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El contragolpe de Recep Tayyip Erdogan

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Por Beatriz Yubero / Ankara

Los islamistas continúan en las calles. Las zonas aledañas al Parlamento en la capital, Ankara, se han convertido en el bastión de resistencia para los conservadores, que al grito de Allah’u Akbar (Alá es grande) continúan celebrando la victoria contra los militares. Turquía se ha inundado de banderas turcas. Los ürkücü o jóvenes nacionalistas recorren las avenidas como si fueran suyas. Corán en mano, y bajo la estela de las bengalas, definitivamente el Golpe de Estado ha fracasado.

Un total de 290 fallecidos, más de 1.400 heridos y más de 6.000 militares, jueces y fiscales detenidos son el balance de la que puede considerarse la semana trágica para democracia en Turquía. El ejecutivo mantiene la acusación de que los arrestados pertenecerían a la cofradía del teólogo Fetullah Gülen, antaño aliado del Gobierno y hoy enemigo número uno del Estado.  Además 7.850 policías han sido suspendidos durante la jornada de hoy. La lista de los agentes suspendidos fue enviada a diferentes provincias el pasado día, cuando los policías fueron llamados a las direcciones de seguridad y obligados a depositar sus armas.

Pese a que todo apunta a que las acciones violentas entre policías y militares habrían cesado, las arengas de los conservadores y en especial del presidente de la República, instan a la sociedad civil a permanecer durante una semana en las plazas: “La amenaza todavía no ha acabado, prometedme que permaneceréis en las calles, esto es cuestión de 12 horas”. Durante la jornada de ayer, hasta once golpistas fueron detenidos  en el aeropuerto internacional Sabiha Gökçen, en Estambul. Otra operación, que incluyó de igual manera el empleo de armas de fuego, tuvo lugar en la base del Ala 3ª de la Fuerza Aérea, en la provincia central de Konya. En esta ocasión el jefe de la base,  Akin Öztürk, también fue arrestado.

Al vuelo de los F-16 que el pasado viernes atronaron el cielo de la capital le siguen las consignas islamistas que se han apoderado de las calles. Si los destrozos a causa de las bombas -sobre el Parlamento, la Sede Central de la Policía y la Inteligencia y la sede del Estado Mayor- pueden considerarse significativos, aún más lo son los daños que los barrios alevíes. Considerados herejes, la minoría, que representa el 20% de la población en Turquía, ha sido víctima de los actos violentos de los ultranacionalistas. Los barrios de Gazi, Sarigazi, Gülsuyu, Nurtepe y Okmeydani, en Estambul y la ciudad de Antakya, al sur del país han sido especialmente los afectados.

Además las casas Cemaat, en donde residen y estudian los jóvenes seguidores de Gülen, han comenzado a arder en diferentes localidades del país. Los islamistas habrían prendido fuego a estos hogares al grito de “Feto nos nos vencerá”.

Mientras, en las últimas horas los discursos de los imanes que desde los minaretes instan a la población a acudir a rezar y a permenecer en las calles dan alas a los islamistas que solicitan desde el pasado viernes tanto en Estambul como frente al Parlamento, en Ankara, el retorno de la pena capital al país. Esta cuestión, que tal y como ha asegurado Erdogan “Es legítima. Las peticiones de todos los pueblos deben de ser tratadas en el Parlamento”, evidencia el giro autoritario de esta nueva etapa política.

 

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