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Ausencia de un Estado en la República Centroafricana

Por Miguel Ángel Pérez

La antigua Ubangui-Chari, llamada así en el período colonial francés por estar en el lugar donde se hallan los ríos Ubangui y Chari, es hoy la República Centroafricana. Esta nación nació a mitad del s.XX y ha vivido en la inestabilidad. Tiene un historial de enfrentamientos internos y dictaduras casi continúo, incluyendo una intervención francesa en 1.979 y otra por parte libia en 2.001. Los enfrentamientos étnicos que vive en la actualidad, afortunadamente mitigados por la intervención internacional, tampoco son nuevos. Ya se vivieron en 1.996 y 1.997, lo que llevó a que la ONU desplegase la misión MISAB.

La República Centroafricana ha sido incapaz de crear un Estado viable que gobernase al país y aportara tanto estabilidad como desarrollo. Todos los intentos de crear un gobierno han sido tumbados por una nueva crisis interna. Y es que, el mayor problema de este país es fundamentalmente la ausencia de seguridad y de integración étnica, provocada en parte por la incapacidad del Estado de propiciarla.

Cuando Djotodia llegó al poder en 2.013 expulsando por la fuerza al Presidente Bozizé y fue incapaz de pagar a sus mercenarios, se hizo patente una vez más la ausencia de capacidad nacional por mantener el orden. La última oportunidad que tuvo la República Centroafricana de construir un Estado sólido fue con Bozizé. Se logró incluso superar la guerra civil en 2.007 y que la autoridad gubernamental llegase en 2.010 a casi todo el país.

Sin embargo, Djotodia aprovechó la crisis surgida al estallar varias rebeliones en el norte del país. Constituyó la coalición rebelde Seleka y logró tomar el poder por las armas, viéndose beneficiado por la decisión del Presidente de Francia François Hollande de negarse a respaldar militarmente al gobierno legítimo. La construcción de un Estado y de llevar la autoridad gubernamental a toda la nación se vino abajo en ese momento.

El vacío de poder creado por la incapacidad de Djotodia y la rebelión de sus mercenarios sumergió al país en un grave enfrentamiento entre musulmanes y cristianos, organizados los primeros en torno a los Seleka y los segundos constituyendo los anti-Balaka. El despliegue internacional realizado para detener las matanzas, si bien ha reducido en gran medida el problema, no lo ha mitigado completamente.

Las políticas gubernamentales representan una línea de actuación planificada por parte de un ejecutivo para regular el país. En base a ello se construye un proyecto para el desarrollo del territorio. Que un país esté sin Estado o no lo haya tenido con el suficiente peso y continuidad, supone que en su territorio no se habrán podido crear las instituciones necesarias para administrar. Esto deja a la población a su suerte, no facilita la actividad económica, la evolución de la sociedad, ni la integración.

La ONU tiene la difícil tarea de crear un Estado viable en la República Centroafricana partiendo casi de la nada y en un clima de inseguridad. De hecho, la tarea de construir la seguridad la desempeña una misión internacional. La celebración de elecciones recientemente para tratar de crear un gobierno legítimo que desarrolle se encuentra dentro de ese empeño. Asimismo, las posibilidades de crear un ejecutivo sólido son poco halagüeñas en una nación donde no existe cultura democrática y ni siquiera un sistema político. Sin embargo, con la asistencia internacional las posibilidades de éxito son mayores.

Entre los escenarios barajados para dar estabilidad a la República Centroafricana se ha especulado con federalizar el país o incluso separarlo en dos. En cualquiera de los casos, ya sea con una gran autonomía o con la plena soberanía, cada zona estaría compuesta por un grupo étnico dominante; musulmanes en una y cristianos en otra. Por un lado, la opción federal sería bastante compleja de desarrollar y podría generar problemas de bloqueo de instituciones (el ejemplo de Bosnia no es muy halagüeño), y además requeriría un sistema político para el que la nación no está preparada. En cambio, la partición, siguiendo el modelo de lo hecho en Sudán, sería más práctica pero difícil de lograr, pues no existen dos agrupaciones con peso ni tradición como en Sudán (donde cristianos en el sur y musulmanes al norte estaban organizados). Así las cosas, la mejor solución parece ser la de un gobierno de unidad nacional y un Estado integrador que realice políticas de convivencia entre etnias.

Por último, no hay que olvidar que la precaria situación económica complica enormemente la labor de rescatar a la República Centroafricana. Ello, unido a la inseguridad, el enfrentamiento étnico, la carencia de un Estado y de fuerzas propias hace que la presencia internacional en esta nación se alargue durante muchos años.

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