Cuando el ébola llegó a España

Reunión de coordinación entre el Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid para analizar el seguimiento del protocolo de actuación ante el ébola. Fuente: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad

Por Verónica Sánchez Moreno

“El motivo de reunirles con carácter urgente es para comunicarles que en la tarde de hoy se ha identificado un caso secundario de contagio de enfermedad por el virus ébola de un paciente en nuestro país”, así comenzaba la rueda de prensa que daba la ministra española de Sanidad, Ana Mato, el pasado lunes 6 de octubre. Y así nos enterábamos del caso del primer contagio por ébola ocurrido fuera de África. La paciente, una técnico de enfermería, que había atendido a los dos misioneros infectados repatriados a España, Miguel Pajares y Manuel García Viejo (fallecidos el 12 de agosto y el 26 de septiembre, cinco y cuatro días después de ser ingresados en el hospital Carlos III de Madrid, respectivamente).

Teresa Romero se presentó voluntaria para atender a los enfermos de ébola y fue durante la atención a García Viejo, a cuya habitación entró dos veces, una cuando el enfermo estaba vivo para cambiarle el pañal y otra, una vez fallecido, para limpiar la habitación, cuando se contagió. Parece ser que la técnico de enfermería pudo tocarse la cara con uno de los guantes en el momento en que se quitaba uno de los trajes. “Para explicar cómo quitarse o ponerse un traje no hace falta un máster”, afirmó ayer Javier Rodríguez, el consejero de Sanidad de Madrid. Pero parece claro que la charla de 20 minutos que los sanitarios aseguran que recibían para enseñarles a colocarse los trajes de protección no es suficiente. “Los equipos de protección personal, técnicamente llamados PPE (Personal Protection Equipment) que se usaron como protección no eran los adecuados para esta enfermedad”, ha asegurado Jota Echevarría, un médico español experto en ébola que trabaja en Sierra Leona. “Los compañeros que puedan estar en algún momento en contacto con pacientes sospechosos o confirmados, además de llevar el traje, reciben un entrenamiento de 2 semanas en un centro adecuado y por profesionales cualificados”, afirma Echevarría. La colocación correcta del traje lleva 10 minutos y quitárselo unos 20, este proceso sigue unos pasos establecidos y la persona que se quita el traje lo hace bajo supervisión de otras dos, una que recuerda y supervisa los pasos y otra que desinfecta con agua clorada. Si la persona que supervisa observa que ha habido algún error debe notificarlo para que se tomen las medidas oportunas, asimismo el proceso es grabado en vídeo. No se tienen imágenes del momento en el que Teresa se quitó el traje con el que parece que se infectó ni notificación de error por parte de quién la supervisaba en ese momento.

La técnico de enfermería ingresó la mañana del 6 de octubre en el hospital de Alcorcón, 17 horas después era trasladada a una habitación de seguridad del hospital Carlos III. “En el móvil vi que en El País ponía que había dado dos positivos en ébola, pero a mí no me lo dijo nadie. No te dicen a la cara: ‘Teresa, tienes ébola’”, declaró el miércoles a la cadena de televisión Cuatro la paciente. El 27 de septiembre, un día después del fallecimiento de García Viejo, Romero había cogido vacaciones, el día 30, tenía fiebre y astemia, avisa al hospital Carlos III pero no se la ingresa, porque su temperatura era menor a 38,6˚C y el protocolo sanitario marca que ése es el punto en el que la persona pasa de ser de bajo a alto riesgo.

La tarde del 8 de octubre, Excálibur, el perro de Teresa y su marido, Javier Limón (ingresado en observación desde que a ella se le diagnosticase el virus), que permanecía en la vivienda de la pareja, era sacrificado debido a  una orden de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ratificada por el Juzgado de lo Contencioso – Administrativo número 2 de Madrid. De nada sirvió el movimiento ciudadano para evitar el sacrificio, que comenzó con la petición de Javier y que consiguió que #SalvemosaExcalibur fuese “trending topic” en Twitter durante todo un día, que la página creada en Facebook tuviese más de 120.000 adhesiones y las peticiones en Change.org alcanzasen las 375.000 firmas. Ni las recomendaciones de expertos internacionales como Enric Leroy, director general del Centro Internacional de Investigaciones Médicas de Franceville, en Gabón que aseguraba que no había que matar al perro “porque es importante desde el punto de vista científico”.

Seis personas están ahora mismo en observación en el hospital Carlos III. Además del marido de Teresa, dos enfermeros que atendieron a los misioneros, la médico de familia que atendió a la técnico cuando ésta acudió a su centro de salud, el doctor que la asistió en urgencias del hospital de Alcorcón y el médico que la trató en este mismo hospital hasta el momento de su traslado. Y otro médico residente permanece en observación en su domicilio particular.

Esta crisis sanitaria en España está generando muchas críticas a los gestores de la misma, la sociedad y los medios de comunicación cuestionan si los protocolos de seguridad sanitaria se han seguido correctamente, además de una situación de alarma en la población, que ve la amenaza de un virus que antes solo afectaba a África occidental. Como señala la periodista María Rodríguez, “en Liberia, a 1 de octubre, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay 3.834 casos, 2.069 muertes. En Sierra Leona, 2.437 casos y 623 muertos. En Guinea-Conakry 1.199 casos, 739 muertes. Estamos hablando de 3.421 muertes en estos tres países desde que la epidemia comenzara en diciembre de 2013 en Guinea”.

Mientras Teresa lucha por su vida en un hospital de Madrid, miles de personas hacen lo mismo en todos estos países, muchos de ellos tirados en los suelos de los centros de tratamiento del ébola. Se avisó hace tiempo, recordemos que Liberia declaró la epidemia de ébola el 22 de marzo, tres meses después del comienzo del brote y que la enfermedad se detectó por primera vez en Sudán y República Democrática del Congo en 1976. Ahora, Estados Unidos ha anunciado que mandará 4.000 militares a Liberia para luchar contra el virus en su origen. Nosotros tenemos la suerte de contar con un sistema sanitario eficaz que, en caso de ser infectados (cosa que, por otra parte, no es tan fácil, ya que sólo se contagia a través de contacto directo con sangre, sudor, saliva, vómitos, otros fluidos u órganos de una persona infectada) posee los recursos materiales y humanos suficientes para nuestro tratamiento, una fortuna con la que otros muchos, miles, no cuentan.

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