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Kenia quiere desmantelar el campo de refugiados de Dadaab

Campo de refugiados de Dadaab, el más grande del mundo

Campo de refugiados de Dadaab, el más grande del mundo

Por Cristina Casabón

Situado en la frontera de Somalia y Kenia, el campo de refugiados de Dadaab ha visto una generación nacer y crecer. En 1991, cuando estalló la guerra civil en Somalia, miles de personas viajaron a Kenia, donde la UNHCR estableció un campo en un espacio habilitado para 90.000 refugiados. Ahora es el mayor del mundo, y en él habitan casi 350.000 personas. Entre otros, da cobijo a miles de somalíes que huyen de la guerra, la violencia y la sequía que azota el territorio somalí.

Este mes de abril las autoridades de Kenia han avisado que el campo será desalojado en un plazo de tres meses. La medida, anunciada recientemente por el Vicepresidente keniata William Ruto, se ha producido tras el ataque del grupo terrorista somalí Shabab en la universidad de Garissa, en el noreste de Kenia, en el que murieron 147 estudiantes cristianos.

Ante la conmoción general, muchos líderes políticos han señalado a este campo como una de las vías de entrada de los combatientes de al-Shabab en Kenia. Ruto ha pedido su cierre a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la reubicación de los residentes en tres meses o “vamos a reubicarlos nosotros mismos” en Somalia. Además, el gobierno ha anunciado que tras el desalojo se iniciará la construcción de un muro de 680 kilómetros de largo que separará Kenia de Somalia.

El ataque a Garissa State College fue perpetrado por cuatro hombres armados del grupo  terrorista, y se prolongó durante 11 horas. Algunos medios de comunicación de Kenia sugieren que la unidad paramilitar tardó siete horas en desplegar a Garissa desde su base en Nairobi. En el momento en que llegaron, ya se habían producido la mayoría de las muertes.

Una vez más, se han puesto de relieve las deficiencias en la lucha contra el terrorismo de Kenia, las cuales están siendo explotadas por al-Shabaab. Al Shabaab ha matado a más de 400 personas en suelo keniata en los últimos dos años, incluyendo los 67 durante un asalto a un centro comercial de Nairobi en 2013, dañando también al sector turístico y la inversión en el país. En un mensaje de audio, un portavoz del grupo, Ali Mohamud Raghe, dijo que el ataque había sido llevado a cabo porque “el gobierno cristiano de Kenia ha invadido nuestro país”, en una clara referencia a la incursión de los militares de Kenia en Somalia para derrocar a al grupo terrorista en 2011.

Las nuevas medidas anunciadas por el gobierno se produjeron tras la conmoción por el ataque y la preocupación por la vulnerabilidad del país, sin embargo la amenaza de desalojo violaría las obligaciones de Kenia en virtud del derecho internacional de los refugiados. Pocos pueden volver a Somalia a causa de los asesinatos y del acoso a los trabajadores por parte de este grupo terrorista, que ha llevado a cabo una insurrección contra el gobierno somalí y domina gran parte del campo en las zonas meridionales y centrales del país.

No solo se cuestiona la legalidad del cierre del campo, los organismos humanitarios dicen que mover un enorme grupo de personas en tres meses no es factible: estamos hablando de un asentamiento descomunal, es la tercera “ciudad” más poblada del país, tras Nairobi y Mombasa. Está compuesto por tres asentamientos; Dagahaley, Ifo y Hagadera, y cada uno de ellos tiene una extensión equivalente a 900 campos de fútbol.

Si las 370.000 personas que viven actualmente en Dadaab son enviados a Somalia en las condiciones actuales en el otro lado de la frontera, estarán en grave peligro. Gran parte de la gestión interna del campo corre a cargo de ACNUR, que debería llevar a cabo el desalojo si accede a la petición. No obstante, la Agencia de la ONU para los Refugiados ha declarado que aún no se ha recibido una comunicación oficial y según un acuerdo vigente con Nairobi, ésta tarea solo puede llevarse a cabo bajo el consentimiento de los propios refugiados.

Por su parte, Human Rights Watch ya advierte que las devoluciones violarían las obligaciones de Kenia en virtud de la convención internacional de los refugiados que prohíbe a los Estados devolverlos a países donde podrían sufrir persecución o muerte.

La ayuda humanitaria en Dadaab se ha reducido en los últimos años, debido por un lado al aumento de la inseguridad y, por otro, a la disminución de la financiación que recibían muchas de las organizaciones que trabajan allí. A pesar de esto, los campamentos siguen constituyendo un refugio más seguro que Somalia. Es decir, ellos aceptan la desgracia, pero la desgracia no les acepta a ellos.

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