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Claves para comprender el caos en Siria

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Entrevista a Alejandra Álvarez Suárez

Alejandra Álvarez Suárez  vivió en Siria entre los años 2006 al 2009, trabajando como profesora en la Universidad de Alepo. A partir de esa experiencia realizó su tesis doctoral, defendida en el año 2013, acerca de las minorías no musulmanas en el país.

El trabajo de esa tesis quedó publicado en un libro, “Comunidades no musulmanas en un entorno musulmán. La pervivencia del modelo otomano en la actual Siria”, un interesante trabajo que nos permite comprender un poco mejor la sociedad siria. ¿Cómo llevó a cabo este estudio? ¿Cuáles son las ideas principales del mismo?

Mi tema de tesis surgió del deseo de entender la organización social de la ciudad en la que estuve viviendo durante unos años en los que trabajé como profesora en la Universidad de Alepo (Siria). Esta ciudad es probablemente una de las más heterogéneas socialmente hablando dentro del contexto árabe levantino: la diversidad que la caracteriza es una de sus notas distintivas desde la antigüedad y contrasta con el panorama cada vez más homogéneo que actualmente puede encontrarse en otros centros urbanos del mundo árabe musulmán en Levante (como Mosul, Bagdad o el Cairo).

Mi idea de partida era que la actual organización jurídica y política de las diferentes comunidades religiosas dentro de Siria está claramente influenciada por el modelo otomano de organización social y de convivencia. Dicho modelo sobrevivió incluso a la desaparición del imperio Otomano, fue adaptado a las nuevas circunstancias durante el Mandato Francés y pervive en el actual estado sirio. Dicha idea de partida ha quedado suficientemente demostrada en el trabajo que publiqué en 2013.

Bashar Al Assad dijo en una entrevista en Foreign Affairs  el pasado mes de enero que la solución del conflicto sirio solo podría ser política. ¿Qué opina de estas declaraciones? ¿Piensa que Assad puede ser parte de la solución, es decir, que debe sentarse en la mesa de negociaciones?

En primer lugar, ¿qué significa en la situación actual “solución política”? Desgraciadamente, cuando las partes llegan a la guerra, cualquier solución política o cualquier atención a la población civil queda triturada. Solamente hace falta echar la vista atrás a las dos guerras mundiales o a nuestra guerra civil.

Por otro lado, en la cuestión siria no hay dos partes sino cuatro: el régimen, los kurdos, el Daesh y el Nusra. Los opositores (es decir, la oposición política y el Ejército Libre) no tienen nada con lo que negociar (ni potencial armamentístico determinante, ni territorio significativo, ni población bajo su control ni apoyos internacionales incondicionales y realmente potentes) y han quedado marginados a un tercer plano. A nadie le interesa hablar con ellos en este momento.

Por último, Bashar es parte necesaria de la solución desde el momento en que una buena parte de la población le apoya. Además, controla aproximadamente la mitad del territorio, y su ejército es el único que le está plantando cara a los del Daesh. Su estrategia de “o yo o el caos” ha triunfado, eliminando por una parte a la exigua y, probablemente, elitista oposición política prodemocrática y creando frente a él a un monstruo temible, tanto para sirios como para las potencias occidentales.

¿Bashar y los alawíes cuentan con el apoyo de las minorías religiosas?

En general, el baazismo sirio ha intentado desde un principio legitimar su poder apoyándose sucesivamente en diferentes grupos sociales del país, comenzando por la clase obrera y el campesinado, luego siguiendo por el funcionariado y finalmente buscando el respaldo de la burguesía o de las llamadas “minorías” religiosas.  Actualmente se suele identificar élite gobernante siria con alawismo, pero las cosas son más complicadas. Normalmente se admite en los análisis que los alawíes detentan el poder con el apoyo de las minorías religiosas en contra de la mayoría sunní. Sin embargo la realidad es que la religión ha sido utilizada como un instrumento político para mantener (o conseguir) el poder.

La cuestión de las minorías religiosas en Siria es algo muy complicado para explicarlo en pocas palabras. Basta decir que hay casi dos decenas de grupos religiosos diferentes, entre cristianos, musulmanes, zoroastras, yazidíes, e incluso judíos.  A eso hay que añadir que las cifras nunca han sido seguras (el último censo oficial con ese dato es de 1960, y ni el estado ni esos grupos hacen público el verdadero número de fieles por diferentes razones). Lo más normal es hablar de un 10% de cristianos, un 12% de alawíes, etc. pero estas cifras no son fiables, y menos aún a partir del conflicto. En mi trabajo ofrezco unos porcentajes más moderados.

Es cierto que las minorías confesionales han venido formando parte de la coalición de elementos sociales que la familia Asad ha ido reuniendo durante años con el fin de asegurarse apoyos. Estas minorías ya antes del conflicto veían al régimen como su protector frente a un potencial y temido dominio sunní que pudiera quitarles los derechos que tienen en un régimen con leyes seculares (la bien conocida táctica asadista de azuzar el miedo a la sunna, o sea: “o yo o el caos”). Lamentablemente, después de casi cuatro años de guerra, este fantasma es más real que entonces para todos. 

¿Qué papel juegan Rusia y China en el conflicto sirio?

Para Rusia, Siria es un actor clave por muchas razones y desde hace mucho tiempo, y eso hace que Rusia le proporcione un apoyo político y militar como no hace con ningún otro país. Y parece que por el momento así va a seguir siendo.

En primer lugar está la importancia geoestratégica del territorio que hoy llamamos estado sirio pero que, a su vez, forma parte de un área más extensa. Los rusos llevan queriendo tener control sobre los territorios más allá del Caspio desde el siglo XVIII, y lo mismo llevan buscando una salida al Mediterráneo a través del Mar Negro. Para ello han buscado muchas justificaciones, incluso la protección de los cristianos de tradición bizantina de esas tierras (el tratado de Cüçük Kaynarka de 1774). Por ese motivo, el control de unas tierras que dan al Mar Negro, tuvo lugar la guerra de Crimea a mediados del XIX. Una salida al Mediterráneo significa tener algo que decir sobre esa región, además de una vía económica de primer orden.

Recordemos que las armas sirias son mayormente de origen ruso (es curioso ver los Migs con los que siria luchó contra Israel en la guerras del 67 y del 73 expuestos al público en Damasco), rusos son los instrumentos con los que detectaron el espionaje de Eli Cohen, ect.

Además de los intereses geoestratégicos, el final de la segunda guerra mundial y el nacimiento posterior de la Alianza Atlántica empujó a los rusos a buscar aliados en los países árabes levantinos. Los rusos utilizan desde 1971 la ciudad costera siria de Tartus  como punto de apoyo y mantenimiento para sus buques, y de hecho, ésta es la única “base” que los rusos mantienen en otro país.

En la actualidad, a todo eso se unen otros motivos para ese apoyo: el deseo de controlar el integrismo sunní (pensemos en Chechenia), las cuestiones energéticas y la política (o la excusa) compartida con China de la no injerencia en los asuntos internacionales. Para Rusia, que los países occidentales se involucraran en Libia, suponía resucitar el peligro de un Mediterráneo sur controlado por americanos, ingleses y franceses. No les convence la excusa humanitaria esgrimida por los occidentales para actuar en contra de regimenes que no interesan.

El caso chino es distinto, claro. Ellos están muy lejos de esos territorios, pero ya conocemos su política expansionista por África y el Mediterráneo por motivos económicos y energéticos. Además, comparten con Rusia una prevención natural contra Occidente. Creo que en este contexto se entiende bien lo que está pasando.

A finales de enero tuvieron lugar nuevas negociaciones “secretas” entre los representantes del gobierno sirio y la oposición en Beirut, el Cairo y Moscú. ¿Crees que se han logrado algunos avances?

A la vista de la situación a día de hoy, no ha servido para mucho, la verdad. Por una parte los opositores no tenían mucho que poner sobre la mesa de negociaciones. ¿Qué podíann ofrecer? ¿Con qué podían presionar?

De Mistura, como enviado de la ONU para Siria, propone un plan humanitario de alto el fuego (las llamadas “congelaciones locales” del conflicto), al que probablemente se adhiere Estados Unidos. Todo eso es necesario proponerlo y sería estupendo que se consiguiera, pero lamentablemente la lógica de la guerra no funciona con ideas humanitarias. La población, por desgracia, aquí no importa nada. ¿Usted se imagina a los grandes actores de la segunda guerra mundial parando ese conflicto por motivos humanitarios? Eso no ha pasado en ninguna guerra y, repito, desgraciadamente, no creo que pase en ésta.

Por lo demás, Rusia no es neutral en esta guerra, con lo que su propuesta ya era vista con recelo por parte de algunos de los invitados más importantes. En este momento, el único camino pasa por acabar con la amenaza del EI y al-Nusra. En ese punto Bashar resulta imprescindible. Luego, ya veremos.

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