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Daesh en Libia: el “Califato” ante la frontera sur de Europa

Fuente: HispanTV

Por Luis Antonio González Francisco

La relación de Libia con Daesh dista mucho de ser un fenómeno reciente, ya en el año 2007 componentes de las fuerzas armadas de Estados Unidos localizaron en las cercanías de Sinjar, en las inmediaciones de la frontera entre Irak y Siria, una base de datos con unas 700 fichas de ciudadanos de otros países llegados a Irak entre agosto de 2006 y agosto de 2007, periodo en el cual el Majlis Shura (Consejo de la Shura) dio paso al Estado Islámico de Irak (ISI). En un informe titulado The Sinjar Records elaborado por Combating Terrorism Center de West Point se establecía que de las 606 fichas analizadas un 18.8% de los voluntarios eran de origen libio, sólo superados por los naturales de Arabia Saudí.

En septiembre de 2014 Abu Bakr Al Baghdadi envió a Libia a dos personas de su confianza: en primer lugar llegó el iraquí Abu Nabil Al Anbari, con el cometido de dirigir la toma de la ciudad de Derna y posteriormente arribó al país para asumir el cargo de emir de la ciudad el ciudadano de Yemen Abu Al Baraa Al Azdi. Poco tiempo después la productora Al Furqan Media hizo público un comunicado en el que Al Baghdadi aceptaba de manera oficial el bayat (juramento de lealtad) de sus seguidores en Libia. Siguiendo el modelo administrativo de Daesh, sus combatientes dividieron el país en tres wilayat (provincias): Barqah (Cirenaica), Tarablus (Trípoli) y Al Fizan (al sudoeste del país). También siguieron punto por punto la política de Daesh en Irak y Siria estableciendo tribunales de la sharia, ejecuciones públicas y su posterior difusión en vídeo, trataron de mantener los servicios públicos y también se establecieron campos de entrenamiento

Daesh mantuvo el control de Derna hasta junio de 2015, cuando el Consejo de la Shura de los Muyahidin de la ciudad hizo un llamamiento a la yihad contra Daesh. Con anterioridad se habían producido episodios de tensión, pero el detonante del enfrentamiento fue el asesinato, atribuido a Daesh, del líder de la Brigada de los Mártires Abu Salim Nasser Al-Aker, el cual mantenía vínculos con Al Qaeda. Pese a su desalojo de la ciudad de Derna, Daesh ha mantenido presencia en sus áreas circundantes como acredita el hecho de la eliminación del propio Al Anbari en un ataque aéreo que tuvo lugar en noviembre de 2015 a las afueras de la ciudad.

Daesh ya había llevado a cabo incursiones en la ciudad costera de Sirte, localidad natal de Muhamar el Gadafi con anterioridad a su  salida de Derna. Tras recibir el apoyo de miembros descontentos de la tribu Qhadahfa y de desertores de Ansar al-Sharia en Libia, grupo vinculado a Al Qaeda, entre los que se encontraba uno de sus líderes, Hassan al Karamy, a finales de mayo de 2015 ya había tomado el aeropuerto y a la semana siguiente se hizo con el control de una planta energética situada al oeste de la ciudad. La única resistencia efectiva que encontró fue la de la tribu local Fejan que resultó vencida y cuyos componentes sufrieron los expeditivos métodos que emplea Daesh en Irak y Siria que se tradujeron en decapitaciones y crucifixiones de varias personas. La base de Sirte también fue empleada para la distribución masiva de vídeos de contenido propagandístico similares a los de su matriz en Siria, para lo que recibe asistencia de la productora Al Hayat  Media.

Un informe presentado al Consejo de Seguridad de la ONU el 19 de noviembre del pasado año cifraba en 3.000 el número de miembros de Daesh en Libia, la mitad de los cuales se encontrarían en la ciudad costera de Sirte, que cuenta con importantes reservas de crudo. Aunque el informe establecía que Daesh carecería por el momento de la capacidad de explotar las refinerías y yacimientos petrolíferos.

En una reciente publicación, el diario The New York Times sitúa la cifra de sus combatientes en torno a los 6.500, más del doble de los que figuraban en el informe de la ONU, entre los que figurarían una media docena de cuadros de alto nivel de Daesh que habrían llegado al país para consolidar la implantación del “califato”.

Otras fuentes también afirman que entre sus métodos de financiación se encuentra principalmente la extorsión de las poblaciones que se encuentran en su área de influencia y las redes de contrabando que proliferan a través del país. La participación de Daesh en los tráficos ilícitos no sería efectuada de manera directa sino que se limitaría al cobro de una tasa a los contrabandistas por realizar sus actividades. El tráfico de seres humanos no quedaría fuera de sus fuentes de ingresos e incluso se apunta que Daesh podría estar llevando a cabo ataques contra campos de refugiados al sur de Siria para desviar el tránsito de estos hacia Libia, principalmente a través de Sudán, para de esta manera incrementar sus recursos.

El potente aparato mediático de Daesh también se ha centrado en Libia y ha difundido mensajes para que los ciudadanos de países de África occidental como Chad o Senegal que quieran unirse al “califato” no “emigren” a Irak o Siria sino que se desplacen directamente a Libia a través del Sahel. La presencia de combatientes extranjeros en Libia es un fenómeno anterior al desembarco de Daesh en el país. En el año 2012 yihadistas de otros países se han estado desplazando a Libia cuando AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) trató de establecer un refugio y una base de operaciones. También ha habido extranjeros en las filas de Ansar al Sharia en Libia. La mayoría de los combatientes extranjeros son de países limítrofes como Marruecos, Argelia, Egipto, Sudán y Túnez, aunque ha habido casos de la presencia en el país de nacionales de Yemen o Arabia Saudí. El pasado mes de enero, en  una entrevista concedida a la agencia iraní de noticias Fars, Hussein Akbari, el embajador de Irán en Trípoli, elevó al 80% el número de combatientes extranjeros en las filas de Daesh. Otras informaciones, sin embargo, dejan este porcentaje en el 20% del total.

De este contingente de combatientes extranjeros, la mayoría sería originaria de Túnez, un país que lleva siendo objeto de importantes atentados yihadistas. A lo largo de 2014, el 18 de marzo, tres hombres armados con fusiles de asalto entraron en el Museo del Bardo de la capital tunecina y asesinaron a 22 personas, otras 38 cayeron bajo las balas del ciudadano tunecino Seifeddine Rezgui en una playa de la ciudad turística de Susa el 26 de junio. Ambos ataques fueron reivindicados por  Daesh y tienen un común denominador: sus autores habían sido entrenados en Libia. La conexión libia también se extiende al atentado del 24 de noviembre del pasado año que acabó con la vida de 12 miembros de la Guardia presidencial en la capital tunecina y que probablemente fue planificado en Sirte.

La preparación de atentados contra otros países desde territorio libio fue el argumento esgrimido por el Gobierno de Estados Unidos para justificar el ataque aéreo contra la localidad de Sabratha el pasado 19 de febrero en el que se afirmó haber eliminado, junto con cerca de cincuenta personas, al dirigente de Daesh originario de Túnez Nouredine Chouchani, extremo este último que no fue confirmado por las autoridades de Túnez. Este ataque aéreo puso de manifiesto que el Congreso Nacional General (CNG) con base en Trípoli, el cual no cuenta con el apoyo de la Comunidad Internacional, y las milicias islamistas que lo apoyan, Fajr Libia, distan mucho de tener un control real de la región de Tripolitania. Abdel Raouf Kara, responsable de la milicia Rada Forces (Fuerzas de Disuasión) que combate a Daesh en la capital libia, afirmó que este grupo se había implantado en Sabratha con el apoyo de familias locales. En esta ciudad, Daesh habría optado por mantener una presencia discreta con el fin de evitar la vigilancia aérea, además se da la circunstancia de que Sabratha es el punto de partida hacia Europa de inmigrantes originarios de Túnez, Egipto o Sudán, lo que hace que no llame excesivamente la atención un domicilio con población extranjera, lo que dificulta en gran medida la detección de militantes de Daesh.

La implantación del “califato” en Libia no está en situación de alcanzar el nivel que mantiene en el territorio sirio-iraquí, si bien en función de cómo se desarrollen las operaciones militares es plausible que una pérdida de poder o control territorial por parte de Daesh pueda llevar aparejado un desplazamiento de militantes de la organización a territorio libio. El caos que rige Libia, en el que conviven numerosos actores armados, entre los que se encuentra Daesh, con dos parlamentos que están muy lejos de materializar un acuerdo real y efectivo que les lleve, entre otras cosas, a monopolizar el uso legítimo de la violencia, se traslada a la falta de control en sus amplias y porosas fronteras, sobre todo de las marítimas y las del Sahel, las cuales no dejan de ser “líneas en la arena”, lo que no entrañaría serias dificultades para el tránsito por las mismas de yihadistas provenientes de otros escenarios de conflicto.  A diferencia de Siria o Irak, no podría realizar atentados sectarios con el fin de desatar el odio entre distintas comunidades religiosas, ya que la inmensa mayoría de la población es sunní, pero sin embargo sí podría tratar de atraer a su órbita a antiguos gadafistas, que al igual que los miembros de Baath iraquí, se sintiesen menospreciados por el sistema  de gobierno y a sectores tribales en situación similar.

Una visión de conjunto deja un panorama en el que Daesh en Libia cuenta con una porción de territorio bajo su control, como es caso de Sirte, y presencia limitada en otras regiones del país como la ciudad de Sabrataha. No es menos importante el hecho del interés de Daesh en tratar de tener el control efectivo de recursos energéticos así como la venta de los mismos, lo que incrementaría sus activos financieros y la posibilidad de adquisición de material y armamento en un país en el que, tras la caída del régimen de Muhamar el Gadafi, las armas que circularon sin control se contaban en millones, y a las que hay que sumarle el flujo de las que llegan a través de la frontera de Egipto.

Aunque por el momento la influencia de Daesh es limitada sí que parece estar en posición de sostener campos de entrenamiento desde los que planificar ataques contra otros países, como el vecino Túnez, el que, habida cuenta el elevado número de nacionales de este país que militan en Daesh, así como el hecho de que para los ciudadanos libios que quieran entrar no es necesaria la obtención de un visado, tiene en territorio libio un elemento con un grave potencial desestabilizador. A todo esto hay que añadirle que el territorio que controla le da pleno acceso al mar Mediterráneo, que separa los apenas 300 kilómetros que hay entre la costa de Libia y la de la isla italiana de Sicilia. Esto plantea la posibilidad, en función del desarrollo de sus capacidades, del establecimiento por parte de Daesh en el área marítima de un nuevo escenario de conflicto.

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  1. […] uno de los actores más destacados en el panorama libio es Daesh  no se trata ni mucho menos de la única organización yihadista que opera en la zona. La Brigada […]

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