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Elecciones en Sudán. Cinco años más de impunidad para Al Bashir

Sudanese President Omar Hassan al-Bashir waves to supporters after receiving victory greetings at the Defence Ministry, in Khartoum

Por Cristina Casabón

Sudán celebra elecciones presidenciales y legislativas los próximos 13, 14 y 15 de abril. Muchos partidos de la oposición y sociedades civiles de la Diáspora han declarado su intención de evitar las urnas en un creciente clima de malestar por el deterioro de las libertades políticas y de prensa y la escalada de violencia en la zona de Darfur.

El gobierno dice que el aplazamiento de las elecciones provocaría un vacío constitucional y un caos político, mientras que la oposición propone un gobierno nacional provisional para administrar el país y asegurar la transparencia del proceso de transición política. La renovación de la vida política sudanesa es la gran tarea pendiente de un país marcado durante los últimos 25 años por la presidencia interrumpida de Omar al Bashir, al frente del Partido del Congreso Nacional (NCP).

Tras rechazar la iniciativa de Diálogo Nacional lanzada por el Presidente Al Bashir en enero de 2014, las fuerzas de la oposición política acordaron recientemente reunirse con el Gobierno en Addis Abeba para discutir el proceso de transición política. La comunidad internacional ha expresado su apoyo a este diálogo, y llamó a todas las partes a participar en el mismo. Lo que aún está por ver es si Estados Unidos está dispuesto a negociar con el régimen para abrir el espacio político en Sudán a cambio de una progresiva rehabilitación internacional y un levantamiento de la totalidad de las sanciones económicas – proceso que ya ha sido iniciado.

De lo que no cabe duda es de que este proceso de negociación facilitará la reelección del al- Bashir y le conferirá cinco años más de legitimidad, que no es otro que el objetivo principal del NCP y de su candidato. El presidente Omar Al-Bashir goza de gran popularidad y los otros 14 candidatos son relativamente poco conocidos, con la excepción de Fátima Abdul Mahmud. Mahmud, que en las elecciones de 2010 se presentó como candidato a la Unión Socialista de Sudán, es una veterana política, si bien su candidatura no representa una seria amenaza para el régimen.

La Comisión Electoral también ha anunciado que 23 partidos políticos participarán en las elecciones presidenciales y legislativas, pero ninguno de los principales partidos políticos, la Umma y el Partido Democrático Unionista, va a presentar candidatos presidenciales, lo cual da razones para creer que el presidente Bashir saldrá ganador en un tercer mandato consecutivo.

Muchas instituciones locales, regionales e internacionales, tales como la Liga Árabe, la Unión Africana y la Unión Europea expresaron su deseo de supervisar el proceso electoral “para garantizar la imparcialidad y la transparencia, así como el cumplimiento de los estándares internacionales.” Desde la comisión electoral han declarado que cualquier observador es bienvenido, si bien no les darán ningunas facilidades. 

Oficialmente, Sudán es una república federal democrática representativa presidencialista, si bien la política sudanesa es internacionalmente considerada un sistema autoritario. La permanencia de al- Bashir en el poder se remonta a un incruento golpe de Estado en junio de 1989. Ha sido elegido por dos mandatos consecutivos, 2004-2011 y 2011-2015, y probablemente será reelegido para el periodo 2015-2020.

El Partido del Congreso Nacional ejerce su poder sobre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial del gobierno desde su fundación, en 1996, y aunque ha vivido dos divisiones graves, en 2009, y en 2013, sigue siendo el más poderoso de los más de 90 partidos políticos en el país. La mayoría de ellos son grupos escindidos de Umma y el Partido Democrático Unionista, o partidos formados por los movimientos rebeldes de Darfur que se convirtieron en partidos políticos después de firmar un acuerdo de paz con el gobierno central en Jartum.

El presidente de Sudán también ha sido acusado por la Corte Penal Internacional (CPI) de cometer genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en las montañas de Nuba en Kordofán Sur, Darfur, y en Nilo Azul. De hecho, según los analistas, el presidente, de 70-años de edad, está decidido a aferrarse al poder a toda costa porque teme que cualquier sucesor podría entregarle a La Haya.

Pero Sudán ha derrocado otros regímenes militares en dos ocasiones, en 1964 y 1985, y en septiembre del año pasado parecía que la hora de Bashir había llegado. Miles de personas salieron a las calles para protestar, aparentemente, contra un alza en los precios del combustible, pero éstos no eran todos los ingredientes de la insurrección. El Estado respondió con la masacre a sangre fría de casi 200 civiles; al menos 800 detenciones y un apagón informativo.

Recientemente Sudán ha sido noticia por el aumento de la violencia en Darfur, un conflicto que, según la ONU, ha acabado con la vida de más de 300.000 personas y ha desplazado a dos millones hasta el momento. La semana pasada, Oxfam dijo que este conflicto ha obligado a más de 50.000 personas a huir de sus hogares en lo que va de 2015. Miles de familias se enfrentan a un acceso limitado a los alimentos, el suministro adecuado de agua y refugio.

En los últimos dos años se han producido más de 1.000 ataques con bombas en Kordofán del Sur y Nilo Azul. Como resultado, los civiles siguen huyendo a Sudán del Sur y Etiopía. Desde que se reanudaron los enfrentamientos, en 2014, entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del Movimiento Popular de Liberación de Sudán-Sector Norte (MPLS-SN), el número de desplazados no ha dejado de crecer.

Se necesita una fuerte presión para que el régimen se haga cargo de asuntos humanitarios y una solución política en Darfur. La necesidad de introducir reformas democráticas y de llevar a cabo una descentralización efectiva, que permita el desarrollo económico de todas las regiones que constituyen el nuevo Sudán, se encuentra en la base del resurgimiento de la violencia. La contraposición entre las élites de Jartum y los estados del Alto Nilo, que controlan la riqueza económica sudanesa, y el resto de los estados que conforman el país se sitúa en el eje de las tensiones que amenazan la paz.

Este mes se ha cumplido el sexto aniversario de la primera orden de arresto de la CPI contra el presidente Bashir. La reelección de Bashir no solo tiene efectos devastadores en el interior de Sudán, sino que también envía el mensaje equivocado a líderes como el presidente sirio al-Assad. La reelección del presidente le exime de nuevo de las obligaciones derivadas de las órdenes de arresto de la CPI y su traslado a La Haya para ser juzgado.

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