, ,

Destino Al Andalus

Por Beatriz Yubero 

España es la puerta de entrada y salida de los terroristas provenientes del Magreb y Sahel. La presencia de yihadistas en el país es un fenómeno estructural. El reclutamiento de jóvenes musulmanes es una prioridad para las organizaciones terroristas que operan en el estado español. Ceuta y Melilla son dos de las ciudades más expuestas a la captación de jóvenes musulmanes. El motivo de este incremento de células asentadas en España se debe principalmente a la continuidad del conflicto sirio y la necesidad de las organizaciones terroristas de contar con nuevos activos que sirvan de apoyo logístico y en combate.

El principal riesgo al que se exponen los países de los que parten estos jóvenes reclutados es el retorno. Las dos posibles respuestas a esta cuestión pasan por el desplazamiento de los terroristas a otros escenarios bélicos en los que se desarrolla el choque entre islam y occidente o bien, el regreso a los países de origen lo que supone un peligro para los estados. 

Existen dos tipos de redes yihadistas a destacar en el caso español. En primer lugar se encuentran las redes integradas en una organización superior y en segundo lugar, la redes de base.

Respecto a las redes integradas en una organización superior hablamos organizaciones como Al-Qaida o el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. (GSPC) quienes en sus orígenes mostraban un organigrama que combinaba la estructura jerárquica y el apoyo en redes de carácter local. 

En el caso español encontramos grupos vinculados a Al-Qaida de forma directa y otros auto-constituidos que no dependen funcional ni logísticamente de una organización superior. A estos últimos grupos el investigador Javier Jordán los denomina “grupos de ataque”. En cuanto a la forma de proceder de estas redes, según Jordán hay que tener en cuenta “la comunicación frecuente y acción coordinada estable con la organización yihadista superior”. La coordinación bien puede ser horizontal y directa entre las redes o mediada a través de individuos que realicen la función de coordinación. En este tipo de actividades incluimos: propaganda, reclutamiento, envío de voluntarios a zonas de combate, envío y recepción de dinero, armas, documentación falsa, entrenamiento, así como la preparación de atentados. 

Respecto a las redes de base pueden considerarse como grupos que actúan por cuenta ajena. Sageman denomina a estos grupos como “bunch of guys” mientras que el King’s College de Londres se refiere a los mismos como “self-starters”. Nos encontramos pues ante grupos que dependen de sí mismos en términos económicos, logísticos y operativos. “Lo normal es que los miembros de las redes de base mantengan relación personal con individuos pertenecientes a redes integradas en organizaciones yihadistas”, asegura Jordán. Un ejemplo de red de base lo encontramos en el grupo yihadista que ejecutó los atentados del 11-M en Madrid. Algunos de los miembros de esta red, según una investigación de Antonio Gomáriz Pastor, mantenían vínculos con el GICM. La policía italiana junto con la fiscalía realizaba una descripción de estos grupos en 2001: “estructuras bien afincadas en Europa con capacidad operativa autónoma pero estrechamente ligadas entre sí, compuestas por individuos motivados por un riguroso entrenamiento militar que connota su peligrosidad”

No obstante, estas nos son las únicas relaciones a destacar en el caso de las redes terroristas. La cooperación entre crimen organizado y terrorismo islamista es una tendencia que viene produciéndose desde hace décadas con el fin de obtener financiación destinada al mantenimiento de la infraestructura y actividades yihadistas. 

Redes como la de Abbu Sayyaf en Filipinas, vinculada a Al Qaida, se financian a través de la extorsión, el secuestro y el tráfico de drogas. En Europa encontramos además que se relaciona a los yihadistas con el contrabando humano, actividad mediante la cual mantienen vínculos con organizaciones criminales como la Camorra napolitana. 

Según Gomáriz, “un ámbito donde las relaciones pueden tejerse es la prisión: en algunos casos, miembros de organizaciones criminales proporcionan armas o ayuda logística para un taque terrorista, en otros, los criminales se convierten al islam y abrazan la yihad global. En el caso del 11-M, los miembros de una pequeña organización marroquí establecida en el tráfico de droga, liderados por Jamal Ahmidan, se radicalizaron e integraron en la célula que realizó los ataques de Madrid”. 

En el año 2005 las fuerzas de seguridad del Estado desarticulaban una red yihadista próxima a Al Qaida que se organizaba en tres grupos: uno reclutaba, otro falsificaba documentos y formaba combatientes y el tercero enviaba a estos activos a Irak. Las tres ramas de la organización se comunicaban a través de internet, además de contribuir al reclutamiento con la propaganda difundida en el entorno de mezquitas en Ceuta y Melilla. 

Las relaciones mantenidas con otras organizaciones criminales pueden ser temporales, por ejemplo en el caso de la adquisición de explosivos o relaciones prolongadas en el tiempo como es el caso del tráfico de drogas. Remitiéndonos de nuevo a la organización terrorista Al Qaida, la conexión más evidente mantenida por esta, respecto al crimen organizado, es puesta de manifiesto a través de su Brigada 005 la cual obtenía armamento mediante de sus contactos con la mafia rusa y ucraniana. Como asegura Gustavo de Arístegui, “el comité militar de Al Qaida sigue intentándolo –financiación– por medio de esos fuertes lazos y fluidas relaciones con el crimen organizado, así como de los científicos que logra reclutar o chantajear para desarrollar algún tipo de arma no convencional”. Los explosivos de los atentados de 11-M en Madrid fueron subvencionados con dinero ilícito procedente del tráfico de hachís, por ejemplo. 

Sin embargo, el terrorismo islamista tiende a mantener este tipo de relaciones criminales cuando es absolutamente necesario, mientras que las nuevas células independientes suelen mantener el contacto con este tipo de redes de tráfico de forma habitual. Destacamos el caso del ISIS en Siria o del PKK en el Kurdistán el cual durante años, como explica Arístegui, controló las rutas del tráfico de heroína proveniente de Extremo Oriente en dirección Europa a través del Kurdistán Turco y el sur de Anatolia. 

El terrorismo y el crimen organizado precisan de enormes cantidades de beneficios económicos para poder continuar con su ‘negocio’ de chantaje, muerte e inestabilidad en los países en que actúan.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir