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El análisis del Observatorio de Atentados Yihadistas: abril 2017

Por Carlos Igualada Tolosa

Introducción

Los 97 casos de estudio documentados por el Observatorio de Atentados Yihadistas en abril a partir de los criterios de selección y condicionantes establecidos para esta investigación suponen una nueva muestra del fenómeno del terrorismo yihadista, el cual está cada día más presente a escala plantearía.

En este análisis se plasmará un nuevo balance sobre la situación actual del terrorismo de etiología yihadista, así como de los principales grupos que se identifican con este planteamiento fundamentalista. Esta tarea es posible realizarla a partir del manejo de la información obtenida a partir del estudio de los casos documentados y el seguimiento realizado durante los meses anteriores de los mismos, permitiendo analizar desde una perspectiva temporal los acontecimientos y la evolución de este fenómeno. Además, a lo largo del presente artículo se comentarán determinadas cuestiones ligadas al desarrollo de los acontecimientos durante este mes, como es la continuación de los ataques químicos por parte de Daesh contra población civil y objetivos militares, el nuevo hallazgo de una fosa común que pone de manifiesto el genocidio yazidí cometido por el autodenominado Estado Islámico o las últimas decisiones adoptadas por los gobiernos del Sahel para combatir a los distintos grupos yihadsitas presentes sobre el terreno.

Análisis

Las acciones perpetradas por organizaciones yihadistas durante el mes de abril se mantienen en niveles similares a anteriores registros en términos cuantitativos. No obstante, el número de personas que han fallecido a causa de él es considerablemente mayor si se tiene en cuenta el hallazgo de una fosa común en la ciudad de Sinjar en Irak el día 11 en la que se encontraron los cuerpos de más de 1.600 personas, entre las que había centenares de niños y mujeres. Todo apunta a que estas víctimas eran yazidíes que fueron asesinados por el autodenominado Estado Islámico una vez que fueron avanzando por el territorio, ocupando ciudades como la de Sinjar, donde acabaron con la vida de gran parte de la población que fue ejecutada por el simple hecho de pertenecer a esta religión. No se sabe exactamente el momento en el que se produjo la ejecución de todas estas personas, aunque todo apunta a que fue llevada a cabo durante los días posteriores a  la ocupación de la ciudad, la cual estuvo bajo domino de Daesh hasta finales de 2015. Sea como fuere, de lo que no queda atisbo de duda es que este nuevo descubrimiento representa una nueva evidencia de lo que supone un genocidio sobre la población yazidí, un genocidio en el que los países Occidentales no han puesto suficientes medios para evitarlo y han preferido mirar hacia otro lado. Con toda seguridad, a medida que se vayan realizando nuevas investigaciones sobre el terreno se irán descubriendo nuevas fosas en ciudades y localidades con otros centenares o miles de cuerpos de yazidíes asesinados que pondrán todavía más en evidencia el abandono y la desprotección de la comunidad internacional hacia los crímenes cometidos contra este grupo religioso.

En cuanto a los atentados más virulentos sucedidos durante abril destaca por encima del resto el ocurrido en la ciudad de Balkh en Afganistán el día 21 en el que murieron cerca de 240 soldados en una base militar tras un gran asalto perpetrado por un grupo de talibanes que se adentraron en el recinto, pasando inadvertidos por ir vestidos con indumentaria militar y llevando a cabo una masacre en distintos puntos de la base. Este ataque se ha convertido en el atentado yihadista que más muertes ha provocado a lo largo de lo que llevamos de año. En contraste con esta acción de gran intensidad aparece el resto de casos documentados, los cuales en su gran mayoría han producido menos de 10 víctimas, exceptuando casos como los atentados contra las iglesias coptas en Egipto, determinados ataques en el Sahel contra las fuerzas de seguridad o alguna ejecución de civiles por parte de Daesh que superan la decena de muertes provocadas.

Si no se tiene en cuenta el citado caso de la fosa común en Sinjar, el número de fallecidos por cada acción documentada  en abril es de 8, siendo superior a la de 5.8 víctimas registradas durante el mes de marzo donde también se produjo el descubrimiento de una fosa común en Mosul con los restos de 500 chiíes. Ninguno de los dos casos es tenido en consideración a la hora de establecer la media propuesta, ya que no son acciones cometidas durante este mes, aunque si es fundamental recogerlas en el registro para que quede constancia de los actos de barbarie cometidos por Daesh.

Atendiendo a las organizaciones yihadistas, es preciso señalar que no se ha producido grandes cambios dentro de las más representativas. Por un lado, Daesh sigue siendo el máximo exponente del salafismo yihadista, siendo el único grupo capaz de hacerse con el control de amplios territorios gobernados bajo la ley de la sharía impuesta  a la población. No obstante, desde que se puso en marcha la ofensiva para combatir esta amenaza desde los propios dominios del califato, el Daesh ha perdido grandes porciones de terreno, ya que solo durante el último año éste se redujo un 25 por ciento. Además, la derrota sufrida en grandes ciudades como Alepo o la que se viene dando durante más de medio año en Mosul son el preámbulo que vaticina el posible futuro de la caída de su capital Raqqa, aunque sin duda, la conquista de la ciudad contará con muchos actores interesados que desean ganar nuevos territorios para su causa y que difícilmente entregarán una vez que se tome por completo la capital del califato. Como ya se ha comentado en anteriores análisis tomando como referencias distintas investigaciones, la pérdida territorial y militar de Daesh tiene su extrapolación al ámbito de las redes e Internet, donde se ha podido ver un descenso en su actividad y una menor capacidad de atracción de los foreign fighters, contrastando con una intensificación de la llamada para cometer atentados en las ciudades de origen de individuos radicalizados que quieran formar parte del movimiento yihadista.

En consonancia con el declive militar de Daesh se está produciendo el resurgimiento de al Qaeda, que ha sabido ser paciente  y esperar el momento oportuno para ocupar el lugar que ocupaba antaño. Mientras muchos la daban por muerta durante los últimos años, la organización que lidera al Zawahiri ha sabido modificar su estrategia y ha establecido una agenda muy poco visible, con un perfil bajo de cara a la comunidad internacional y llegando a ser considerados como moderados algunos de los grupos con los que mantienen estrechos vínculos. La formación  de Jamaat Nasr al Islam creada el mes pasado bajo la fidelidad y protección hacia al Qaeda, convirtiéndose de esta forma en el mayor grupo del Sahel,  es el mejor ejemplo de su creciente protagonismo. La presencia de esta nueva organización, así como otras del mismo perfil ha obligado al gobierno de Mali a prorrogar el estado de emergencia en varias ocasiones durante este mes, sin que se atisbe una muestra de mejoría de cara a un futuro próximo. 

En cuanto al otro gran grupo del Sahel, Boko Haram, la situación es similar, ya que desde hace meses las fuerzas militares de los distintos países que formaron la coalición bajo el amparo de la Unión Africana siguen combatiendo a los miembros de la organización nigeriana con el objetivo de evitar su reagrupación por distintas regiones del estado de Borno. El aumento de esta presión ha provocado que muchos de sus partidarios hayan decidido huir hacia las inmediaciones del lago Chad, que se ha convertido en los últimos meses en uno de los nuevos focos de la actividad yihadista, afectando además de Nigeria a Níger, Camerún y al propio Chad. La ofensiva gubernamental lanzada a través de la denominada Unified Focus a finales de mes es el ejemplo más reciente de las acciones que se están llevando a cabo para debilitar al grupo liderado por Abubakar Shekau, al que de nuevo se le ha dado por muerto o herido de forma errónea.

Mientras, en el Cuerno de África, la situación en torno al enfrentamiento con al Shabaab sigue siendo de incertidumbre tras la celebración de las elecciones presidenciales en Somalia hace unas semanas. Como ya se ha anunciado durante este último mes, la ofensiva contra el grupo yihadista se intensificará con el propósito de evitar que sigan cometiendo atentados dirigidos especialmente en Mogadiscio contra personal institucional y de gobierno. Por otro lado, no hay que olvidarse de la presencia del Estado Islámico en Somalia, grupo que cada vez tiene mayor protagonismo en la región de Puntland.

Para finalizar con los grupos más representativos a escala global es preciso comentar la situación de los talibán. El poder gubernamental en Afganistán se calcula que es incapaz de ejercer su autoridad de forma efectiva en más del 50% del territorio, una cifra que ha ido reduciéndose durante los últimos años a la vez que la presencia de grupos talibanes se hacía más extensa en el país, mientras otras entidades como es el propio Daesh han ido adentrándose en determinados territorios, haciéndose con el control de algunos de ellos. La pérdida territorial por parte del gobierno puede ir en aumento, ya que los talibanes han comunicado este mes el inicio de su ofensiva de primavera cuyo principal objetivo es ampliar sus dominios y sus zonas de influencia. Además, los distintos grupos yihadistas que operan sobre el terreno están sabiéndose aprovechar de la rivalidad y el aumento de la tensión surgidas entre los estados de Afganistán y Pakistán, quienes se acusan de utilizar el terrorismo como elemento desestabilizador en su país vecino.

En cuanto a otras organizaciones de perfil yihadista con un mayor protagonismo a nivel local, es preciso comentar brevemente que debido a la actividad tanto de Daesh como de su filial Wilayat Siná en la Península del Sinaí ha obligado al presidente al Sisi en Egipto a tomar la decisión de instaurar el estado de emergencia. Esta decisión fue tomada tras el doble atentado  en iglesias coptas ocurridos semanas antes de la visita del Papa Francisco al país. Por otro lado, el grupo pakistaní Lashkar-e-Jhangvi  ha perpetrado al menos cuatro asesinatos sobre miembros de la minoría religiosa Ahmadi, copiando el modelo sectario del Estado Islámico, con quien se ha demostrado que mantiene ciertos vínculos por las similitudes y los objetivos compartidos en sus respectivas agendas.

Atendiendo a la tabla 3 se aprecia que las dos grandes regiones donde predomina la actividad del salafismo yihadista siguen siendo Oriente Medio y la mitad norte del continente africano por razones que se han comentado tanto en el presente análisis como en los anteriores. Ambas regiones reúnen los condicionantes de presentar estados frágiles en los que el poder gubernamental es incapaz de ejercer un control efectivo de todo el territorio y garantizar la seguridad a través de sus fuerzas armadas, las cuales en muchos casos destacan por su incompetencia y corruptela. Esta circunstancia ha sido aprovechada por grupos terroristas para ir adquiriendo mayor protagonismo y ejercer su propio control sobre determinadas porciones del territorio, permitiéndole asentar su ideología y progresivamente ir expandiendo su dominio. Especialmente, en el caso del Sahel destaca la colaboración y la estrecha relación existente entre organizaciones dedicadas al contrabando o narcotráfico y las de carácter yihadista, con quienes comparten las vías de comunicación e intereses, llegando a producirse una simbiosis entre ellas y permitiendo la proliferación de grupos que aprovechan su simpatía ideológica con el salafismo para sacar un mayor rendimiento a actividades como el narcotráfico, el negocio de las armas o la trata ilegal de seres humanos.

Por otro lado, es importante recalcar el progresivo avance del terrorismo yihadista en el Sudeste Asiático donde se ha producido un gran auge de entidades vinculadas a este fenómeno a raíz del surgimiento de Daesh y la proclamación de su califato. A día de hoy son decenas de grupos los que permanecen vinculados al Estado Islámico, aunque es cierto que muchos de ellos no representan una amenaza real para la seguridad al tratarse de grupos de varias decenas de miembros que únicamente buscan un mayor reconocimiento que les facilite obtener nuevos recursos tanto humanos como económicos. No obstante, la existencia de estos grupos, así como el aumento de las acciones de carácter yihadista durante los últimos tiempos y el creciente interés por proclamar el califato en la región evidencian el peligro real que supone tanto en el presente como en el futuro más inmediato.

En cuanto a los países occidentales, el terrorismo, a medida que se repiten acciones yihadistas que nos golpean directamente,  se ve como una mayor amenaza en el seno de la sociedad, infundado en ocasiones por un temor desproporcionado que es inculcado de forma ególatra por algunos intereses gubernamentales respaldados por los medios de comunicación.  El mejor ejemplo de ello se ha visto estos días durante la campaña presidencial francesa en la que el interés de vincular el terrorismo yihadista con la población de origen musulmán ha centrado la campaña electoral, utilizando ese miedo y rechazo para ganar votos.

Por otro lado, es incuestionable que la presencia del yihadismo está muy presente en las ciudades europeas como consecuencia al hecho de que este fenómeno ha adquirido un carácter global que acaba afectando a todos, aunque no de la misma forma.  Por tanto, acciones ocurridas este mes como la del camión en Estocolmo o la sucedida en los Campos Elíseos de París no deben entenderse exclusivamente como un especial interés en atentar contra la sociedad europea sino más bien como parte de una coyuntura en la que el terrorismo yihadista está golpeando nuestras ciudades de la misma forma que lo hace diariamente en Irak, Nigeria o Filipinas.

En relación a esta cuestión se puede observar que en la tabla 4 se presenta el número de países afectados de forma directa a través del acaecimiento de al menos un atentado sobre el territorio nacional.  Esta sencilla gráfica sirve para ilustrar que mensualmente la cantidad de países que han sido víctimas de estas acciones ronda los veinte, siendo la mayoría de ellos de Oriente Medio, el Magreb y el Sahel. En el caso de abril, los diecinueve Estados afectados han sido: Irak, Siria, Pakistán, Afganistán, India, Rusia, Somalia, Mali, Suecia, Nigeria, Australia, Indonesia, Egipto, Yemen, Filipinas, Francia, Argelia, Camerún e Irán. No obstante, este número se ha reducido en comparación con los veintitrés países constatados en marzo, aunque este descenso debe ser entendido como una cuestión más bien coyuntural que una menor presencia real del terrorismo yihadista a nivel internacional.

Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Mali, Nigeria, Somalia, Yemen o Egipto son solo algunos de los casos que se encuentran dentro de esta lista todos los meses, evidenciando una vez más que la existencia del terrorismo yihadista a quien más perjudica es a la propia población que se encuentra en los países árabes y musulmanes. Mientras, en el caso de Occidente, el hecho de que se produzca un solo atentado es una cuestión esporádica si se contrasta con los países citados, los cuales están siendo víctimas diariamente de estos ataques.

Para finalizar el análisis se situará el foco de atención en los objetivos fijados por las acciones yihadistas. Este mes se ha podido apreciar que gran parte de los atentados han sido perpetrados sobre blancos castrenses, con varios asaltos sobre bases militares, como es el caso de estudio #51 en Mogadiscio (Somalia) por parte de milicianos de al Shabaab, el caso #67 en Borno (Nigeria) de Boko Haram o el caso #77 en Balkh (Afganistán) ya citado anteriormente, en el que murieron cerca de 240 soldados. Por otro lado, son varios los grupos terroristas que están centrando parte de sus ataques en miembros gubernamentales y funcionarios institucionales, siendo los grupos talibán o el propio al Shabaab alguno de los grupos más representativos en torno a esta cuestión.

En cuanto a los ataques contra la población civil, como viene siendo frecuente, las acciones se producen preferiblemente en núcleos donde se aglutinan grandes grupos de personas para causar el mayor daño posible, siendo éstos los mercados de comida, lonjas de pescado o proximidades de centros comerciales. Con el mismo objetivo, se colocan distintos IED’s escondidos en las calles con la finalidad de estallar en el momento propicio.

En ambos casos, tanto contra objetivos militares como civiles, Daesh está utilizando ataques químicos. Es importante señalar la existencia de estas acciones contrarias a los derechos humanos, ya que están sucediendo de forma repetitiva durante los últimos meses, especialmente en Mosul.

Por último, en cuanto a atentados contra objetivos religiosos, al igual que en anteriores meses, la población copta de Egipto sigue siendo un blanco sobre el que ha puesto su mirada Wilayat Sina, mientras que la minoría religiosa Ahmadi en Pakistán ha sido objetivo del grupo sectario Lashkar e Jhangvi.

Conclusiones

Las casi 2.500 víctimas provocadas por el terrorismo de etiología yihadista en el mes de abril representan la amenaza que supone un fenómeno cada día más presente a nivel mundial. A pesar que Daesh es la principal preocupación, en países como Mali, Nigeria o Somalia la población está sometida a grupos de carácter local o regional que no tienen tanta repercusión de cara a la opinión pública internacional pero que son  de la misma forma extremadamente violentos. 

Es preciso que la lucha antiyihadista tenga una doble dimensión desde la perspectiva occidental. Por un lado, a nivel interno donde todo Estado debe combatir el terrorismo dentro de sus propias fronteras para evitar que se den atentados contra la propia población y con el fin de garantizar la seguridad, mientras que por el otro, es necesario que los países occidentales pongan el foco en hacer al terrorismo yihadistas desde sus focos de origen, utilizando todos aquellos recursos disponibles, encontrándose entre ellos la fuerza militar sumada a la educación o un mayor entendimiento y cercanía hacia los países musulmanes.  Por otro lado, es necesario que se combata con más decisión a grupos como Boko Haram, al Shabaab o AQMI porque aunque su presencia es a escala regional, nunca se sabe en qué momento puede acabar siendo una amenaza real hacia la seguridad internacional. Solo hace falta recordar que el actual Daesh nació como una rama local en Irak de al Qaeda.

La Historia refleja que los grupos yihadistas han sido utilizados en distintas ocasiones por los intereses gubernamentales como un arma, ya sea para obtener un beneficio directo o para convertirlo en un problema para un enemigo. A día de hoy, la situación sigue siendo similar, encontrando casos diarios en los que organizaciones de esta ideología son las máximas beneficiadas por este juego de intereses. La realidad es simple: sólo se pondrá la primera piedra para su derrota en el momento en el que las grandes potencias acuerden sin condición alguna que la máxima prioridad sea combatirlo de forma efectiva, sin que intercedan de por medio intereses geopolíticos, económicos o de otra índole.

*El Observatorio de Atentados Yihadistas es  una investigación de Carlos Igualada (@carlos_igualada), experto del Observatorio de Estudios sobre el Terrorismo, para el grupo de análisis Baab al Shams y el OIET.

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