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Daesh y la tragedia del avión ruso

Foto de la pequeña Darina Gromova, de 10 meses, tomada por su madre y que se ha convertido en símbolo de la tragedia.

Foto de la pequeña Darina Gromova, de 10 meses, tomada por su madre, Tatiana, ambas víctimas del accidente, se ha convertido en símbolo de la tragedia.

Por Luis Antonio González Francisco

Poco antes de las seis de la madrugada (hora local) el avión de la línea aérea rusa Kogalymavia que opera bajo la denominación de Metrojet, despegaba del aeropuerto internacional de la ciudad turística de Sharm El Sheik, ubicada a orillas del mar Rojo, en la península egipcia del Sinaí. Apenas 23 minutos después el vuelo chárter KGL 9268 con destino a San Petersburgo (Rusia) desapareció de las pantallas de radar cuando se encontraba a unos 31.000 pies de altitud (unos 9.440 metros) y se estrelló en las inmediaciones de Al Hasana, al norte del Sinaí, una zona de escarpada orografía situada unos 50 kilómetros al sur del aeropuerto en el que debía tomar tierra.

En un principio las autoridades de Egipto llegaron a afirmar que desde la cabina se había informado de un fallo técnico y se solicitaba tomar tierra en el aeródromo de Al Arish. Posteriormente Hosam Kamel, Ministro de Aviación Civil de Egipto declaró que la tripulación ni siquiera envió un SOS y que de pronto el avión se “esfumó del radar”. Según datos obtenidos de la web Flightradar24, que monitoriza el tráfico aéreo a nivel mundial la aeronave descendió a una velocidad cercana a los 6.000 pies por minuto hasta que desapareció de las pantallas de radar. A bordo del avión viajaban 217 pasajeros, entre los que había 17 menores de edad, uno de ellos de tan solo 10 meses, y la tripulación compuesta por siete miembros. A excepción de tres ciudadanos de Ucrania y uno de Bielorusia todos los viajeros eran nacionales de Rusia.

Poco tiempo después de trascender la noticia de la caída del avión desde varias cuentas de distintas redes sociales, especialmente de Twitter, empezaron a difundirse imágenes en las que, con el formato habitual que emplea Daesh, se anunciaba, en árabe, inglés, francés, alemán, urdu y otros idiomas que “los soldados del Califato” habían  provocado la caída de la aeronave, amenazaba a los rusos y sus aliados y les recordaba que las muertes que ellos causaban en sus ataques diarios en la “Tierra del Sham” serían las causas de sus desgracias futuras.

En la inestable península del Sinaí opera, entre otras organizaciones yihadistas, la filial de Daesh en la zona Wilayat (provincia) Sayna también conocido como Wilayat Al Sina o Wilayat Sinaí, grupo terrorista de inspirarción yihadista que antes de su adhesión al “Califato” se denominaba Ansar Beit Al Maqdis (Partidarios de Jerusalén). El origen del grupo se sitúa en torno a los inicios del año 2011 coincidiendo con las revueltas que finalmente acabarían desalojando del poder al presidente Hosni Mubarak. En julio de 2012 se atribuyó la voladura de una conducción que trasladaba gas a Israel y Jordania y un mes después reivindicó el lanzamiento de cohetes contra la ciudad israelí de Eilat.

Pese a esos antecedentes, la existencia de Ansar Beit Al Maqdis era prácticamente una incógnita hasta el día 23 de septiembre de 2012, fecha en la que se difundió un comunicado en el que el grupo reivindicaba la autoría de un ataque contra una patrulla fronteriza del Tshal, el ejército israelí, en una zona denominada Monte Jarif, en el desierto del Neguev. La motivación  esgrimida para justificar esta acción fue la difusión del vídeo “La inocencia de los musulmanes” que desató protestas en varios países. El atentado se cobró la vida de un soldado y de tres atacantes, además de causar heridas a otro militar. El día 3 de noviembre el miembro de Daesh Abu Muhammad al-Maqdisi pidió a los grupos yihadistas que convirtiesen El Cairo en un caos, señalando como objetivos, entre otros, los poderes político y judicial además de la economía. Al día siguiente se produjo un hecho un tanto rocambolesco: se publicó la adhesión a Daesh de Ansar Beit al Maqdis, información que el grupo desmintió horas después.

Finalmente, el día 10 de ese mismo mes, Ansar Beit al Maqdis anunció públicamente y de manera “oficial” que se comprometía a “escuchar y obedecer” al líder de Daesh Abu Bkr Al Bagdhadi, de esta manera el grupo proclamaba el bayat (juramento de lealtad) al autoproclamado Califa Ibrahim. A partir de ese momento pasaba a actuar bajo el nombre de Wilāyat Saynā’ convirtiéndose en la filial egipcia del autodenominado “Estado Islámico”. Pocos días después, en una grabación de audio de 17 minutos atribuida al propio Al Baghadi, éste hacía referencia a la adhesión al “Califato” de Ansar Beit Al Maqdis.

Con anterioridad el grupo ya se había atribuido el derribo de una aeronave. Los hechos ocurrieron el 25 de enero de 2014, cerca de la ciudad de Sheij Zuwayed, al norte del Sinaí, cuando la caída de un helicóptero militar egipcio causó la muerte sus cinco tripulantes. Ansar Beit al Maqdis reivindicó la autoría afirmando haber empleado un misil tierra-aire y desde fuentes oficiales se afirmó en un principio que la caída del aparato fue debida a un accidente. Pocos días después un portavoz del ejército, el coronel Ahmed Ali, difundió un comunicado anunciando la detención de dos miembros de la organización yihadista, uno de los cuales estaba relacionado con el derribo del helicóptero reconociendo de manera implícita  que su caída no fue accidental.

Este caso, al que se le unió el hecho de que el  pasado 16 de julio una fragata de la Armada egipcia fue atacada por efectivos de Wilāyat Saynā’ con un cohete guiado, pudiendo tratarse de un misil antitanque modificado, fueron esgrimidos como prueba de que el grupo poseía capacidad operativa para materializar un ataque de esas características. Paralelamente y para reforzar esos argumentos se difundieron imágenes de una  “clase” de la filial egipcia de Daesh en la que varios de sus miembros eran instruidos en el manejo de armas antitanque 9M133 Kornet  y de misiles portátiles antiaéreos.

Respecto a estos últimos, los diagramas y las imágenes corresponden a un Sistema de Defensa Aérea Portátil también conocido por sus siglas en inglés MANPADS (Man-Portable Air-Defense System) concretamente a un 9K38 Igla, un misil superficie-aire soviético portátil guiado por infrarrojos. Estos dispositivos antiaéreos tienen un alcance efectivo de 5.300 metros.

Desde el día uno de enero de este año las autoridades egipcias prohibieron que los aviones volasen por debajo de los 23.000 pies (7.000m aproximadamente) en el territorio de la Penísula del Sinaí. Estos datos están recogidos en los documentos publicados  en la web de la Organización para la Aviación Civil Internacional (OACI) que puso en marcha un sistema de información de conflictos tras el derribo sobre Ucrania del Avión de Malaysia Airlines en julio de 2014. Según apuntan las investigaciones, en aquella ocasión pudo haberse empleado un sistema de misiles antiaéreos BUK que fue lo que permitió alcanzar un aparato que volaba a 33.000 pies.

Aerolíneas de distintos países como Lufthansa, Air France-KLM, Qatar Airways o Flydubai entre otras, anunciaron que no sobrevolarían la zona hasta que se aclaren las causas del suceso mientras que la única aerolínea de Estados Unidos que sobrevuela la región, United Airlines,  afirmó este domingo a través de su portavoz que no ve la necesidad de cambiar sus rutas por el momento.

Hasta que finalicen las investigaciones en curso no se conocerá la realidad de los hechos aunque, de los datos que van viendo la luz, se podría inferir que es probable que la filial egipcia de Daesh no esté en condiciones de materializar acciones de esa envergadura. Los MANPADS que poseen no tienen alcance suficiente para alcanzar un avión en ruta que como en este caso volaba a unos 9.440 metros. Aunque se diese la circunstancia, a proiri poco plausible, de que pudiesen haber adquirido un sistema antimisiles BUK o algún otro de características similares quedaría por saber si alguno de sus miembros tendría los conocimientos necesarios para hacer funcionar correctamente unos sistemas cuyo uso es complejo. Queda también la duda de si el conocimiento y las habilidades de la filial egipcia de Daesh alcanzan para detectar y distinguir un vuelo que no está realizando maniobras de aterrizaje o de despegue sino que se encuentra en ruta.

Otra de las posibilidades es que lograsen introducir en el avión algún tipo de explosivo. Aunque en este punto llama la atención que, a diferencia de otros atentados mediante “operaciones de martirio” o por la detonación de IEDs que han sido ampliamente publicitados con todo tipo de detalles incluso con vídeos de los suicidas, en este caso se han limitado a reivindicar para su organización la caída de la aeronave rusa en lo que, con todas las cautelas posibles, parece obedecer únicamente a una campaña de propaganda habida cuenta la importancia, muchas veces desmedida, que se da desde occidente a cualquier tipo de mensaje que lleve la marca de Daesh. El coronel en la reserva del Ejército español y brillante analista geopolítico, Pedro Baños Bajo afirmaba recientemente en una entrevista: “el Estado Islámico debe ocupar muchos de nuestros esfuerzos de defensa, pero nos debe preocupar lo justo y, desde luego, no nos debe obsesionar en absoluto”. Palabras sin duda muy dignas de ser tenidas en cuenta.

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