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El análisis del Observatorio de Atentados Yihadistas: febrero 2017

Quema en Mosul

Por Carlos Igualada Tolosa

El seguimiento  de  la actividad yihadista realizado por el Observatorio de Atentados Yihadistas ha documentado 108 atentados que han dejado un balance cercano a las 900 víctimas en el mes de febrero, siempre teniendo en cuenta los criterios y condicionantes establecidos a la hora de contabilizar los casos de estudio.

A lo largo del presente análisis se comentarán las principales claves y acontecimientos sucedidos durante este mes, haciendo especial hincapié en cuestiones como la creciente amenaza en la región del Sahel con el surgimiento de una nueva entidad que agrupa a varias organizaciones yihadistas, la consolidación del uso de drones por parte de Dáesh a modo de bombarderos ,la persecución hacia los cristianos coptos  de Wilayat Sina en la Península del Sinaí, la progresiva presencia del Estado Islámico en la región de Puntland en Somalia o la cooperación que se está dando en zonas del Magreb y del Sahel por parte de Dáesh y al Qaeda.  Por otro lado, la documentación de estos atentados perpetrados por organizaciones yihadistas permite conocer la evolución éstas, sus tácticas más recurrentes y las principales áreas geográficas en las que tiene lugar su actividad y su influencia.

Análisis

A grandes rasgos, la evolución del terrorismo yihadista en febrero ha mantenido una línea similar a la del mes anterior, con unas cifras ligeramente inferiores en cuanto al número de atentados y a víctimas provocadas. Si se tiene en cuenta que febrero es característico por ser el mes con menos días del año, el balance general que se puede hacer es que los 108 casos recogidos en estos 28 días son muy similares en términos cuantitativos  a los 118 del mes pasado.  Los mismo sucede en cuanto a las muertes provocadas por estos atentados, ya que en febrero se han registrado 889 víctimas y en enero 970, dándose en ambos  casos una media de 8.2 fallecidos por acción terrorista.

En cuanto a los atentados más virulentos sucedidos en el mes de febrero es preciso comentar que en un único día se dieron tres atentados registrados en Pakistán, Afganistán e Irak que produjeron más de 150 fallecidos, ocurridos todos ellos el día 16.  En el caso de Pakistán, en la ciudad de Sindh se inmoló un terrorista en el interior de un templo sufí mientras se celebraba una ceremonia, falleciendo cerca de 90 personas y dejando más de 250 heridos.  Mientras, en la ciudad de Nangarhar, se produjo un ataque a gran escala desde diferentes frentes sobre un puesto de seguridad militar, con el resultado de 17 soldados y una veintena de terroristas fallecidos. En el caso de Irak, un coche bomba estalló en plena calle, provocando la muerte de medio centenar de personas, convirtiéndose en  el ataque más fatídico en lo que llevamos de año en la capital iraquí. Por otro lado, el día 24, pocas horas después de la pérdida  de la ciudad de Al Bab por parte de Dáesh, se produjo un atentado con coche bomba cargado de explosivos en el que fallecieron cerca de 80 personas, entre las que se encontraban tanto civiles como combatientes que habían hecho frente a los partidarios del Estado Islámico.

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Las cuatro acciones terroristas citadas fueron reivindicadas horas después de que sucediesen por Dáesh a través de sus medios y agencias de comunicación. Atentados como estos que llevan el sello del Estados Islámico sirven como modelo para reflejar su hegemonía actual en lo que concierne al liderazgo del terrorismo yihadista. No obstante, su preponderancia, con toda probabilidad, quedará difuminada a medida que sus territorios en Siria e Irak sigan reduciéndose ante el avance de las distintas fuerzas gubernamentales y aliadas. Además, a ello hay que sumarle  la recuperación de Al Qaeda, que progresivamente está adquiriendo un papel más activo sobre el terreno, especialmente a través del movimiento de sus filiales AQMI y AQPA y otros grupos con los que mantienen estrechos vínculos.

La pérdida de poder de Dáesh es una realidad que se puede apreciar desde diferentes puntos de vista. A nivel militar, su posición defensiva es evidente y  el foco de atención comienza a centrarse en la capital del califato, Raqqa, donde posiblemente se de la batalla final que suponga la pérdida total de sus territorios y la huida de mucho de sus seguidores a otros focos desde donde podrán continuar su lucha.  A lo largo de este mes se ha producido la derrota de Dáesh en importantes enclaves como es la ciudad de Palmira, reconquistada por segunda vez, o  progresivamente en Mosul, escenario principal actual en la lucha contra el Estado Islámico, con un avance de las tropas iraquíes lento pero continuo. Las redes sociales es otro de los ámbitos donde se aprecia la pérdida de influencia de Dáesh, constatándose una menor actividad en lo que concierne a la difusión de videos de propaganda yihadista y a grupos o perfiles creados por miembros de la organización. Todo ello está afectando directamente al fenómeno de los foreign fighters, reduciéndose de forma significativa el número de individuos que han marchado a zonas bajo control del califato para unirse a sus filas, debido a que el mensaje de Dáesh ha dejado de llegar tan lejos como en meses anteriores y no tiene la misma repercusión. A ello, hay que añadir que nadie quiera sumarse a una causa militar perdida  cuya derrota ya está anunciada y es solo cuestión de tiempo que se consuma.

Las estrategias militares con las que combate Dáesh siguen siendo el uso de IED’s de fabricación casera que esconden por las casas y calles a medida que van retrocediendo y la utilización de terroristas suicidas, que en la mayoría de casos se inmolan en el interior de vehículos blindados con placas de acero para repeler los disparos y haciéndose estallar tras adentrarse en las filas enemigas.  En esta misma línea hay que destacar el uso de drones, un arma de la que se ha hecho mención en anteriores análisis de este observatorio, pero que se ha consolidado especialmente este mes con múltiples ataques producidos mediante ellos sobre zonas recientemente arrebatadas al control del Estado Islámico. Algunos de estos ataques con drones tienen como objetivo bombardear colegios y hospitales, como fueron los dos casos registrados el día 20 en Mosul en los que murieron 9 personas, entre ellas dos niños que estaban en la escuela.

Los miembros de Dáesh no dudan en utilizar cualquier medio posible a la hora de cometer un atentado que pueda causar algún daño a la población civil liberada o a las tropas que le están haciendo frente, como demuestra el hecho de que varios soldados iraquíes consiguieron desactivar los explosivos que algún individuo había adosado a un perro, con la intención de activarlos en algún momento determinado. Acciones tan despreciables como esta suelen ser muy frecuente dentro de los distintos modus operandi a los que Dáesh suele recurrir, especialmente en estos momentos en los que se encuentran en una situación crítica.

En lo concerniente a Al Qaeda, la organización liderada por al Zawahiri ha empleado en los últimos años una estrategia que parece comenzar a dar resultados. La decisión de adoptar un perfil bajo de actuación y presentarse como un grupo “moderado” le ha permitido ocupar un segundo plano en lo que se refiere a la lucha antiyihadista, dejando todo el protagonismo a Dáesh, que se ha convertido en el principal amenaza y por ende ha recibido toda la atención de las ofensivas militares. Esta situación ha permitido a Al Qaeda central por un lado reestructurar y reorganizar sus fuerzas, y por el otro, asentar y expandir su influencia a través de sus filiales y organizaciones vinculadas a ella, como muestra su importante presencia en Yemen o en el Sahel. Precisamente es en esta región donde ha finales de mes ha surgido una nueva organización yihadista que sin duda puede convertirse en la gran amenaza para el futuro, pudiendo superar incluso a Boko Haram en los próximos tiempos. Jamaat Nusrat-ul-Islam wal-Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) ha nacido como resultado de la suma de distintos grupos yihadistas presentes en la región, como son el propio AQMI, si no en su totalidad al menos en el Sahara, Ansar Dine, al Morabitoun y el Frente de Liberación de Macina. Todos ellos tienen como epicentro de su actividad el norte de Mali y tras el juramento de fidelidad a al Qaeda Central,  su  presencia posiblemente se expanda por zonas limítrofes, pudiendo convertirse en una amenaza en un futuro no muy lejano.

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En relación a esta cuestión es posible que en algún momento los intereses de esta nueva organización que rinde pleitesía a al Qaeda se encuentren con los del grupo nigeriano Boko Haram, actualmente dividido entre los que juraron fidelidad a al Baghdadi y los que permanecieron leales al que hasta entonces era su líder indiscutible, Abubakar Shekau. En cualquier caso, las relaciones entre al Qaeda y Dáesh no se pueden analizar de la misma forma en Oriente Medio y en la región del Magreb y el Sahel. En la primera región, su colaboración ha sido muy escasa o nula, llegando incluso a enfrentarse directamente en el campo de batalla, mientras que en la mitad norte de África se ha visto que en determinados casos han colaborado entre ellas, especialmente en Libia donde recientemente se ha documentado que los partidarios de Dáesh al sur del país han recibido ayuda de grupos afiliados de al Qaeda, en una clara cooperación entre ambas entidades. Habrá que ver si el entendimiento que se produce en esta región puede darse de la misma forma en un futuro entre Boko Haram y la reciente alianza de grupos vinculados a al Qaeda. Pese a las dificultades, si esto llegase a sueceder, la capacidad de ambos grupos se convertiría sin duda en la principal amenaza yihadista de toda la región, lo que obligaría a Europa a tener que adoptar una postura más activa para hacer frente a ese peligro.

Existen otras cuatro cuestiones a comentar brevemente en torno a organizaciones yihadistas. En primer lugar, la mayor presencia de Dáesh en Somalia, concretamente en la zona de Puntland, una de las regiones más amplias del país. Este hecho puede provocar un crecimiento de las hostilidades con respecto a al Shabaab, grupo preponderante con un amplio control de distintas zonas y que este mes ha tenido un especial protagonismo mediante sus atentados con la intención de boicotear las elecciones presidenciales celebradas en el país. Está por ver la forma en la que evolucionarán ambos grupos y su relación de cara a los próximos meses. De lo que no hay duda es que su presencia será un nuevo factor de inestabilidad para el nuevo gobierno.  En segundo lugar, en la Península del Sinaí se ha dado este mes una persecución especialmente violenta contra la población cristiana por parte de la filial del Estado Islámico en esta región, Wilayat Sina. Los atentados producidos contra la población copta han ido desde ataques a iglesias a asesinatos selectivos de personas por su condición religiosa.  Por último, el día 27 se produjo el primer ataque del grupo Ansaru Islam, con centro operacional en Burkina Faso y ligado a la facción maliense de Ansar Dine, tras su origen como entidad propia el mes pasado. Por último, los talibán afganos siguen asentando su control sobre amplias regiones del país, mientras que su facción en Pakistán cada vez tiene un mayor protagonismo, dándose un incremento de sus acciones yihadistas.

La presencia del terrorismo islamista atendiendo a escala geográfica sigue siendo muy diversa, estando muy presenten en varias regiones.  Este mes se ha producido al menos un ataque yihadista en 18 países: Irak, Kenia, Somalia, Afganistán, Yemen, Camerún, Siria, Filipinas, Mali, Nigeria, Egipto, Pakistán, China, Níger, India, Argelia, Libia y Burkina Faso.  Es preciso aclarar que en esta lista no se encuentra Francia, porque el atentado producido en el museo del Louvre a principio de mes no se produjo ningún fallecimiento, siendo éste condicionante uno de los establecidos por este observatorio para incluir los casos de estudio en esta investigación.

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Los países más afectados por la actividad de los grupos yihadistas siguen siendo Irak, Siria y Afganistán. No obstante, Nigeria, Mali, Pakistán, Somalia o Yemen siguen siendo otros epicentros donde los atentados perpetrados por organizaciones que tienen una fuerte presencia en la región son muy frecuentes.

Como se puede apreciar en la tabla 3, Oriente Medio sigue es la región que centra gran parte de los atentados, dada la presencia de múltiples entidades yihadistas, como es el propio Dáesh, Fatah al Sham, Tahrir al Sham o los grupos talibán. Mientras, la mitad norte del continente africano es el otro gran avispero del yihadismo, especialmente en Mali y sus alrededores donde existe una intensa actividad y numerosos grupos muy activos vinculados al salafismo, como queda en evidencia con la formación de nuevas alianzas y la creación de otras organizaciones originadas tras la fusión con otras ya existentes.  Boko Haram con presencia en Nigeria, Niger, Chad y Camerún, y Al Shabaab en Somalia y Kenia son los otros dos grandes focos del Sahel y del Cuerno de África respectivamente.

En el Sudeste Asiático, el principal grupo islamista de la región sigue siendo Abu Sayyaf, con una importante actividad en Filipinas, aunque cada vez son más numerosos otros grupos que comienzan a tener cierta relevancia tras ir estableciendo lazos o bebiendo de la ideología emanada de Dáesh.

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Los objetivos contra los que van dirigidos los ataques yihadistas mantienen la doble vertiente de los meses anteriores, aunque se ha dado una mayor presencia de los blancos religiosos.

Los ataques contra objetivos blandos, es decir la población, son frecuentes por parte de los grupos terroristas, teniendo en muchos casos la finalidad  de mostrar su capacidad de atentar y provocar grandes pérdidas tanto materiales como humanas, en un claro desafío a las autoridades gubernamentales. No obstante, un uso desmedido de la violencia contra la propia población quizá provoca un efecto contrario al deseado, pudiendo ser visto como una amenaza y un peligro para la propia gente que ve con buenos ojos la actividad de estos grupos y puede acabar por retirar el apoyo a éstos, sin el cual los grupos terroristas no pueden sobrevivir. El propio Dáesh o Boko Haram son algunas de las entidades yihadistas que más recurren a atentar contra la población civil en mercados, centros comerciales o manifestaciones donde las grandes aglomeraciones se convierten en el escenario perfecto para cometer sus actos de barbarie a través generalmente de terroristas  suicidas o mediante el estallido de vehículos que contienen grandes cantidades de explosivos en su interior.

En cuanto a los objetivos contra fuerzas militares el principal foco actual se sitúa en Mosul, donde es muy frecuente este tipo de ataques realizados por Dáesh frente a las tropas iraquíes o sus aliadas, en un marcado contexto de conflicto armado. No obstante, los grupos yihadistas tienen predilección por cometer atentados contra cuerpos de policía o militares, ya sea asaltando comisarías o realizando emboscadas en puestos de control o infraestructuras castrenses. En lo que respecta al establecimiento de blancos gubernamentales destaca el caso de al Shabaab durante los últimos tiempos y especialmente en febrero, coincidiendo con las elecciones en el país. En estos meses se han producido diversos atentados contra instituciones de gobierno en la capital Mogadiscio, como es el Parlamento o el palacio residencial y contra los propios políticos, siendo algunos de ellos asesinados mientras se dirigían a sus lugares de trabajo o se encontraban disfrutando de su tiempo libre.

Por último, los ataques producidos contra objetivos religiosos este mes están relacionados en su mayoría con las acciones que se han cometido en Egipto contra los cristianos coptos, como ya se ha comentado antes, dándose  más de media docena de este tipo de acciones.

Conclusiones

La actividad yihadista durante el mes de febrero ha mantenido la línea con la que comenzó el año 2017. Los 108 atentados y las casi 900 personas que han fallecido a causa de la violencia de este fenómeno presente en 18 países a lo largo de este mes representan unos datos que evidencian su presencia a escala global como una de las principales amenazas para la seguridad de los ciudadanos.

No obstante, es preciso tener en cuenta que no a todos afecta el terrorismo de corte yihadista por igual. Mientras en Oriente Medio, el Magreb, el Sahel o el Cuerno de África su presencia es diaria, en Occidente su aparición sigue siendo muy limitada, dándose este mes un único incidente de estas características, el sucedido en el museo del Louvre, en el que no hubo que lamentar víctimas.

En los próximos meses habrá que prestar especial atención a la región del Sahel,  uno de los mayores avisperos de yihadismo, donde la aparición de un nuevo frente yihadista que aglutina a diversos grupos ya existentes puede convertirse en el nuevo referente de la región. Mientras, Dáesh sigue perdiendo día a día los territorios que mantenía bajo su dominio y en los próximos meses la atención recaerá sobre Raqqa, considerada la capital de su califato, donde posiblemente se de la batalla que suponga su caída definitiva a nivel militar, que no ideológico.

En cuanto a al Qaeda, la organización que en su día fue liderada por Osama Bin Laden comienza a tener de nuevo el protagonismo perdido y concedido de buena gana a Dáesh tras su irrupción en 2014. Desde entonces, se han mantenido en una posición secundaria, sin cometer grandes atentados y con un perfil bajo que le ha permitido dejar de ser el centro de la lucha antiyihadista, siendo visto por algunos como una opción “moderada”  con la que incluso poder pactar para hacer frente al Estado Islámico. Esta estrategia comienza a dar sus frutos, y como ya se está viendo, mientras Dáesh ha iniciado su declive, al Qaeda ha reaparecido de nuevo con la intención de volver a ocupar la hegemonía que ostentaba en el pasado.

*El Observatorio de Atentados Yihadistas es  una investigación de Carlos Igualada para el grupo de análisis Baab al Shams y el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo (OIET).

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