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De Boko Haram a Wilayat al Sudan al Gharbi

Por Luis González

Los orígenes de Boko Haram, organización de inspiración yihadista, pueden situarse a lo largo del año 1995 en el norteño estado de Borno (Nigeria), concretamente en su capital, Maiduguri, en cuya Universidad se reunía un grupo denominado Ahlulsunna wal’jama’ah hijra centrado en difundir una visión ortodoxa del Islam y cuyo liderazgo era ostentado por Mallam Abubakar Lawan. Cuando Lawan se desplazó a la Universidad de Medina en Arabia Saudí para continuar con su formación religiosa fue sustituido por Mohammed Yussuf.

La militancia religiosa de Yussuf se remonta a principios de la década de los años ’90 del pasado siglo, cuando se unió al Movimiento Islámico de Nigeria encabezado por el fallecido Ibrahim el-Zakzakky, movimento del que se separó para ingresar en Jamaatul Tajdid Islam. Insatisfecho con la ideología de esta organización, también la abandonó para unirse finalmente al grupo de Mallam Abubakar Lawan .

En el año 2002, tras la partida de Lawan, Yussuf fundó en Maiduguri una organización denominada Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati Wal-Jihad (Grupo Comprometido a Propagar las enseñanzas del Profeta y el Yihad). En sus inicios eran un movimiento religioso de inspiración salafista que aspiraba a la creación de un Estado Islámico en el Estado de Borno empleando para ello métodos no violentos. Finalmente adoptó el nombre de Boko Haram, una latinización de dos palabras, boko en idioma hausa-fulani que puede traducirse como farsa, engaño o falsedad y la segunda del árabe haram, prohibido o ilícito que representa la percepción de que todo lo relacionado con la civilización occidental es anatema.

Su orientación estratégica varió notablemente en el año 2003, cuando perpetró ataques armados contra comisarías de policía y edificios gubernamentales. En el año 2009 las Fuerzas de Seguridad de Nigeria mataron a su líder Mohamed Yussuf lo que provocó que varios de sus miembros pasasen a la clandestinidad y que el grupo experimentase una deriva paulatina a organizaciones más radicales de neta inspiración salafista yihadista como AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) y su filial somalí Al Shabaab, pasando a tomar el control del grupo Abubakr Shekau.

Este personaje está rodeado de incógnitas; incluso se desconoce su edad, que se sitúa entre los 34 y los 45 años. Su muerte fue anunciada en varias ocasiones por responsables de las Fuerzas Armadas de Nigeria aunque poco después él mismo desmentía la noticia a través de videos de contenido propagandístico. Entre los alias que emplea está el de Darul Tawheed y como medida de seguridad, entre otras, se le atribuye cierta maestría en el empleo de disfraces y que no establece contacto directo con los miembros del grupo sino que para ello emplea una serie de personas que gozan de su plena confianza.

Los ataques de Boko Haram han ido evolucionando desde sus inicios, en los que empleaba únicamente machetes y armas de pequeño calibre, hacia el uso de coches bomba, muchas veces conducidos por suicidas y de artefactos explosivos improvisados. El número de muertes atribuidas al grupo desde el año 2009 asciende a la cifra de 12.000 personas. No es casualidad que se estableciese en el norte de Nigeria ya que es una zona que muestra un evidente retraso en el desarrollo económico respecto al resto del país, hecho el cual favorece en gran medida la percepción de una parte de la población de que existe poco interés en solventar la situación por parte de las autoridades políticas y que estas sean percibidas como corruptas por lo que la variante salafista yihadista encuentra un terreno ideal para que su mensaje llegue a oídos receptivos.

En marzo de este año, el delirante líder de Boko Haram Abu Bakr Shekau pronunció públicamente el Bayaat (juramento de lealtad) al autodenominado “Califa” Abu Bakr Al Baghdadi, desde ese momento el grupo pasó a denominarse Wilayat al Sudan al Gharbi (Provincia del África Occidental), también recibe la denominación de Wilāyat West Ifrīqiyyah en Dabiq, la publicación digital de Daesh en lengua inglesa. En el mes de abril de este año, a imitación de su matriz, empleó las redes sociales para difundir imágenes de sus militantes armados en las que se veían entre otras al rayah, la bandera negra del Califato en lo que posiblemente podría ser una exhibición de fortaleza después de una operación del ejército de Nigeria en el bosque de Sambisa que pretendía poner fin a la insurgencia yihadista con resultados evidentemente negativos.

El modus operandi del grupo fue in crescendo y no dudo en seguir implementando “operaciones de martirio”, es decir atentados suicidas, realizados en numerosas ocasiones de manera indiscriminada contra la población civil. A estos ataques se les ha añadido un factor que les confiere un plus de dramatismo: el empleo de menores. Según un informe de UNICEF titulado “Missing Childhoods: The impact of armed conflict on children in Nigeria and beyond” (Missing Childhoods: The impact of armed conflict on children in Nigeria and beyond) Boko Haram, emplea en sus filas a niños a los que les son encomendadas tareas logísticas de porteadores o cocineros aunque también son utilizados como vigías y combatientes. A lo largo del año 2014 en Nigeria fueron ejecutados 26 ataques suicidas.

En los primeros cinco meses de este año ya se han contabilizado un total de 27, según UNICEF en el 75% de los casos los autores fueron mujeres y niños existiendo nueve casos documentados en 2014 y 2015 de niñas de edades comprendidas entre 7 y 17 años que fueron empleadas para la comisión de atentados .

El recurso al terror por la vía de la propaganda materializado en la amenaza de comisión de ataques bacteriológicos no fue ajeno a la organización yihadista. En agosto del pasado año comenzaron a circular a través de distintos foros y redes sociales de internet rumores según los cuales Daesh había planteado la posibilidad de emplear el virus del ébola para atacar los Estados Unidos. Para ello utilizarían lo que denominan “Mártires del Ébola” cuyas filas estarían engrosadas por unos 3.000 individuos.

Paralelamente corrió una noticia similar en la que en este caso Boko Haram, estaría detrás de la expansión descontrolada del virus en el continente africano tras contaminar agua y otras bebidas con sangre infectada adquirida previamente o que habría sido extraída de los propios “voluntarios” infectados. Ambas organizaciones habrían establecido una “alianza infernal” en base a la cual tratarían de infiltrar a estos individuos infectados a través de las rutas del narcotráfico y habrían causado al menos 10 muertos en Venezuela.

El grupo desarrolla unas acciones que parecen ir en concordancia en todos los ámbitos con la estrategia que Daesh. Esta mímesis se hace extensiva incluso en la macabra práctica de las decapitaciones. En un video de diez minutos de duración difundido el pasado 13 de julio y elaborado al estilo de las productoras de Daesh, aunque con no tanta calidad técnica, se muestra por primera vez en la historia del grupo, la decapitación de un soldado nigeriano. En el mensaje titulado “Matar y morir” además se vertían amenazas contra las comunidades judías y cristianas

En el combate a la filial de Daesh en Nigeria además de las Fuerzas Armadas del país también participan efectivos de Camerún, Níger y Chad además de la implicación más o menos directa de algunos otros gobiernos como es el caso de los Estados Unidos y Francia. Esta combinación de fuerzas ha experimentado algunos avances contra el grupo yihadista como la liberación de un número importante de personas secuestradas y la recuperación del control sobre una sesenta localidades que permanecían en poder de los yihadistas pero estas modestas victorias parecen estar por el momento bastante alejadas de su finalidad que es anular o al memos contener de manera efectiva la actividad de Boko Haram.

Recientemente ha trascendido la noticia del envío de 300 militares estadounidenses vecino Camerún con el objetivo de implementar tareas de vigilancia y de obtención de inteligencia. Si bien el portavoz de la Casa Blanca Josh Earnest afirmó que el desplazamiento de efectivos no responde a un hecho concreto, este se produce en un momento en que la organización yihadista está obteniendo algunos avances tácticos.

El grupo que ahora combate bajo la bandera del autodenominado Califa Ibrahim, al igual que antes lo hacía con la de Al Qaeda, puede emplear esta reciente alianza como un incentivo de cara a la propaganda destinada a imbuir de terror a los habitantes de las zonas que tiene bajo su control efectivo además de ser empleada como factor de intimidación a sus enemigos. Aparte de esto, parece poco probable que haya una dependencia orgánica y operativa entre la organización de Sheaku y la que lidera Al Baghdadi.

Otro tanto ocurre con la posibilidad, remota a día de hoy, de que exista un trasvase de combatientes entre las zonas en las que operan las dos organizaciones, es decir se antoja poco plausible que los atentados en Nigeria se lleven a cabo bajo instrucciones explícitas y específicas de Raqqa, la capital del autodenominado Califato, actuando como una suerte de “internacional yihadista” perfectamente coordinada.

Estos factores sin embargo no le restan un ápice de peligrosidad a la “marca” de Daesh en la región que aunque se sitúe completamente fuera de la realidad en sus aspiraciones megalómanas del establecimiento y sostenimiento de un califato bajo el imperio de la sharia, sí tiene el potencial suficiente para convertirse, como ya ha demostrado, en un elemento con un importante y efectivo potencial desestabilizador en un país que hoy por hoy se erige en la primera potencia economía de todo el continente africano.

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