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A la jungla de Calais

Un joven refugiado sirio lleva a su hermano a través de la frontera entre Grecia y Macedonia. Fuente: UNHCR

Un joven refugiado sirio lleva a su hermano a través de la frontera entre Grecia y Macedonia. Fuente: UNHCR

Por Verónica Sánchez Moreno – Artículo de opinión.

Se hacinan por miles esperando una oportunidad. Han dejado atrás la muerte y no tienen nada que perder. No les detienen las alambradas, ni la concertina, ni el gas pimienta, ni los perros, ni los golpes. De estos últimos han sufrido muchos durante su travesía y antes de ella. Solo miran atrás para, quizá, llamar por teléfono a un padre o una madre que dejaron en el infierno que les vio nacer y contarle que están bien y que han llegado a Europa.

Según datos ofrecidos por AFP, más de 2.000 personas han muerto en lo que llevamos de año intentando cruzar el Mediterráneo. Es importante que los que estamos aquí, al otro lado, comprendamos las verdaderas razones que les llevan a iniciar este arriesgado viaje, en lugar de dejarnos llevar por la consabida retahíla que algunos utilizan de “los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo y vivir de las subvenciones”.

Occidente es en gran parte, el artífice de que miles de africanos necesiten huir de sus países para poder vivir. ¿Han oído hablar alguna vez de la colonización? ¿De la Conferencia de Berlín? A eso le siguieron la explotación de los recursos naturales de África por empresas y países occidentales, el apoyo de los gobiernos del hemisferio norte a dictadores, la venta de armas o intervenciones militares como la de Libia. De ahí a la jungla de Calais, al monte Gurugú o a las aguas del Mediterráneo.

La mayoría de las personas que inician esta peligrosa travesía hacia Europa son refugiados, no inmigrantes económicos, ya que huyen de países en conflicto. A los eritreos, congoleños o centroafricanos se les han unido libios o sirios, estos últimos, intentando escapar del horror del autoproclamado Estado Islámico. El drama no es de antes de ayer, ni mucho menos. Los países del sur de Europa, España, Grecia e Italia, lo llevan padeciendo años.

Según un informe hecho público por el Ministerio del Interior italiano el pasado mes de abril, se calcula que de enero a septiembre de 2015, llegarán a las costas de este país del sur de Europa unos 200.000 inmigrantes. De hecho, según las cifras aportadas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en los seis primeros meses de este año, 137.000 personas cruzaron el mar Mediterráneo, la mayoría de ellos, huyendo de guerras, conflictos o persecución. ACNUR también señala que un tercio de los que llegan por mar a Italia y Grecia proceden de Siria y el segundo y tercer país más numeroso son Afganistán y Eritrea. Comparando los datos de 2015 y 2014, entre enero y junio del presente año ha aumentado un 83% el número de refugiados que han intentado cruzar el Mediterráneo, de ellos, 1850 dejaron su vida en ello.

Esta tragedia, bien conocida por los países del sur, se está dando también en el Canal de la Mancha. Si bien es cierto que el “problema” de Calais no es nuevo, las fuerzas y cuerpos de seguridad franceses y británicos decían tener todo “controlado” hasta hace algunas semanas. Miles de personas en la jungla esperan para saltar la valla y subirse al tren o al camión que les llevará desde Francia hasta el Reino Unido, cruzando el Eurotúnel. Ante lo complicado de conseguirlo, algunos deciden quedarse en suelo galo.

“Los emigrantes piensan que nuestras calles están asfaltadas con oro” se titula el artículo escrito por Theresa May y Bernard Cazeneuve, ministros del Interior de Reino Unido y Francia respectivamente, y publicado en el diario The Telegraph el pasado uno de agosto. Una afirmación más que arriesgada, ya que podríamos suponer que lo que piensan estos emigrantes realmente es, por ejemplo, que en Europa se respetan los derechos humanos y que podrán vivir en paz y ganarse la vida para comer todos los días y tener un techo en un país democrático.

“Nos enfrentamos a una crisis de migración global. Esta situación no puede ser vista como un problema solo para nuestros dos países. Es una prioridad para ambos y también europea, a nivel internacional”. Este último argumento sostenido por los ministros del interior galo y británico ha sido el utilizado durante mucho tiempo por las naciones del sur del continente, sin que las del norte, ( incluidas Francia y Reino Unido), realicen un gran esfuerzo por atajar el problema. Ese problema que parecía lejano y que ahora ha explotado en el centro de Europa.

También afirman que “debemos ayudar a los países africanos a desarrollar oportunidades económicas y sociales para que la gente quiera quedarse”. Y esa, precisamente, es la clave. Es cierto que Europa no puede acoger a todos los inmigrantes que llegan, pero el esfuerzo no debe centrarse en hacer vallas más altas, sino en solucionar los problemas de los países de origen para que los africanos elijan quedarse en ellos.

2 comentarios
  1. Verónica
    Verónica Dice:

    Gracias, Vicente. La no-reacción de los gobiernos (y políticos en general) europeos resulta asombrosa, como apuntas, teniendo en cuenta la tragedia continua que sucede en nuestras fronteras. ¡Un saludo!

  2. vicente gonzalez
    vicente gonzalez Dice:

    magnifico articulo: estoy de acuerdo con lo que planteas. Me asombra (y me alarma) que los políticos de la Unión Europea, se limiten solo a reuniones crispantes e interminables, incapaces de llegar a un acuerdo minimo. Una vergüenza.
    herrerillo, twitter

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