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50 años de la muerte de Sayyid Qutb, el padre de la yihad moderna

 

Por Victoria Silva Sánchez

El pasado 29 de agosto se cumplieron 50 años de la ejecución en la horca de Sayyid Qutb por el régimen de Gamal Abdel Nasser, acusado de conspiración para asesinar al rais egipcio. Miembro destacado de los Hermanos Musulmanes, Qutb se ha convertido en una de las figuras más relevantes en el pensamiento yihadista contemporáneo y en referente de otros posteriores ideólogos, siendo considerado el padre de la yihad moderna.

Vida y obra
Sayyid Qutb nació en Egipto en 1906. Siendo profesor, viajó con una beca a estudiar el sistema educativo estadounidense. Durante sus dos años de estancia allí, sus concepciones religiosas y sociales cambiaron, pasando a despreciar los valores que la sociedad occidental representaba para él. Tras su vuelta de Estados Unidos se unió a los Hermanos Musulmanes, convirtiéndose en uno de sus miembros más importantes. Entonces comenzó a apoyar la idea de que sólo mediante la vuelta al verdadero Islam, Egipto recuperaría su gloria pasada (Avilés, 2009: 4).

En 1954 fue arrestado y enviado a prisión, siendo liberado diez años más tarde para pocos meses después volver a ser internado en prisión y, finalmente, ejecutado en 1966. Durante su estancia en prisión, Qutb escribió sus obras más influyentes, junto con Justicia social en el Islam: A la sombra del Corán y Señales en el camino. Esta última obra agrupa la mayor parte de la base ideológica y teológica del yihadismo moderno (Ibíd.).

Principales aportaciones al pensamiento yihadista
Mary Habeck, en su obra Knowing the enemy. Jihadist ideology and the war on terror, resume en cuatro las principales aportaciones de Qutb al pensamiento yihadista. La primera de ellas es una nueva interpretación de la soberanía absoluta de Dios. Según su visión, sólo Dios tiene el derecho de dictar leyes, lo que implica un rechazo total de la democracia como una “falsa religión”. En su opinión, es el sistema legal del Estado el que lo convierte en Islámico o no. Sólo si un territorio es gobernado por la shari’a puede ser considerado Islámico, con independencia de que aquellos que lo habiten se llamen a sí mismos musulmanes o no (Habeck, 2006: 36). Para Qutb, mientras no existan lugares que se rijan por este modelo, el Islam no existe.

Desde su concepción, la servidumbre a Dios significa la verdadera libertad para la humanidad. Tal y como señala Habeck, “el objetivo del Islam es declarar la libertad de la humanidad tanto filosóficamente como en la vida real. En esta interpretación del tawhid (la unicidad de Dios), el Islam se convierte en una especie de teología de la liberación, diseñada para acabar con la opresión por parte de las instituciones humanas y las leyes hechas por el hombre y volver a situar a Dios en su lugar como gobernante incondicional del mundo” (Ibíd.: 62).

Una segunda aportación clave es una nueva significación del término jahiliyya (ignorancia). Jahiliyya es el término usado por el profeta Mahoma para describir a los árabes antes de la llegada del Islam. Qutb distingue entre dos tipos de sociedad: la Islámica y la jahili, pero redefine el significado del término para abarcar a todos aquellos musulmanes que no sigan la ley islámica, calificándolos de no creyentes y, por tanto, siendo susceptibles de ser combatidos y asesinados (Ibíd.: 36).  Según Qutb, “la actual jahiliyya ha adoptado la forma de reclamar el derecho a crear valores, normas de comportamiento colectivo y elegir cualquier modo de vida, sin tener en cuenta lo que Dios ha prescrito” (Ibíd.: 65). Por ello, también condena “religiones” modernas como el comunismo o la doctrina económica del liberalismo clásico. Asimismo, rechaza por completo el concepto de libertad personal, pues, como mencionábamos anteriormente, la verdadera libertad es la servidumbre a Dios. Ello implica el rechazo de los derechos humanos, en tanto que son garantes de la libertad individual; de la libertad religiosa, porque contradice el principio de una única religión verdadera, ya que “todas las demás no son solamente falsas, sino que son retorcidas perversiones de la verdad, cuyos seguidores deben ser contenidos, sometidos y humillados” (Ibíd.: 79). Se trata, según Habeck, no sólo de un rechazo de otros sistemas de creencias, sino de una apología de su total destrucción (Ibíd.: 80).

La tercera aportación de Qutb al pensamiento yihadista es una visión esencialista del mundo, que está presente a lo largo de toda su obra. Para él, lo que los textos sagrados dicen acerca de los judíos, cristianos y otros no creyentes es válido en cualquier época y lugar. La universalidad del Corán permite explicar hechos actuales a luz de lo que se expresa en él. Consecuentemente, las explicaciones del mundo son maniqueas, distinguiendo entre el bien y el mal. Se mantienen arquetipos como el Faraón y los enemigos eternos (judíos y cristianos). Especialmente en Qutb se aprecia un marcado antisemitismo que, en algunos casos, es directamente fruto de las ideas antisemitas europeas (Ibíd.: 51).

Visión de la yihad
En último lugar, Qutb desarrolla una visión específica de la yihad. Considera que los musulmanes deben llevar a cabo una lucha armada e intelectual continua para eliminar el culto a cualquier otro dios que no sea Alá. Ello permite que la yihad se pueda dirigir tanto a no creyentes como a los propios musulmanes. Se convierte, por lo tanto, en un abogado de la violencia contra los líderes apóstatas de los países islámicos.

Qutb da una vuelta de tuerca a lo que se entiende por yihad defensiva. Ya que el verdadero carácter del Islam consiste en proclamar la liberación de la servidumbre del hombre respecto al hombre y establecer la soberanía de Dios en todo el mundo, esta aplicación de la yihad para llevar la verdad a todos aquellos fuera de ella se consideraría defensiva (Ibíd.: 111). Respecto a la yihad ofensiva, Qutb no considera válida la diferenciación entre ambas, ya que la yihad es algo comprehensivo que al mismo tiempo que busca proteger a los musulmanes, también lucha por hacer avanzar el Islam en el mundo. La yihad debe ser luchada porque Dios así lo ha ordenado y, por tanto, todo aquel que no cumple con este deber es considerado un no creyente. Finalmente, mientras no exista un Califato ni ningún líder con autoridad suficiente sobre los musulmanes para declarar la yihad, ésta pasa a ser un deber individual.

Las ideas de Qutb establecen la piedra angular a partir de la cual posteriores teóricos yihadistas empiezan a construir las ideas que han marcado la práctica yihadista en las últimas décadas, como la necesidad de luchar contra los gobernantes apóstatas, tal y como sucedió en Egipto con Abd al Salam Faraj y el asesinato del presidente Anwar Sadat (Avilés, 2009: 8-10), y de la yihad como deber individual (fard ayn) frente al deber colectivo (fard qifayah), desarrollada por Abdullah Azzam (Ibíd.: 11-12).

*Este texto está escrito en base a las obras de Mary Habeck, Knowing the enemy. Jihadist ideology and the war on terror, y Juan Avilés, Los orígenes del terrorismo yihadí.

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