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AVANCES Y RETROCESOS EN LA “INTIFADA DIPLOMÁTICA” PALESTINA

Fotografía en la Mezquita Al Quds./ Imagen: Beatriz Yubero  (Palestina-Israel)

Fotografía en la Mezquita Al Quds./ Imagen: Beatriz Yubero (Palestina-Israel)

Por Antonio Basallote 

En 2012, la Autoridad Palestina (AP) en consenso con Hamas encabezó una nueva iniciativa diplomática a nivel internacional dado el fracaso absoluto de dos décadas de procesos de paz, obteniendo el reconocimiento de Palestina como Estado observador en la ONU. A comienzos de 2015, la atención de los medios de comunicación y de los analistas se vuelve a centrar más que en la situación sobre el terreno – caracterizada por la continuación de la expansión de las colonias israelíes y el bombardeo periódico de Gaza -, en el ámbito diplomático y en el fracaso de unas negociaciones que, bajo el dictado de la potencia ocupante y el apoyo de los EEUU, han supuesto siempre un medio de perpetuación y de normalización de la ocupación más que un honesto proceso de paz.

Sin embargo, esta vez hay bastante expectación en los movimientos de una Autoridad Palestina que parece ser, intenta por primera vez desde 2007 salir de la trampa de Tel Aviv, es decir, del callejón sin salida de unas negociaciones entre partes desiguales que desde la década de los ‘90 sólo han servido para que los sucesivos gobiernos israelíes consumen hechos sobre el terreno construyendo más colonias y se anexionen más y más territorio palestino.

El último ejemplo del fracaso de esa estratégica “pérdida de tiempo” (traducida en “ganancia de espacio” y territorios para Israel) se dio a fines de abril de este año cuando parte del ejecutivo israelí presidido por Benjamin Netanyahu se negó a liberar, como estaba establecido en las negociaciones, una cuarta tanda de presos palestinos y se opuso a la reconciliación palestina entre Fatah y Hamas. Ante la perspectiva de moderación del Movimiento de Resistencia Islámico en su acercamiento a Fatah y de un posible gobierno de unidad nacional, Israel reaccionó con su tradicional lenguaje, el de la fuerza, destruyendo una vez más Gaza y matando a más de 2160 habitantes de la franja.

Los esfuerzos del secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry , durante nueve meses han sido en vano, como también el ofrecimiento turco de mediación por negación expresa de Israel (No hay que olvidar que Turquía ya medió entre Siria e Israel en 2008 hasta que el ejecutivo hebreo saboteara el proceso con la operación “Plomo Fundido” a fines de ese año en Gaza también).

En este punto parece que el consenso es unánime a nivel internacional, la frustración ante la posición belicosa e intransigente del Primer Ministro israelí es insoportable y esta vez sí, tanto los EEUU como la Autoridad Palestina se han dado cuenta de que es inviable esperar que Israel cumpla generosamente con la legalidad internacional, y sin presión. Especialmente, los palestinos no pueden continuar viviendo bajo la humillación y en la miseria mientras Gaza sigue bloqueada, sitiada y destrozada, y en Cisjordania continúa impune la ocupación, la expansión territorial mediante la construcción de “asentamientos” (colonias) y la detención sin cargos de niños palestinos en numerosas ciudades, en especial, en Hebrón y en Jerusalén Este, . De esta frustración pueden deducirse los recientes movimientos de la Unión Europea (UE): La reciente resolución del Parlamento de la UE que apoya la creación de un Estado palestino libre, soberano e independiente y el “fin de la ocupación” es un gesto simbólico que ha sido precedido por el reconocimiento de Palestina como Estado soberano, sin condiciones, por Suecia y por una serie de votaciones favorables – aunque simbólicas también – en los parlamentos y asambleas nacionales de Gran Bretaña, Irlanda, Francia y España.

Más relevante resulta la decisión de la UE de retirar a Hamas de la lista “negra” de organizaciones terroristas creada en 2001, a instancias del Tribunal General de Justicia. Una decisión que podría amparar de forma oficial relaciones y negociaciones entre la UE y el Movimiento de Resistencia Islámica y que, sobre todo, supone una posición más constructiva que la del boicot, siendo acorde y realista respecto a una organización con la que se erró drásticamente al intentar aislarla y relegarla a la clandestinidad tras su clara victoria en las elecciones democráticas legislativas de Palestina en enero de 2006. Hamas es, al fin y al cabo, un actor principal en el escenario político y social palestino y nunca se podrá dejar de lado para resolver de una manera justa y sostenible a largo plazo la situación actual en Oriente Próximo.

En ese contexto y tras haber sido reconocido primero como Estado observador en 2012, la Autoridad Palestina presentaba el pasado mes de diciembre una nueva propuesta de resolución ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que fijaba una fecha tope (2017) para la creación de un Estado palestino en los territorios del 67, es decir en toda la franja de Gaza, Cisjordania y en Jerusalén Oriental, que sería la capital del Estado palestino. Esto quiere decir que la AP, liderada por Mahmud Abbas y Fatah, se conforma, como ya han reconocido otras veces, y tal como han aceptado explícitamente los principales líderes de Hamas en ocasiones anteriores (por ejemplo, Khaled Meshal lo reiteraba el pasado septiembre) con sólo el 22% de la Palestina histórica.

La resolución incidía en reafirmar las resoluciones previas del Consejo de Seguridad, con mención especial a las resoluciones 446, 452 y 465determinando, inter alia, que las políticas y prácticas de Israel de establecer asentamientos en los territorios ocupados desde 1967, incluida Jerusalén Este, no tienen validez legal y constituyen una seria obstrucción para lograr una paz comprensiva, justa y duradera en Oriente Medio”. Sin embargo, una vez más los EEUU han ejercido su derecho a veto, postergando una factible y realista vía de resolución política de la situación. Utilizando la célebre cita del ex embajador israelí en los EEUU, Aba Ebban, podría decirse que “los estadounidenses nunca pierden la oportunidad de perder una oportunidad”.

Y es que, más allá de las discrepancias entre algunas facciones palestinas en torno a la resolución, – que pueden ser interpretadas como fruto de las tradicionales disputas por el protagonismo y la legitimidad en el seno del liderazgo nacional-, la resolución resultaba una iniciativa auténticamente constructiva y multilateral que intentaba sacar a Palestina del atolladero de un proceso convertido por Israel en una expansión territorial sin límites. Así, tras el fracaso de dicha resolución, la Autoridad Palestina ha vuelto a dar un paso en el mismo ámbito internacional intentándose adherirse a la Corte Penal Internacional (CPI) con el objetivo de ganar terreno y más reconocimiento, si cabe, a nivel mundial y, por supuesto, para poder presentar cargos por crímenes de guerra contra el Estado israelí. Los palestinos no se resignan al stand by diplomático, traducido en la práctica en una violenta ocupación cotidiana y en un expansionismo inquebrantable desde 1948.

En cualquier caso, el tiempo sólo juega a favor del fundamentalismo expansionista israelí –la constante construcción de “asentamientos” es su punta de lanza- y en contra de una resolución viable basada en el derecho internacional, que proyecte un Estado Palestino independiente y soberano, con continuidad en los territorios previos a 1967. El objetivo es claro: dar un paso adelante en el plano diplomático y romper el impasse en el plano de las relaciones internacionales. El obstáculo a esa vía tan sólo beneficia al ansia maximalista de los sectores sionistas más radicales, encabezados por el movimiento colono en Cisjordania y en Jerusalén, y relega a los palestinos a la subyugación total…o hacia una tercera Intifada.

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