dentro de la guerra civil siria y ahora ha adquirido una dimensión regional adentrándose en la dinámica iraquí, es decir, ahora no está limitado a la realidad siria y constituye un ente autónomo que influye en toda la geopolítica de la región.

La rápida irrupción del grupo en Irak se explica por el apoyo que ha recibido de fuerzas del partido Baaz iraquí, del antiguo ejército de ese país y por parte de la población sunní que se siente discriminada con las políticas de la fuerza política chíi Al Dawa que gobierna en el país bañado por el Tigris y el Éufrates.

El polvorín iraquí ha recibido nuevas toneladas de explosivos con la entrada del EIIL. El riesgo de guerra civil en Irak nunca ha sido tan grave como hasta ahora, ni siquiera con la creación del ejército de Muqtada al Sadr durante la presencia de EEUU en Irak tras la invasión del país, ya que los chiíes del sur se han movilizado y enviado milicias al norte, para salvar Bagdad y expulsar al EIIL de Irak.

Precisamente, en la localidad de Bin Wadis, una de estas milicias desplazadas hacia el frente asesinó recientemente a setenta sunníes que rezaban en una mezquita, lo que acentúa el descontento de la población sunní iraquí. Debe destacarse que varias milicias chiíes de Irak han estado combatiendo en la guerra civil siria del lado del régimen alauita de Al-Assad, una corriente religiosa ligada al chiísmo. De hecho, algunas como Asa’ib Ahl al-Haq (la Liga de los Justos) tienen lazos con la milicia Al Quds iraní siendo entrenadas por ésta. Con ello el enfrentamiento entre sunníes y chiítas suma un nuevo escenario donde se libra.

En medio de este enfrentamiento sectario en el que se sumerge Irak, se halla el Kurdistán iraquí. La Región Autónoma del Kurdistán fue legalmente creada tras la intervención de EEUU en Irak, pero existe de facto desde la aplicación de las zonas de exclusión aérea en Irak tras la primera guerra del Golfo para frenar el exterminio tanto de chiíes como de kurdos por parte de Sadam Hussein. Esta región ha vivido tradicionalmente ajena a los conflictos entre árabes sunníes y árabes chiítas – ya que los kurdos pese a ser mayoritariamente sunníes, no son étnicamente árabes como la mayoría del resto de Oriente Medio-, pero ahora se han visto de lleno afectados por el ciclón yihadista.

La rivalidad entre árabes y kurdos viene de siglos atrás. Tras varios choques después de la descolonización occidental de Oriente Medio se crearon diversos grupos sectarios locales a finales de los noventa auspiciados por el régimen de Sadam Hussein para afectar al ente kurdo, entre los cuales estaban el embrión originario del EIIL, que se metamorfoseó tras la invasión estadounidense de Irak. De ahí que los yihadistas lanzaran una ofensiva sobre Arbil, capital del Kurdistán iraquí, e hiciesen una limpieza étnica de esta zona contra kurdos y demás grupos como los yazidíes, antes que preferir avanzar hacía Bagdad.

La situación geopolítica de Oriente Medio ha cambiado profundamente. La rivalidad histórica persa-árabe se ha visto agravada por la confrontación religiosa entre chiíes y sunníes, que ha creado varios enfrentamientos en distintos países.

El Consejo de Cooperación del Golfo no está nada contento con que los sunníes hayan dejado de gobernar Irak desde la invasión estadounidense. Si bien se alegran de que la influencia del eje chií se debilite, la aparición de facto de un Estado yihadista les preocupa por varios motivos pese a que sean sunníes; primero por su radicalismo, segundo por ser independiente y un modelo distinto al que representan, y tercero porque pone en riesgo el petróleo. Es decir, que para ellos en este caso el lema de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” no es aplicable, aunque un EIIL no tan fuerte sí les beneficia porque debilita al eje chií en Irak y Siria.

En esta maraña de intereses geopolíticos el EIIL, como ente yihadista, pretende derrocar al régimen sirio y tomar Bagdad creando un ente con las áreas sunníes de Siria todo el país menos el litoral de mayoría alauita) e Irak (norte y centro), otra cosa es su sueño de un califato islámico liderado por su líder Abu Bakr al Baghadadi. Ello supondría la emergencia de una potencia regional importante con bastantes recursos, infraestructura y peso. De crearse ese escenario, no sería nada descartable la partición de Irak con un estado chií de facto en el sur del país, pues la integración de ese territorio en Irán no sería aceptado por los países que constituyen el Consejo de Cooperación del Golfo. También supondría que la Región Autónoma del Kurdistán, de sobrevivir ante un EIIL tan fuerte, podría consolidarse más como un Estado de facto e incluso obtener cierto reconocimiento internacional, con lo que Turquía probablemente actuaría creando un nuevo conflicto en la zona.

La movilización por la consolidación del EIIL tiene muchos enemigos declarados, no sólo por parte del eje chií y las fuerzas peshmergas de la Región Autónoma del Kurdistán sino también los países occidentales, muy temerosos del santuario que han logrado crear los yihadistas. Es bastante probable que la confluencia de ellos, coordinados o no, consiga el debilitamiento del EIIL, que en ese supuesto perdería gran parte de su presencia en Irak, volviendo a convertirse exclusivamente en una fuerza dentro de la guerra civil siria.

Ese resultado fortalecería al régimen de Al-Asad y aseguraría de nuevo el control de Irak por parte de los chiítas, algo que no quiere el Consejo de Cooperación del Golfo, por lo que cualquier intervención contra el EIIL debe tener en cuenta que la victoria total sobre el EIIL perjudicaría a una de las partes de la confrontación sunni-chií en una región muy volátil. El control chiíta de Irak supondría el divorcio entre EEUU y el Consejo de Cooperación del Golfo. En parte por ello, bajo la promesa de Obama de no enviar tropas de tierra a Irak, la intervención occidental contra el EIIL se limitará a bombardeos contra las posiciones yihadistas, evitando influir en la confrontación religiosa y de potencias que vive Oriente Medio. En consecuencia, la fase forzosa de “adelgazamiento” del EIIL ha comenzado.

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