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Argelia y España, no faltan recursos sino ambición

Por Anwar Zibaoui*

Un espejismo dulce y una pequeña ola de pánico comenzó a circular en los pasillos del poder de muchos países productores de petróleo a causa de la gran caída del precio del crudo. Argelia, hipnotizada por el oro negro y dependiendo de su fluctuación en los mercados internacionales, ve como sus arcas se vacían y el precio apenas se recupera.

El gas y petróleo representan el 70% de los ingresos del presupuesto del Estado, el 95% de las exportaciones y el 36% del PIB. Los ingresos de divisas provenientes del petróleo ascendieron a  750 mil millones de dólares entre 2000 y 2014, mientras que, durante el mismo período, las importaciones fueron de 550 mil millones de dólares.

La evolución del mercado mundial de energía y la tensión geopolítica en sus fronteras obliga a Argelia a adaptar estrategias claras sin parches. La situación es muy preocupante, pero, a diferencia de los impactos 1986, Argelia dispone de 140 mil millones de dólares de reservas de divisas, 7 mil millones en reservas de oro,  fondos de estabilización, una alta tasa de ahorro interno que le permitiría aliviar el malestar, pero no será suficiente.

La economía argelina, pese a su potencial, tiene muchos problemas estructurales. El excesivo peso del Estado  y la dependencia de los hidrocarburos como principal fuente de riqueza  son dos de estos problemas. El gasto público se explota. Todo está subvencionado: gasolina, electricidad, vivienda, transporte, empleo juvenil, harina, aceite, azúcar, fertilizantes, tractores… Esta bonanza representa el 25% del PIB, una tasa extravagante e imposible de mantener que debe tratar de contener la sangría financiera y aplicar más rigor.

El período de vacas gordas se ha completado, pero hay  margen de maniobra. Argelia cuenta con todos los recursos humanos y materiales para “hacer su revolución económica” y situarse entre las potencias emergentes. El problema no es económico. Para iniciar la inversión productiva, sería más útil aliviar la anorexia de un país que aparentemente  se niega a crecer.

Las reservas actuales y el bajo nivel de endeudamiento dan una ventaja de tres o cuatro años para las reformas. Argelia dispone de una fuerza laboral bien capacitada, energía a bajo costo y un gran mercado interno. Este es el momento de reformar y construir. Y apostar por  la iniciativa privada, dejar de estigmatizar a los inversores extranjeros, impulsar una economía productiva y diversificada. Se deben empezar a eliminar suavemente los subsidios y reservar el dinero para los presupuestos de inversión. Argelia se puede curar de la llamada “enfermedad holandesa” o “la maldición del petróleo”.

Desde 2005, el país ha impulsado varios planes estratégicos 2005-2009 y 2010-2014, 2015-2019 con más de 600 mil millones de dólares para construir infraestructuras, incluyendo un 1.200 km de autopistas, plantas de desalinización de agua y miles de unidades de vivienda. Pero el resultado hasta el momento ha sido modesto y lejos de las expectativas proyectadas por muchos factores como la lentitud de las reformas que ha limitado la participación de los inversores extranjeros y privados. Las autoridades deben contar con su implicación en la elaboración de cualquier nuevo esquema.

Argelia, un importante proveedor de gas en Europa, tiene posibilidades para reposicionarse en el mercado mundial del gas mediante la explotación a su favor su asociación y vecindad con la UE. Es el tercer proveedor de gas de Europa, el octavo mayor productor de gas del mundo y es de los 20 primeros países productores de petróleo. España sigue siendo el primer cliente de Argelia y su cuarto proveedor con intercambios de 15.000 millones de euros. El 50% del gas que consume España viene de Argelia. Unas 270 empresas españolas se han instalado en este país del Magreb. Muchas son multinacionales de sectores como la energía, la construcción y la obra pública y han ganado suculentos contratos.

Argelia tiene ambición pero requiere una estrategia del desarrollo, teniendo en cuenta los nuevos cambios del mundo. El progreso económico dependerá de la capacidad  de mejorar el clima social, de una nueva ley de inversión capaz de atraer a las empresas internacionales y del desarrollo de una clase empresarial, especialmente las pymes. Conciliar la eficiencia económica y la cohesión social será clave.

La cuestión de la financiación siempre es factor clave del desarrollo económico. Pero no soluciona  todos los problemas. El país magrebí tiene que perder sus miedos, mirar al futuro y no aplazar lo inevitable. Y contar con todos sus activos políticos, económicos y sociales para superar las dificultades. Pero también será necesaria una visión de largo plazo que evite las posiciones y comportamientos derrotistas y que refleje la ambición de construir una economía productiva y exitosa, instituciones sólidas y la participación de todos los actores.

*Artículo publicado anteriormente en Atalayar

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