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El atentado de Mánchester y su conexión libia

Por Álvaro de Arguelles

Veintidós fueron las vidas que el atentado terrorista en el Manchester Arena se cobró hace ya dos semanas y, conforme aumenta la información disponible sobre su autor (Salman al-Abeidi) y sus vínculos con afines a al-Qaeda, no cabe sino preguntarse si la masacre podría haber sido evitada.

Los que conocían a Salman lo han descrito en diversas formas, pero todos coinciden en que distaba mucho de ser un musulmán ejemplar; fumador de cannabis y bebedor de vodka, tenía problemas de agresividad y era miembro de una banda callejera local. Fue hace dieciocho meses cuando comenzó su radicalización tras un viaje al país de su familia, Libia. Desde ese momento se convirtió en el hombre radicalizado ya conocido a través de la prensa, ataviado con chilaba y rezando a gritos por la calle. En esta última etapa Salman rompió el contacto con todos sus amigos y tuvo su primer encontronazo con Mohammed Saeed, uno de los imanes de la mezquita de Disbury al sur de la ciudad, luego de que éste criticara en su sermón el terrorismo en Libia.

Pero, ¿qué ocurrió en ese viaje de fatídicas consecuencias? Una fuente en Washington reveló de forma extraoficial que Salman habría entrado en contacto con el clérigo salafista Abdul Baset Ghwela, antiguo imán en una mezquita de Ottawa y desde la caída del régimen de Gadafi asentado en la nación africana. Ghwela es conocido por haber defendido la yihad armada y por ser un abierto opositor a las fuerzas de la localidad de Zintán, aliadas con el mariscal Haftar en el marco de la Operación Dignidad, a través de la cual éste intenta desde 2014 hacerse con el poder sobre el país.

En declaraciones al Libya Observer, Ghwela negó estas acusaciones y amenazó con denunciar a quienes lo difamaran, pero en cualquier caso se pone en relieve el problema que supone la falta de control sobre los desplazamientos transfronterizos entre Libia y Reino Unido. Salman no es ni remotamente el único libio en el país británico, siendo Manchester el hogar de más de cinco mil expatriados que huyeron de la Jamahiriya. Muchos de éstos pertenecen a clanes leales a la monarquía del depuesto rey Idris, pero también son abundantes quienes tienen un bagaje islamista, la familia Abeidi es un ejemplo de ello. De entre esta comunidad religiosa una parte acabaría adscrita al Grupo Islámico Combatiente Libio —LIFG por sus siglas en inglés y conocido como al-Muqatilah en el mundo árabe—, formado en 1995 por Abu Laith al-Libi y otros veteranos de la guerra de Afganistán con el objetivo de deponer al régimen de Gadafi.

El “Hermano Líder” fue siempre consciente del asilo que Reino Unido ofrecía a sus enemigos, financiando en venganza al IRA y organizando el terrible atentado de Lockerbie contra el vuelo 103 de Pan Am que se saldó con 270 muertes civiles. La última palabra, no obstante, la tendría el Gobierno de David Cameron, el cual permitió que numerosos libios cruzaran las fronteras y regresaran en 2011 a su país para luchar en la rebelión contra el régimen. A ellos se les conoce como los doble shafra, palabra con la que en árabe se designa a las tarjetas SIM telefónicas, lo cual evidencia la facilidad con la que éstos se movían fácilmente entre los dos mundos.

Este control vaporoso no benefició únicamente a los rebeldes libios vinculados al Consejo Nacional de Transición, suponiendo también un nuevo amanecer para los extremistas libios tanto dentro de su país como en Reino Unido. Manchester se convirtió así en la cuna de una comunidad salafista con un verdadero culto a la yihad y que no hace sino inevitable el contagio por osmosis de este culto al martirio entre jóvenes como Salman.

De entre las figuras más importantes de esta célula radical británica destaca Bashir al-Faqih, detenido por las autoridades en 2007. Al-Faqih era miembro de la ONG Sanabel, a través de la cual se obtenía financiación para el LIFG en Mánchester, Middlesbrough, Birmingham y Londres. Fue igualmente acusado de haber organizado los atentados suicidas de Casablanca en 2003 que se saldaron con cuarenta muertos.

Mención aparte merece también Abdalbaset Azzouz, quien en 2012 dejó su hogar en Manchester (a tan solo unas pocas calles del hogar de los Abeidi) para desplazarse a Libia como enviado directo de Ayman al-Zawahiri y coordinar la creación del Consejo de la Shura de los Muyahidines de Derna, grupo que controla dicha localidad desde 2014. Azzouz estableció campos de entrenamiento para la organización y creó además su propia milicia secreta.

Continuando el listado, a la comunidad islamista mancuniana pertenecen también otros terroristas como Jamal Udeen Al-Harith (Ronald Fiddler), autor en 2017 de un atentado suicida en Mosul; Abu Qaqa (Raphael Hostey), reclutador del ISIS en la ciudad; las hermanas Salma y Zahra Halane, captadas por el ISIS en Siria como novias de la yihad, y Abdelrauf Abdallah, condenado a nueve años y medio de prisión por financiación del terrorismo, éste último, amigo íntimo del padre de Salman.

En medio de esta trama islamista la ya mencionada mezquita de Didsbury se presenta como un eje vertebrador. Constituida en el edificio de una antigua capilla metodista y controlada por los Hermanos Musulmanes, la mezquita es frecuentada por numerosos miembros del LIFG y está controlada por el imán Mustafa Abdallah Khalifa Graf, nacido en Zauiya (Libia) en 1970 y perseguido por el régimen de Gadafi por su afiliación a la organización terrorista. A pesar de ello, el 24 de mayo el centro islámico emitió un comunicado condenando el terrorismo y distanciándose de los actos de Salman en el concierto del Manchester Arena.

El encargado del athan (la llamada a la oración) en la mezquita no era otro que el patriarca de la familia Abeidi, Ramadan. Ramadan trabajaba como agente de seguridad durante la dictadura de Gadafi y abandonó el país con su mujer en 1993 tras ser investigado por sus vínculos son el salafismo armado. Después de dos años en Arabia Saudita llegarían a Londres y, finalmente, a Manchester. Tras la caída del régimen, Ramadan volvió a Trípoli y empezó a desempeñar de nuevo labores de seguridad dentro del Ministerio del Interior, pero sus vínculos con la yihad estaban lejos de haber acabado.

Ramadan era miembro del Partido Umma —dirigido por el religioso y miembro del LIFG Sami al-Sadi, también con nacionalidad británica y libia— y está estrechamente relacionado con el clérigo islamista Sadiq al-Ghariani, antiguo gran muftí de Libia y una de las principales figuras en la guerra civil que actualmente sacude el país. Fotografías difundidas en las redes sociales muestran a Ramadan junto con al-Ghariani durante la guerra en 2011, encuentros que desde entonces se han repetido en numerosas ocasiones, incluido en Manchester; el clérigo se doctoró en Exeter y de nuevo es poseedor de la doble nacionalidad.

Sobre al-Ghariani pesa una orden del Ministerio del Interior Británico que prohíbe su entrada en el país, acusado de promover el odio y el terrorismo. No en vano es pieza clave de la alianza Fakhr Libya (Orgullo de Libia) que trata de derrotar al Gobierno de Acuerdo Nacional en la capital auspiciado por Naciones Unidas. El 27 de mayo, tras meses de combates armados, todas sus fuerzas abandonaron la capital poniendo rumbo a la vecina de la localidad de Tarhouna. Algunas fuentes aseguraron que dicha maniobra de repliegue se atribuye a un ultimátum del AFRICOM —el mando africano de Estados Unidos—, que supuestamente envió mensajes de radio a las fuerzas islamistas para detener las hostilidades y ordenó que sus aviones sobrevolaran la zona como medida de disuasión. De ser ciertos estos rumores, podrían evidenciar una mayor involucración americana en el escenario libio como respuesta al atentado de Mánchester.

También en Trípoli tuvo lugar, el 24 de mayo, el arresto de Ramadan al-Abeidi y su hijo menor, Hisham. La detención, que en algunos medios de prensa fue descrita como si se tratara de una coordinada operación policial a nivel internacional, no es sino un intento de obtener rédito político por parte de la milicia que llevó a cabo la captura, las Fuerzas Especiales de Disuasión.  A pesar de esta elegante denominación (Qubat al-Rada en árabe), es en verdad una banda armada dirigida por el señor de la guerra Abdalraouf Kara. Kara pertenece a la llamada rama silenciosa del salafismo, una corriente ideológica introducida en Libia a través del clérigo saudita al Rabee al-Madkhali que pretende desentenderse de las cuestiones puramente de gobierno para evitar las controversias en el seno de la comunidad musulmana. Así pues, su principal función hasta el momento venía siendo la persecución de traficantes de drogas,  alcohol y de la prostitución. Tanto Ramadan como Hisham fueron arrestados sin ninguna clase de garantía judicial y hasta el momento no han sido puestos bajo el control de la fiscalía. Es en estas condiciones en las que Hisham declaró ser miembro del ISIS y de haber organizado junto con su hermano Salman el atentado de Mánchester.

El 29 de mayo las oficinas de la Dar al-Ifta (casa de la fetua) de Sadiq al-Ghariani en Trípoli fueron tomadas por fuerzas afiliadas al Gobierno de Acuerdo Nacional tras la desbandada de Fakhr Libya en la capital, pero es improbable que ello vaya a generar nuevas evidencias sobre el ataque terrorista. Al-Ghariani permanece hasta el momento en paradero desconocido, pero su hijo Suhail, residente en Reino Unido, cierra otra vez el círculo: de nuevo es íntimo amigo de la familia Abeidi, y de nuevo habitual de la mezquita de Didsbury.

En conclusión, el atentado del 22 de mayo pone en relieve la existencia de una compleja red de libios vinculados al LIFG asentados en territorio europeo y con una verdadera predisposición a la yihad. Parece pues que aunque fuera el Estado Islámico quien reclamara la autoría de la masacre, es realmente la mano de al-Qaeda la que sobrevuela Manchester. En medio de este milieu salafista la radicalización de jóvenes como Salman no es por tanto más que una cuestión de tiempo. Reino Unido y la Unión Europea deberán seguir cooperando mano a mano si quieren evitar que el terrorismo se cobre más vidas inocentes.

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