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Burkina Faso: la amenaza del Yihad se extiende en el Sahel

Por Luis Antonio González Francisco

Tierra de los hombres honestos“, es el significado de Burkina Faso, nombre adoptado oficialmente en julio de 1984 por un país que hasta entonces se denominaba Alto Volta, una antigua colonia francesa que se independizó de la metrópoli el 5 de agosto de 1960. Las décadas siguientes fueron testigos de una serie de golpes de estado dirigidos por Sangoulé Lamizana, Saye Zerbo y Jean Baptiste Ouedraogo. Un capitán de las fuerzas armadas llamado Thomas Sankara encabezó una nueva asonada estableciendo un Consejo Nacional Revolucionario y situando en el cargo de ministro de Estado de la Presidencia a Blaise Compaoré, quien dirigió a su vez, el 15 de octubre de 1987, un nuevo alzamiento militar que lo catapultó al poder y que a la postre propició la ejecución de Thomas Sankara.

En 1991 fue aprobada una constitución que establecía la división de poderes, dando inicio a la Cuarta República. Compaoré obtuvo sucesivas victorias electorales, algunas con resultados verdaderamente abultados como en 1998, año en le que obtuvo el 88% de los votos. En 2010 una denuncia de fraude por parte de la oposición unida a los planes de Compaoré de llevar a cabo una reforma constitucional con el objetivo de mantenerse en el poder de manera indefinida, desembocaron en los años posteriores en graves episodios de violencia como el que tuvo lugar en 2014 cuando se produjo el asalto al palacio presidencial y el incendio del Parlamento.

Antes de finalizar el mes de octubre de ese año se produjo, impulsado en gran medida por el nivel de las protestas populares, la renuncia del presidente Blaise Compaoré, dando paso a un gobierno de transición con Michel Kafando como presidente y Yacouba Isaac Zida como primer Ministro. El ejecutivo interino programó la realización de unos comicios presidenciales y legislativos para el mes de octubre de 2015, circunstancia que se vio truncada por el enésimo golpe militar que sufrió el país y que tuvo lugar en el mes de septiembre. Tras el fracaso de la acción militar, la convocatoria electoral pudo celebrarse finalmente el 29 de noviembre ,resultando ganadora la candidatura de Roch Marc Christian Kabore, que fue elegido presidente en primera ronda.

En su discurso de investidura, pronunciado el 29 de diciembre de 2015, el presidente Kabore constató que en el momento en el que ascendía a la jefatura del Estado la situación securitaria, en el mundo en general y en la sub-región oeste africana en particular, era especialmente preocupante dada la amplitud tanto de las amenazas como de las acciones terroristas. Por ello, hacía un llamamiento a la puesta en común de medios de defensa y recursos de información entre su país y aquellos que luchan contra el terrorismo en el mundo.

La insurgencia Tuareg, que tuvo lugar en los países vecinos de de Malí y Níger, tuvo cierto impacto en a las zonas fronterizas de Burkina Faso ya que acogen a una población Tuareg de cerca de 100.000 personas, si bien el país no se vio afectado. En el año 2012 grupos terroristas de inspiración yihadista se hicieron con el control de territorios al norte del país, control que se vio truncado por la intervención de las fuerzas armadas francesas en el marco de la denominada operación Serval. En el año 2015 Burkina Faso implementó la creación del CENTIF, siglas en francés de Célula Nacional de Tratamiento de las Informaciones Financieras, con el objetivo de combatir la financiación del terrorismo. En ese mismo año fue adoptada una versión actualizada de la ley de terrorismo que contemplaba disposiciones respecto de los componentes extranjeros de grupos terroristas. Para realizar esta labor el país contó con la asistencia de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Burkina Faso recibió asistencia a sus fuerzas de seguridad proporcionada a través de la colaboración bilateral y regional, circunstancia en la que ha influido su disposición a participar en operaciones de estabilización y contraterroristas fundamentalmente a través de la participación de sus fuerzas armadas. Con datos de febrero de 2017, Burkina Faso tiene desplegados en misiones de la ONU un total de 2.993 efectivos, entre los cuales hay 2.523 soldados, 449 policías y 21 expertos militares. Una cifra importante, habida cuenta que las fuerzas armadas del país se componen de un total de 12.000 efectivos, entre fuerzas terrestres, aéreas, gendarmería y paramilitares. También dispone de un número de reservistas en torno a los 45.000 componentes.

La pérdida de control territorial que grupos yihadistas tenían en el norte del país no neutralizó la amenaza del terrorismo inspirado por esta ideología. En mayo de 2015 el grupo Al Morabitoun, comandado por Mojtar Belmojtar, reivindicó el secuestro, cometido un mes antes, del ciudadano rumano Gherghut Lulial, que realizaba funciones de seguridad en una mina de manganeso de Tambao. En agosto de ese año tres individuos armados atacaron un puesto fronterizo en Oursi cerca de las fronteras de Malí y Níger hiriendo de gravedad a un gendarme, que finalmente murió, y a una civil que resultó ser la hija del comandante de la brigada. Algunos testigos afirmaron que los atacantes reivindicaron su militancia en Boko Haram. Meses después, el 09 de octubre, un comunicado del general de brigada Pingrenoma Zagre, jefe del Estado Mayor General de los Ejércitos, confirmaba la muerte de tres gendarmes durante el ataque cometido por una cincuentena de hombres armados procedentes de la frontera oeste de Burkina Faso contra el puesto de la Gendarmería de Samorogouan. El ataque fue atribuido al Front de libération du Macina (FLM).

Recién empezado el 2016, la capital de Burkina Faso, Ouagadougou, fue escenario del ataque terrorista de etiología yihadista de mayor envergadura hasta la fecha, tanto por el número de efectivos y medios empleados como por las víctimas causadas, 28 muertos de 18 nacionalidades diferentes y más de 150 heridos. Un grupo de entre 30 y 50 individuos fuertemente armados con fusiles de asalto y lanzagranadas atacaron la cafetería Cappuccino, los hoteles Yibi y Splendid y la cafetería Taxi Brousse. La acción fue reivindicada conjuntamente por Al Qaeda en el  Magreb Islámico (AQMI),  y Al Mourabitoun en lo que fue su primera acción coordinada después de que el 4 de  diciembre de 2015 el líder de AQMI Abdelmalek Droukdel, anunciase la fusión con el grupo comandado por Mokhtar Belmokhtar.

En septiembre de ese mismo año entró en escena en Burkina Faso una filial de Daesh. Un ataque contra un puesto aduanero en Markoye en el que resultaron muertas dos personas fue reivindicado por Adnan Abu Walid al Sahrawi, quien en 2015 ya había pronunciado el bay’ah (juramento de lealtad) al lider de Daesh, Abu Bakr al Baghdadi, pero no fue hasta el 30 de octubre de 2016 cuando, a través de la Agencia de Noticias Amaq, el bay’ah fue aceptado oficialmente y  al Sahrawi se convirtió en el líder de una wilaya (provincia) de Daesh denominada Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS). Al mes siguiente. Otro ataque del EIGS contra una base del ejército burkinés en la localidad de Intangom, situada en el extremo norte del país, cerca de la frontera con Malí, acabó con la vida de tres soldados .

La inspiración yihadista estuvo detrás de una ataque perpetrado en diciembre de 2016 por un grupo de unos cuarenta individuos, a bordo de vehículos todo terreno y motocicletas, armados con fusiles Kalashnikov y lanzagranadas, atacaron un destacamento del ejército con sede en Nassoumbou en el norte de Burkina Faso, a treinta kilómetros de la frontera con Malí. En el ataque fueron asesinados doce militares. Ansarul Islam, grupo dirigido por Malaam Ibrahim Dicko, clérigo radical natural de la ciudad norteña de Djibo, reivindicó la autoría de este ataque, el más mortífero efectuado contra las fuerzas armadas de Burkina Faso.

El pasado 27 de marzo compareció públicamente en Ouagadougou el ministro de Seguridad, Simon Compaoré, quien constató en el periodo comprendido entre 2015 y 2016 habían tenido lugar en el país mas de una veintena de ataques o agresiones de naturaleza terrorista contra las fuerzas de defensa, de seguridad o contra objetivos civiles. También enumeró a los grupos terroristas que operaban con mas frecuencia en el territorio  Burkina Faso: el Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS), Ansar Dine, Ansaurul Islam, el Frente de Liberación de Macina (FLM), Al Morabitoun y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) estos cuatro últimos están unidos desde el dos de marzo de este año bajo la marca Jamaat Nasr Al Islam Wa Al Mouslimin

El auge del yihadismo en Burkina Faso puede tener una derivada no exenta de complicación: las milicias Kogleweogo (“justicieros de la selva”), una suerte de grupos de autodefensa con una heterogénea composición en la que participan tanto musulmanes como cristianos. Entre sus filas cuentan con una figura denominada “juez” con facultades para detener, tomar manifestación e incluso para la aplicación de medidas punitivas tales como castigos físicos o privación de alimentos. Aunque su función es fundamentalmente perseguir a ladrones podrían ver en el incremento del fenómeno yihadista una excusa para aumentar sus intervenciones, que ya de por sí son cuestionadas debido a que se han costado muchos casos de extralimitaciones que podrían correr el riesgo de convertirse en factor de impulsión hacia grupos yihadistas por quienes hayan sido víctimas de esos abusos.

En Burkina Faso no han tenido lugar conflictos de índole religiosa entre musulmanes, que forman alrededor los 60% de la población, cristianos, que son un 25% y de animistas, otro 15%, en un censo en cuyos porcentajes no hay unanimidad. Pese a ello, parece existir una sensación dentro de la comunidad musulmana de que la administración favorece a los cristianos en detrimento de los musulmanes, lo que podría constituir un caldo de cultivo para que se propagase un Islam rigorista de inspiración wahabí impulsado principalmente por los países del Golfo, circunstancia esta última que preocupa a los líderes musulmanes de Burkina Faso.

En este orden de cosas, existe un elemento más con un importante nivel de desestabilización que son los antiguos miembros del RSP (Regimiento de Seguridad Presidencial). Esta fuerza de élite fue creada por Blaise Compaoré y durante más de 27 años constituyó una amenaza para los ciudadanos burkineses debido a los brutales métodos que empleaban. El RSP fue disuelto en 2015 por su apoyo al finalmente frustrado alzamiento del general Gilbert Diendéré lo que convirtió a muchos de sus miembros en prófugos de la justicia. Uno de estos fugitivos, Boubacar Sawadogo, podría haber establecido contacto con el líder de Ansarul Islam según una comunicación interceptada por los servicios de inteligencia. De confirmarse esta cooperación entre ex militares y yihadistas las capacidades de estos últimos se verían notablemente aumentadas.

Burkina posee una notable importancia estratégica debido, entre otros motivos, al apoyo que presta a la Operación Barkhane, las bases de drones que EE.UU mantiene en su territorio o su papel junto a Mauritania, Malí, Níger y Chad en la misión G-5 Sahel. Un eventual aumento del fenómeno yihadista podría reducir el número de efectivos que Burkina Faso despliega fuera de sus fronteras para hacer frente a la amenaza interior. Hace ya mucho tiempo que el Sahel es Dar al Harb, “la casa de la guerra”,  una guerra que, a través de las “líneas en la arena” que son las fronteras entre los países de la zona, parece querer implantarse en Burkina Faso, circunstancia que debería ser tenida muy en cuenta ya que, por múltiples razones, lo que ocurra en la franja saheliana tiene una importancia estratégica de primer nivel para la U.E.

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