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Conversaciones de paz en Siria: ¿dónde están los kurdos?

Por Alberto Ginel* / Fotografía de Miguel Fernández

Tres días después de su inicio, las conversaciones de paz sobre Siria entre el régimen y la oposición “han entrado en una pausa” (fórmula diplomática que Staffan de Mistura -enviado especial de la ONU- ha encontrado para referirse a la situación).

El nuevo intento ha encallado al no cumplirse el alto el fuego temporal y el levantamiento de los bloqueos de la ayuda humanitaria tal y como exigía la opositora Coalición Nacional Siria al régimen de al-Asad y a sus aliados, que de hecho recrudecieron su ofensiva días antes de acudir a la mesa de diálogo. El inicio en falso de las conversaciones de Ginebra III (cuya nomenclatura recuerda inevitablemente los dos fracasos negociadores anteriores) ha dejado en segundo plano una cuestión de gran importancia: una cuestión que ya planeó sobre Ginebra II afectando negativamente a sus posibilidades de éxito. Nos referimos a la situación de los kurdos. Antes de que la CNS se levantara precipitadamente de la mesa, los representantes del principal grupo kurdo-sirio (el PYD) sabían ya que no había una silla para ellos.

Ante la paradoja de que un socio de la OTAN como Turquía eludiera reiteradamente y hasta fechas relativamente recientes intervenir en Siria contra el llamado Estado Islámico, EEUU se vio obligado a buscar entre los kurdos la tan anhelada fuerza sobre el terreno que contribuyera a reforzar los ataques aéreos de la coalición internacional. Gracias a esta confluencia llegaron las estratégicas victorias de Kobane y Tal Abyat, que supusieron importantes reveses para el avance de los terroristas.

El PYD (Partido de la Unión Democrática) controla actualmente un 15% del territorio en el norte de Siria y su milicia se ha destacado como una fuerza “capaz y efectiva” contra el Dáesh. Los halagos provienen de Ash Carter, Secretario de Defensa de Estados Unidos. La marginación del grupo kurdo más importante y su ausencia en la mesa de diálogo político no es nueva ni demasiado sorprendente: es un producto más de los omnipresentes cálculos geopolíticos (con Turquía en el centro de la jugada). Ankara ha presionado para evitar que Naciones Unidas convocara en Ginebra a una delegación kurda.

Dicha presencia habría incrementado la legitimidad y visibilidad internacional de la demanda autonomista que representan el PYD en Siria y el PKK en Turquía (grupo, este último, contra el que el Estado turco lleva décadas en una sangrienta lucha). No hay que olvidar que en el ínterin entre las elecciones de junio en las que Erdogan perdió su mayoría por el auge de un partido de la izquierda pro-kurda y las de noviembre -en las que recobró fuelle- el conflicto con el PKK se ha reabierto con toda su crudeza. Tampoco hay que perder de vista que la actuación turca sobre Siria -como llegó a denunciar la inteligencia norteamericana- parece más orientada a debilitar a los combatientes kurdos establecidos a lo largo de la frontera que a destruir las posiciones del Dáesh. La doctrina turca es clara: impedir “a cualquier precio” el establecimiento de una entidad kurda en el norte de Siria (y frustrar todo aquello que acerque mínimamente dicha posibilidad).

Las posiciones de los otros actores

Rusia ha querido mostrarse cercana a las reclamaciones kurdas respecto al foro de diálogo (cabe pensar que para irritar a Turquía). Puede sorprender que Moscú -uno de los puntales internacionales de Asad- realice gestos hacia un grupo que comenzó a ganar fuerza en las revueltas que tuvieron lugar en 2004 contra el Gobierno. ¿Por qué, pues, este movimiento?

En la fase preparatoria de Ginebra II una delegación kurdo-siria fue cordialmente recibida en Moscú por el vicecanciller Mikhail Bogdanov para tratar expresamente la distribución de asientos en la mesa de negociación. Según un portavoz kurdo, de aquel encuentro extrajeron la promesa del ministro Lavrov de respaldar una representación unitaria para esta comunidad en las negociaciones. A la hora de la verdad Rusia cambió su postura y las conversaciones se desarrollaron sin delegación kurda. De cara a Ginebra III, Moscú habría apoyado nuevamente la representación de la minoría pero pidiendo que ésta se integrase en la delegación opositora. Un movimiento para incrementar la cacofonía en su seno, a tenor del escaso entusiasmo que genera la causa de la autonomía kurda en la llamada Oposición oficial). A propósito de la Oposición oficial hay que mencionar una importante reunión que tuvo lugar en diciembre en Riad. Allí se eligió la representación opositora de entre los variopintos grupos que países como Arabia Saudí, Qatar o Turquía financian contra el régimen de al-Asad. El PYD kurdo no estaba, por supuesto, en dicha reunión y mantuvo su propio encuentro en el seno del Consejo Democrático Sirio (siglas bajo las que se reúne la otra oposición, que incluye a por ejemplo a minorías cristianas).

Estados Unidos -como sucede cada vez más a menudo- tiene una difícil posición. Por un lado no puede dejar de reconocer la importancia del PYD y sus milicias a la hora de combatir al Dáesh. Tampoco puede desconocer que la gobernanza que estos han conseguido establecer en los tres cantones que controlan al norte del país constituye el único ejemplo de convivencia razonable entre minorías religiosas y étnicas dentro del absoluto desastre sirio.
En el otro plato de la balanza, las presiones de Turquía siguen pesando demasiado y un paso de EEUU del lado de los kurdos parece muy poco probable al menos en esta fase del conflicto (las bases turcas son fundamentales para cualquier movimiento estadounidense). Sin embargo, tras saberse que el PYD no estaría en Ginebra, el enviado especial de Obama para la coalición anti-ISIS, Brett McGurk, realizó una visita a la simbólica ciudad de Kobane, donde mantuvo reuniones con destacados líderes de la comunidad. Una de cal y una de arena. Dicha visita mereció hace tan solo tres días la dura respuesta de Erdogan, que exigió a Obama elegir entre Turquía y los kurdos, afirmando que al tratarlos como a aliados Washington está apoyando a terroristas (en clara referencia a los vínculos entre el PYD y el PKK).

Los kurdos sirios quedan, de momento, fuera de la historia que habrá de escribirse en un sentido u otro (y tarde o temprano), en Ginebra. Ello, en el momento en que la consolidación de un territorio bajo gobierno kurdo comienza a ser una realidad asentada por la vía de los hechos, tal y como sucedió en el vecino Irak, donde ya se han cumplido diez años de la Constitución post-Sadam que reconoció el Kurdistán iraquí como una entidad regional autónoma partiendo también de una situación de facto.

Las conversaciones de paz en Siria -cuya conclusión se intuye lejana y en unos términos todavía imprevisibles- se han reiniciado con mal pie no solo por “la pausa” de la que hablaba de Mistura sino porque, al menos en esta fase y como en rondas anteriores, se está dejando sin papel a un actor importante. Un actor que es parte significativa de la solución contra el Dáesh y que a buen seguro seguirá presionando para serlo -también- de la solución política que Siria necesita urgentemente.

*Publicado originalmente en DiarioBez

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