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El Diálogo Nacional Sudanés, cronología de una democratización tambaleante

Por Darío López Estévez 

Si algo se ha aprendido con la oleada de revoluciones árabes –sin entrar en el debate de si han sido primaveras o inviernos-, es que el mundo árabe es difícilmente previsible e indómito, y por eso trae de cabeza a los establishments occidentales. La inflamable realidad de la región MENA ha provocado que la atención internacional recaiga sobre escenarios tremendamente complejos como Irak, Siria, Libia y Egipto; restando presencia mediática a la periferia de estos países. Bien podríamos citar el caso de la desesperante inestabilidad yemení o la prometedora y ejemplar trayectoria del Sultanato de Omán. Pero si hay un país penalizado por su condición de estado periférico en la región MENA, ése es Sudán.

El país nilótico es uno de los grandes desconocidos del mundo árabe. La efervescencia política en Túnez, Egipto, Marruecos y demás países de la región ha concentrado la atención de la comunidad internacional en los últimos años. No es el caso de Sudán. Y no obstante, esta República árabe lleva inmersa en un proceso de apertura democrática –al menos de fachada- desde enero de este año. La Iniciativa del Diálogo Nacional, como ha sido denominada por su presidente, Omar al-Bashir, que lleva en el poder nada más y nada menos que 25 años, fue lanzada con la intención de evitar el colapso de un sistema que ha superado hace tiempo su umbral de tolerancia. Sudán ha sido un campo de experimentación política a lo largo de su historia, y la actual Iniciativa no deja de suponer, en el fondo, otro experimento más.

Pero quizás esta vez sea distinto. Las elecciones presidenciales y legislativas están programadas para abril del año que viene. Se está redactando una nueva Constitución cuya aprobación se prevé para después de la celebración de las elecciones. La aplicación de los acuerdos de paz de 2005, 2006 y 2011 con los grupos armados internos se encuentran o pendiente de aplicación o fallidos. Los Hermanos Musulmanes se hallan asediados, y por consiguiente, también los regímenes filo-ijuaníes, como el bashirista. La confrontación entre Catar y Arabia Saudí por un lado, y la tajante enemistad entre ésta e Irán aumentan ulteriormente la presión sobre el régimen sudanés, tan aliado de iraníes como de cataríes. En este contexto, y he aquí uno de los pocos elementos de distensión en esta historia, la Unión Africana ha decidido intervenir para tomar las riendas del Diálogo Nacional sudanés. Del éxito de su actuación depende nada más y nada menos que la democratización del país.

Sin embargo, tal y como este documento aspirar a ilustrar, los escollos en el camino brillan por todo menos por su ausencia. Resulta imposible entrever la mínima linealidad en la andadura de la política sudanesa en el último año más allá de la permanencia del Parido del Congreso Nacional en el poder. Tampoco es que existiera antes, pero dado lo que está en juego, un primer acercamiento a la actualidad del país no puede carecer de una cronología comentada. Y es eso precisamente lo que aquí presentamos.

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