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Atrapados en Libia. El Mediterráneo, la única salida

Portada del documento. Fuente: Amnistía Internacional.

Portada del documento. Fuente: Amnistía Internacional.

 

Por Verónica Sánchez Moreno.

El documento “‘Libya is full of cruelty’: Stories of abduction, sexual violence and abuse from migrants and refugees”, publicado por Amnistía Internacional el pasado lunes 11 de mayo da a conocer la brutalidad de las circunstancias a las que se enfrentan en Libia las miles de personas que, explotadas y maltratadas sistemáticamente, ven en una peligrosa travesía por el Mediterráneo la única forma de escapar del horror de una vida de sufrimiento.

“Hay mucha gente que no tiene opción. Nos enfrentábamos a la muerte en Libia por eso pensamos que podríamos enfrentarnos a la muerte intentando llegar a Italia”. Estas son las declaraciones de una familia Siria entrevistada por Amnistía Internacional en Sicilia, en el verano de 2014. Sin nada que perder, solo queda la esperanza de ganar, aunque intentarlo suponga acabar en el inmenso cementerio en el que se ha convertido el mar Mediterráneo.

Según los 70 testimonios recogidos por Amnistía Internacional entre agosto de 2014 y marzo de 2015 en Sicilia y Túnez, en los que se basa este documento, los extranjeros que viajan irregularmente desde y hacia Libia se enfrentan a abusos, incluyendo secuestros en los que se pide rescate, tortura, violaciones, malos tratos, violencia sexual en todas las fases de las rutas de contrabando que van desde el este y el oeste de África hacia la costa libia. A menudo son entregados a grupos criminales a su entrada en Libia por la frontera sur del país o en las ciudades de más tránsito en las rutas migratorias, como Ajdabya y Sabha. A veces los contrabandistas secuestran a emigrantes y refugiados en remotas áreas en el desierto forzándoles a llamar a sus familias para pedir un rescate.

Así pues, en la mayoría de los casos, los emigrantes y refugiados que intentan cruzar el mar Mediterráneo, han sido sometidos a largas palizas en centros de detención de inmigrantes en Libia, tras su interceptación y arresto por los guardacostas libios o las milicias que actúan por iniciativa propia debido a la ausencia de fuertes instituciones gubernamentales. Las mujeres retenidas en estas instalaciones, con falta de mujeres guardias, son vulnerables a la violencia y el acoso sexual.

Además, en las comunidades locales aumenta el racismo y la xenofobia contra los inmigrantes, a los que se les acusa del aumento de las redes de tráfico ilícito y de la criminalidad. Este documento de Amnistía Internacional revela que han incrementado los emigrantes y refugiados que sufren explotación y son forzados a trabajar sin recibir pago, así como los que son asaltados o robados en sus casas o en la calle. Las minorías religiosas, en particular los cristianos, son los que sufren un mayor riesgo de abuso, incluidos secuestros, torturas, malos tratos y ejecuciones ilegales de grupos armados que intentan imponer su propia interpretación de la ley islámica y son responsables de vulnerar seriamente los derechos humanos. “Venían, nos robaban el dinero y nos azotaban. No puedo denunciar a la policía lo del cristianismo, porque no les gustamos […]. En octubre de 2014, cuatro hombres me secuestraron […] porque llevaba una biblia”, contó a Amnistía Internacional Charles, un nigeriano de 30 años.

Como la violencia continúa en en Libia, señala el informe de Amnistía Internacional, los países vecinos como Túnez, Argelia o Egipto han cerrado sus fronteras e impuesto más rigurosos requisitos de entrada por miedo a que el conflicto se extienda. Los emigrantes y refugiados que no pueden obtener visados válidos porque sus pasaportes han sido robados o confiscados por contrabandistas, bandas de delincuentes o sus empleadores libios, no tienen otra alternativa viable para viajar que no sea embarcarse en un peligroso viaje por el Mediterráneo.

Por eso, en este documento Amnistía Internacional hace un llamamiento un llamamiento a Túnez y Egipto para que mantengan abiertas sus fronteras, así como a la comunidad internacional para garantizar la seguridad de los emigrantes y refugiados que se encuentran actualmente atrapados en Libia.

“La comunidad internacional ha visto, impasible, cómo Libia se ha ido sumergiendo en el caos desde que terminó la campaña militar de la OTAN, en 2011, y ha permitido, de hecho, que las milicias y los grupos armados actúen sin cortapisas. Los líderes mundiales son responsables y deben estar preparados para afrontar las consecuencias, incluido el mayor flujo de refugiados y migrantes que huyen del conflicto y de los abusos incontrolados de Libia. Los solicitantes de asilo y los migrantes están entre las personas más vulnerables de Libia, y no debemos olvidar su difícil situación”, ha afirmado Philip Luther, director del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

Como señalaba en un reciente artículo Cristina Casabón, “el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) asegura que al menos 218.000 inmigrantes y refugiados cruzaron el Mediterráneo el año pasado. De ellos, unos 3.500 murieron en la travesía. Hasta la fecha, en 2015 alrededor de 35.000 refugiados e inmigrantes han intentado llegar a Europa, y la temporada de verano solo acaba de empezar”.

A finales del mes pasado, la Unión Europea celebraba en Bruselas una cumbre especial para intentar frenar esta tragedia. El resultado: triplicar los fondos para las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo, una medida, según la Eurocámara, las ONG y la ONU, insuficiente. Parece pues, que a falta de una respuesta contundente por parte de la comunidad internacional, las tragedias continuarán sucediéndose frente a las costas de Europa.

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