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Daesh en Libia, a trescientos kilómetros de Europa

Fotograma del vídeo del asesinato de los 21 cristianos costos egipcios difundido por Daesh.

Fotograma del vídeo del asesinato de los 21 cristianos coptos egipcios difundido por Daesh.

Por Verónica Sánchez Moreno

El pasado domingo 15 de febrero, la rama libia del autodenominado Estado Islámico o Daesh difundía en las redes sociales un vídeo en el que decapitan a 21 cristianos coptos egipcios que habían sido secuestrados un mes y medio antes en la ciudad de Sirte, al norte de Libia y a 500 kilómetros al este de Trípoli.

En una playa de esta provincia fue rodado el vídeo de las ejecuciones. Fiel a su estilo cinematográfico y propagandístico, Daesh mostraba a los rehenes en fila, con el ya tristemente habitual peto naranja, de rodillas. Detrás de ellos, su correspondiente verdugo, uno para cada rehén. “Un mensaje firmado con sangre a la nación de la cruz”, era el título de esta filmación de 5 minutos de duración, y “la gente de la cruz, los seguidores de la hostil iglesia egipcia”, el subtítulo. Poco antes el narrador, en perfecto inglés, advertía, “hoy estamos al sur de Roma, en la tierra del islam, en Libia, enviando otro mensaje” y poco antes de las ejecuciones, la amenaza se hacía más explícita “la seguridad para vosotros, los cruzados, es algo que solo podéis desear”.

Europa ve como ahora Daesh está a las puertas del continente. “Libia es el asunto que más me preocupa en este momento”, ha admitido el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo. Que los occidentales sientan el miedo al tenerlos tan cerca es precisamente el objetivo de Daesh. Como señalaba el teniente coronel Jesús Díez Alcalde, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, en una reciente entrevista, esa es la razón por la que los coptos fueron ejecutados en una playa del Mediterráneo, el mar común.

Egipto no ha tardado en responder a estos asesinatos bombardeando posiciones del Estado Islámico en Libia. En Sirte, una ciudad en manos de las milicias islamistas de Ansar Al Sharia es donde el autodenominado Estado Islámico ha conseguido arraigar, aunque sin respaldo de la población libia, que intenta luchar contra el fundamentalismo radical. Como señala el teniente coronel Díez Alcalde, esta expansión a Libia es una campaña orquestada por Al Baghdadi (autoproclamado califa Ibrahim y jefe del Daesh) para crear filiales de su organización terrorista en Libia, Egipto y Túnez.

Pero algunos analistas y expertos en la región, como la periodista Beatriz Mesa, ven en estos bombardeos de Egipto, algo más que la lucha contra el yihadismo. “La realidad es que Egipto se juega mucho más que su poderoso rol de país estabilizador en la región”, afirma Mesa. “El vecino egipcio se encuentra en una situación energética y financiera muy delicada y sus necesidades de hidrocarburos pueden cubrirse en Libia. Así que detrás de su acción militar cabe buscar la motivación del gas y el petróleo.”

Ecos de intervención extranjera vuelven a sonar en Libia, algo que ya se barajó en septiembre del pasado año ante la situación de deterioro de la seguridad en el país, cuando el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian, solicitó a la Unión Europea pasar a la acción para defender Libia de los militantes islámicos. Ahora la solución militar se ve como la única opción posible. “Hay que imponer la seguridad a toda costa para que después se vaya construyendo un Estado”, señalaba el  teniente coronel Díez. Lo primero es, como afirmaba el pasado lunes en Madrid la Alta Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, Federica Mogherini, que cualquier solución pase por “el marco de la ONU” y por que “los libios sean los dueños del proceso”. El mismo día, el presidente de Egipto, Abdel Fatah Al Sisi, pedía una resolución de Naciones Unidas que permitiese la creación de una coalición internacional para intervenir en Libia.

Y las reacciones internacionales se suceden. En un reciente comunicado conjunto, España, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia y Reino Unido, recalcaban la urgencia “de lograr una solución política al conflicto en Libia cuya continuación sólo beneficia a los grupos terroristas, incluyendo Daesh” y señalaban que, en los próximos días el Representante Especial del Secretario General de Naciones Unidas, Bernardino León, convocará “unas reuniones con el fin de conseguir apoyos adicionales en pro de un gobierno de unidad nacional.” “La comunidad internacional está preparada para dar pleno apoyo a un gobierno de unidad nacional que pueda enfrentarse a los retos que, actualmente, tiene Libia”, afirmaba el comunicado.

Mientras, el gobierno libio ha solicitado al Consejo de Seguridad de la ONU que levante el embargo de armas que pesa contra el país para poder armar a su ejército y que luche contra Daesh. “Libia necesita una postura decisiva de la comunidad internacional para ayudarnos a construir la capacidad del ejército a través del levantamiento del embargo de armas, para enfrentarnos a este terrorismo descontrolado”, pedía el ministro de Asuntos Exteriores de Libia, Mohamed Dayri.

Tras la operación ‘Unified Protector’ de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que en 2011 se saldó con la caída del régimen de Muammar el Gadafi la situación en Libia no ha hecho más que empeorar. Ahora es un estado fallido, sumido en la violencia, con milicias que luchan entre sí por el control del territorio y, por tanto, de los recursos naturales. Como señala Félix Arteaga, del Real Instituto Elcano, “los gobiernos occidentales y árabes no han sabido estabilizar la transición y en los últimos cuatros años se han multiplicado las fracturas sociales y los enfrentamientos armados.” Hay dos gobiernos: el de Misrata, en la región de la Tripolitania, al oeste, y el de Tobruk, en la región de la Cirenaica, al este, este último avalado por Occidente. “En Libia hoy no existen unas fuerzas del orden que sean legítimas ni que mantengan la paz social”, afirma Haizam Amirah Fernández, que pone de relieve la amenaza que supone la situación del país para su entorno, “el vacío de poder, la proliferación y el contrabando de armas, el tráfico de personas y mercancías ilícitas y la ausencia de un control efectivo de sus fronteras terrestres (más de 4.300 kilómetros) son factores que deberían causar enorme preocupación a sus vecinos”, recalca el analista de Elcano.

Poco después del bombardeo de Egipto a posiciones de Daesh en la ciudad libia de Derna, los seguidores de Al Baghdadi volvían a secuestrar, esta vez a 35 campesinos egipcios. En la mente de todos, las vestimentas naranjas de las víctimas y las negras de los asesinos. Y algo que no podemos olvidar, tal y como señalaba el profesor de la Universidad de Granada Javier Jordán Enamorado, en un artículo el pasado mes de diciembre, “la ciudad costera de Derna, territorio autoproclamado del Estado Islámico, se encuentra a apenas trescientos kilómetros de Creta, ochocientos de Italia y menos de mil novecientos de las Islas Baleares.”

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